
Domingo 3 de agosto de 2008
No hay duda de que el peso de los partidos políticos ha ido disminuyendo en simultáneo con el auge de la imagen y el creciente apogeo de los liderazgos de popularidad. Gracias al poder omnímodo y milagroso de los medios de comunicación, cualquier pelafustán, con un mínimo de gloria mediática, puede hacerse del poder.
Hoy pareciera pesar más ser una estrella de televisión que un político hecho y derecho y a casi nadie le sorprende. ¿No le da vergüenza a la UDI, presentar a Pato Laguna como candidato a concejal o cree de verdad que el electorado es idiota? Ahora empieza lo bueno.
Ya se trazaron las proyecciones, se calcularon las deserciones, se previnieron las traiciones y se discutieron los nombres de los elegidos para disputar los feudos públicos en las próximas elecciones.
Ahora empieza la función. La realidad se combina con los engaños, las mentiras se dicen sin arrugar la cara, y se lanza el ofertón: "Yo le prometo, yo le doy mi palabra yo le aseguro". Señora, señor, recuerde bien la cara de su candidato, probablemente no lo vuelva a ver más, y cuando le instalen la antena de celular frente a su ventana, o le pongan una autopista frente a la puerta, nadie se hará cargo. Recuerde es ahora cuando los candidatos se preparan para mediatizar sus acciones políticas, ocupar los espacios, ser noticia permanente, atravesar las geografías y volcarse a la ciudadanía para que se armen una opinión y decidan su conducta electoral. Sáquele una foto, grabe lo que diga, súbalo a YouTube, registre y retenga todo lo que le prometa.
El escenario mediático ya está listo para el espectáculo de obscenidad competitiva, promesas, mandas, ofertas y palabras. En los próximos días usted sabrá mucho de gente sobre la cual, en poco tiempo, no sabrá más y si creyó que podría importarle a alguien, en poco tiempo se dará cuenta de que no le interesa a nadie. ¡Suerte con su voto!