
Domingo 3 de agosto de 2008
A mí me enseñaron que cuando una invita a alguien a su casa es para hacerlo sentir "como en casa". Lo contrario tiene un sólo nombre: flaiterío. Está claro que alguien mató este añejo principio de la clase media. Lo in en los tiempos actuales es actuar como choro y estar convencido que la prepotencia es una virtud ejercitable, ya sea con la nana que llega tarde, con la mascota porfiada y también con las autoridades.
Lo peor es que esta prepotencia aprendida llegó al partido aspiracional. Francamente no sé qué les pasó a los líderes de RN. Sebastián Piñera y Alberto Espina esta vez confundieron a Chile con Colombia, a CasaPiedra con la casa de la población, a los robos nacionales con los secuestros colombianos y a la democracia actual con un Estado que vigila y castiga. Dio vergüenza escucharlos esta semana. El griterío de ambos paralizó las crecientes ganas de votar por ellos. Digo griterío, porque eso fue lo que armaron el lunes en Monseñor Escrivá de Balaguer.
Y menos mal que no andaban armados, pero como Tatán Piñera gasta como si viviera en guerra, en vez de argumentar disparó contra el ministro Edmundo Pérez Yoma, quien era el invitado. El pobre vivió en carne propia un mal rato, gratis, en la casa donde todos los gobiernos de la Concertación han tenido que ir a dar examen de buena conducta. Y como si fuera una edición de "En la mira", de Chilevisión, un sobresaltado Alberto Espina apuntó al otro invitado del Gobierno, Felipe Harboe. "A ti no te dan ni pelota", le espetó enrabiado el senador RN. Los más poblacionales de la derecha hicieron sentir que vivíamos en una pequeña Bogotá. Y lo peor es que el dueño de casa no los hizo callar. A Agustín Edwards se le ocurrió invitarlos al almuerzo en CasaPiedra para dar la cuenta pública de su Fundación Paz Ciudadana. Como todos los años llegaron Espina, Piñera y las autoridades que rehabilitan a los chilenos que caen en desgracia.
Haciéndose los lesos
La idea del Dunny Edwards era generar una instancia de amabilidad para dialogar acerca de la falta de fiscalización de la delincuencia. Sabemos que él es un hombre poderoso, que inventó esta fundación después de que su hijo Cristián fuera secuestrado en aquellos dolorosos años de excepción. Una época donde los milicos trotaban en todas las puertas giratorias y los delincuentes eran los subversivos izquierdistas. Pero este encuentro es el más raro de todos los que se viven en CasaPiedra, porque no da permiso para hablar de esos tiempos. Se analiza la delincuencia actual y especialmente la que transmite el canal de Piñera. Se habla de conductas problemáticas, de consumo de drogas, del lanzazo, del robo con violencia y los hurtos. Sin embargo, sobre la antigua política represiva y asesina hay silencio absoluto. Incluso se ha llegado a un punto en que pareciera poco elegante tener la idea de hablar de "aquello", que por lo demás fue lo que motivó la génesis de esta organización sin fines de lucro.
Por eso este mitin resultó tan extraño; eso, y porque es patéticamente transversal ver sentados en la misma mesa a ministros y empresarios absolutamente opositores al Gobierno, con una gran capacidad de hacerse los lesos.
Cualquiera que no entienda cómo funciona la elite chilensis se confunde, y si fuera un apasionado le darían ganas de cometer un crimen. "Chita la gente pa' rara", diría un huaso, viendo cómo enemigos públicos se abrazan cual católicos dándose la paz dominguera. Y tendría toda la razón.
A mí lo que me pasa cuando converso con este señor Agustín Edwards es que no lo comprendo. Me encantaría alguna vez que me explicara con peras y manzanas cuál es su onda. Porque ahora que el país es capaz de combatir la delincuencia, da señales de que las personas no pueden salir de sus casas. Es como si fuera una costumbre en él generar miedo. Por eso no le entiendo ni me genera admiración. Es más, qué le costaría pedir perdón por el país hipócrita que ayudó a construir. ¿Y qué dirá de Chile si Piñera resulta ser el próximo Presidente? ¿Qué miedo tendrá en mente hacernos creer en el futuro?
Esta vez le tocó estar al medio de la batahola entre Piñera, Pérez Yoma, Espina y Harboe. Pero Dunny se quedó callado y estaba en la misma mesa. En cualquier minuto podía volar una copa de vidrio con restos de mousse de chocolate en su cabeza y él no hubiese hecho nada.
Sin ser injustos, hay que decir que tiene un mérito: esa capacidad de convocar en 2008 a quienes cazan a los delincuentes y a los que piensan tanto en ellos que sin serlo, terminan practicando las mismas mañas. Bravo por todos los Edwards. Nosotros decidimos también hacernos los simpáticos. Cuidándonos de no caer en la delincuencia, le pedimos al dueño de casa que hiciera el gesto de la paz mundial. Él aceptó, junto al ministro Edmundo Pérez Yoma, y desplegó todo su sentido del humor, mostrándose a sus 80 años más pop que nunca. Paz queremos. Paz tendréis. Y puso sus deditos al más puro estilo John Lennon. Lo siguieron Eugenio Tironi, Benito Baranda que apeló por un país más confiable Alberto Cardemil, Carolina Urrejola, Ximena Torres, Matías del Río, Jorge Navarrete y Sergio Bitar, todos en una onda hippie, se veían bellísimos. Bitar, socio fundador de Paz Ciudadana, dijo trabajar por la no represión, por los más modestos. El fiscal Alejandro Peña, el único presente que dice conocer las poblaciones como la palma de su mano, hizo el símbolo a regañadientes. Carlos Larraín lo hizo con decisión, pero antes contó con ese tono tan peculiar que tiene, que su esposa sacó en dos oportunidades a un delincuente de su pieza y que además él personalmente contribuyó a la paz social, porque contrató a uno de ellos como jardinero en su casa. Simpático Larraín. Simpáticos todos. La simpatía de Edwards fue contagiosa, pero no tanto como para propagarla a la dupla Espina-Piñera, que no entendieron que estaban en un encuentro pacífico. Ellos no hicieron el símbolo de la paz, obvio. Están en guerra permanente y si lo hicieran se convertirían en sal. //LND