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  La buena vida: "Tres tristes tigres"

  La buena vida: "Tres tristes tigres"

Jueves 14 de agosto de 2008

Andrés Wood se lo ha tomado con calma después de que el gen Machuca se insertó en cada espectador con mínima comprensión de lectura. Lo primero que pasa por la cabeza del ciudadano que asiste al "The end" de la emotiva historia de la polarización de la amistad de dos niños en los albores de la dictadura es "¿qué viene después?".

La respuesta en "La buena vida", es una película coral que relata tres historias y resulta un tanto engañosa (en el buen sentido) por exhalar ese aire que respira la clase media chilena y proponerlo como bocanada fresca de un formato visto muchas veces con dispares resultados. Acá se convierte en un decente heredero de las películas que le habría gustado ver a Oreste Plath si no se la hubiese llevado recopilando chilenos toda su vida y que Raúl Ruiz hizo intuir a la gallada en blanco y negro. Mismo público que vuelve a verse reflejado después de mucho tiempo en el cine sin trancas sexuales necesariamente ni siglas partidistas junto al apellido.

El promedio de la gente apiñada en el Metro o haciendo esa fila gruñona en los paraderos se resume en tres historias formales y sensibles para Wood. Unas más que otras, eso lo decidirá el espectador, pero que tienen como blindaje estar basadas en anécdotas reales acontecidas en una misma ciudad donde siempre está anocheciendo o amaneciendo.

"Teresa" se llama, el personaje de Aline Kuppenheim. Una abnegada sicóloga obsesiva por concientizar prostitutas sobre la seriedad del sida. Tan afanada por la vida en las calles que recién comienza a asomarse a la realidad dentro de su propia casa y los problemas de una hija adolescente y un padre ausente interpretado por Alfredo Castro. En las mismas calles, un músico obsesionado con brillar en la filarmónica se enfrenta a una dura realidad recién llegado de Berlín. Vivirá una de esas noches kafkianas que no se cuentan dos veces. La noche es larga para todos estos personajes, cuyo único nexo es una joven moribunda y anónima que en algún momento de esta década escribió el más macabro obituario para quién lo recuerde. La historia principal es la de Edmundo (Roberto Farías), un peluquero en plena cruzada por conseguir el dinero para un auto. Un fracasado que vive con su madre viuda y que deberá decidir entre el auto y otros valores fundamentales para la familia católica de hoy.

Chile es más que la crónica roja del noticiero o el carrete infernal de trasnoche. En "La buena vida" es esa ansiedad por subir el enorme peldaño del día que sigue al siguiente y de las respuestas a las principales preguntas sobre el estado de las cosas que ya están echadas. Y todo mientras pasa la micro o se enfría el café del topless.

"La buena vida". Chile/España/Francia 2008. Duración: 108 minutos. Elenco: Aline Kuppenhein, Manuela Martelli, Eduardo Paxeco, Roberto Farías, Alfredo Castro, Bélgica Castro. Guión: Mamoun Hassan sobre un argumento original de Rodrigo Bazaes. Fotografía: Miguel Joan Littin. Dirección: Andrés Wood. Calificación: 14 años.

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