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  "El sexo es el mejor antídoto contra la melancolía"

  "El sexo es el mejor antídoto contra la melancolía"

  "Escribir es para mí lo más cercano que se puede estar de lo que los cristianos llaman 'cuerpo glorioso'. Cuando escribo se suspende el peso de la vida, el peso moral y político, el peso físico y emocional". ...

Domingo 3 de agosto de 2008

Los próximos dos años, Pablo Simonetti vivirá cerca del mar, en la Quebrada del Tigre de Zapallar. Cada día se levantará alrededor de las ocho de la mañana y saldrá junto a Max, su perro beagle, a caminar durante una hora y media. Y al regreso, ya inmerso en su monacal rutina, revisará lo escrito el día anterior y seguirá adelante con su nueva novela, de la que ya lleva 100 páginas. El escaso tiempo que le queda, lo dedica a leer. No ve a nadie, trata de no contestar el teléfono y no va a reuniones sociales.

La protagonista del libro es una mujer recién separada que se retira a una casa cerca del mar para sanarse de su ruptura matrimonial. Allí recibe visitas y en medio de las conversaciones se va disparando su memoria: cómo llegó a separarse y por qué. Hasta el final creyó amar a su marido, pero habían dejado de tener relaciones sexuales hacía mucho tiempo.

"El tema de la novela", cuenta el escritor, "es el fin de la sexualidad de la pareja, aún cuando los sentimientos persistan. Es algo que le ocurre a mucha gente. La protagonista es una mujer sexuada; para ella el sexo es importante, la saca de conjeturas ominosas y la vuelve a una realidad mucho más concreta".

Pablo es el menor de los cinco hermanos Simonetti Borgheresi y fue el mejor alumno de ingeniería de su promoción, pero cambió los números por las letras hace más de 10 años. "De niño tenía doble militancia: una buena habilidad con el lenguaje y también con las matemáticas", cuenta. Un mundo que no le resultaba ni ajeno ni frío. "Era como otra manera de contar una historia, sólo que con otro lenguaje".

Estudió ingeniería impulsado por su familia y la sensibilidad humanista se mantuvo latente, sin un camino para expresarse. Hasta que empezaron a surgir en él ciertas convicciones impostergables: su sexualidad y su vocación literaria. "Primero me salí del closet, que fue como haber sacado el tapón, un paso muy importante que me permitió decir: este soy yo. Lo de escribir lo venía pensando desde la universidad y, al sentirme libre, ese camino también se abrió".

¿Tiempos muy duros?

Hay que tener la valentía de convertirse en sí mismo, madurar. En mi caso el cambio era más extremo que lo que en general le toca vivir a otras personas, pero, de una u otra manera, todos tenemos que dar ese paso en la vida. Yo me seguía rezagando porque el paso era largo y tenía miedo de enfrentarme a las fuerzas discriminatorias y perder espacios de seguridad. Pero mi padre me entregó un don. Ese hombre, que tantas cosas hizo en la vida, me dio el ejemplo para ponerle cara al destino.

¿Cómo fue el proceso de tomar conciencia de su homosexualidad?

Primero fue una sorpresa. Me desconcertaba sentir atracción por otros niños. En la adolescencia viví una etapa de negación. Y luego vino la aceptación a medias: me gustan los hombres, pero también las mujeres y voy a casarme con una; pensaba que estar con una mujer iba a aplacar esa fuerza que amenazaba con romper la estructura de vida que conocía hasta ese momento, volviendo inútiles todas las herramientas que mi familia me había entregado. Hasta que llegó el día en que sencillamente me acosté con un hombre y fue tan irrevocable la sensación de que eso era lo natural, lo que me brindaba placer y me hacía feliz, que ya no hubo más dudas.

¿A qué edad sucedió?

Como a los 25 años. Antes había tenido juegos de adolescentes.

¿Qué representa el sexo para usted?

Vivir en el presente, ningún problema termina por ser tan grave, ni tan importante, ninguna pérdida resulta irreparable. Es el mejor antídoto contra la melancolía, para quienes se quedan apresados en el pasado, también contra el miedo al futuro y contra la ansiedad. Te brinda aplomo.

MADRE QUE ESTÁS EN LOS CIELOS

Da la impresión que los personajes de sus libros son vulnerables, salvo la protagonista de "Madre que estás en los cielos", que decide no luchar contra su enfermedad.

No es así, el título de la novela es irónico. Se refiere al profundo anhelo de ella por irse al cielo. Es una mujer de creencias católicas muy arraigadas, pero equivocada en la relación con los hijos. A medida que su enfermedad avanza se da cuenta de que sus principios, en alguna época tan indiscutibles, se vuelven difusos y hasta incomprensibles. Incluso al final, cuando se encuentra con sus hijos, les dice: ustedes me han enseñado a enfrentar mi propia verdad.

Aceptar la muerte sin luchar, ¿es un acto religioso o de valor?

En este caso es biográfico, porque ella vio morir lentamente a su madre y quiere enfrentarse a la muerte sin miedo, sin culpa y, sobre todo, sin perder la dignidad.

¿Usted podría enfrentar la muerte sin miedo?

Creo que no. Adriano, al final de sus memorias, dice algo así como: "Alma mía, entremos a la muerte con los ojos abiertos". Son utopías a las que nos podemos acercar si las cultivamos, pero creo que el miedo a la muerte es imposible desterrar del todo.

¿A qué le teme?

Más que nada a la pérdida de la dignidad en las cercanías de la muerte. A medida que hemos abierto posibilidades de prolongar la vida, hemos dado paso a enfermedades degenerativas y degradantes.

¿Está de acuerdo con la eutanasia o el buen morir, como se llama?

Sí, por supuesto.

¿Para aplicársela a usted mismo?

Claro. He tenido muertes cercanas de largas agonías y el sufrimiento también recae sobre los demás.

LOS CHILENOS Y LA LECTURA

¿Cuál es la mejor forma de cultivar en los niños el amor por la lectura?

Es importante unir la lectura con un espacio de amor, cercanía y cariño. Yo leo desde niño por mi madre: ella me leía cuentos lecturas. Esto te produce una sensación de calidez al leer, de pertenencia. Cuando estoy leyendo, aún solo, me siento acompañado.

¿Qué representa escribir para usted?

Es lo más cercano que se puede estar de lo que los cristianos llaman "cuerpo glorioso". Mi madre decía que cuando estuviéramos en el cielo íbamos a estar en cuerpo glorioso: sin dolor, sin vejez, en plenitud. Cuando escribo se suspende el peso de la vida, el peso moral y político, el peso físico y emocional. Llego a un grado de concentración tal que lo único que importa es la novela. Me transporto a un espacio donde me siento leve. //LND

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