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  El regreso de los vestidos con nariz

  El regreso de los vestidos con nariz

  Por estos días Eduardo Soto presenta después de 30 años un show que interrumpió el golpe de Estado y que resucitó en una disco gay, mientras los taquilleros Hermanos Quintana, buscan repetir el éxito de "Cabaret tropical" con "Tutti fruti" y recuperar un tiempo en que hasta los curas se deleitaban con los contoneos de los machos travestidos.

Domingo 17 de agosto de 2008

La historia es más o menos así. Corrían los sesenta y la mítica empresaria de mujeres de poco pudor, la Tía Carlina, estaba preocupada por la alta asistencia de homosexuales al "puticlub" de Vivaceta. "Si no puedes con ellos, úneteles", fue su lema y la oportunidad de negocio apareció ante sus ojos: formar un elenco con hombres travestidos, el Blue Ballet.

"Geishas de ayer y hoy" fue el nombre de la coreografía que el gran Paco Mairena creó para el primer espectáculo transformista del país, en una época en que la rigurosidad del concepto poco importaba.

El éxito fue rotundo. Tanto que los periodistas -asiduos del boliche junto a políticos, deportistas y algunos clérigos- bautizaron así a la brillante escuadra de fútbol de la Universidad de Chile comandada por Leonel Sánchez. Demasiado. Al poco tiempo el empresario nocturno Tino Ortiz se llevó al cuerpo de baile a Arica y de vuelta en Santiago, el prestigioso Bim Bam Bum, encantado, les abrió sus puertas.

Pero el fulminante destape terminó al poco tiempo, cuando el Blue Ballet partió a París, donde "hacían espectáculos con travestis desde que las cocottes de Avignon invadieron la ciudad en 1900", como explica un testigo gráfico de aquellos años, Martín Huerta, en su próximo libro "La bohemia". El fotógrafo recuerda -entre sabrosas anécdotas, como la persecución policial que terminó con un transformista caído desde el techo sobre el ataúd de un vecino- que en aquellos años "era muy mal mirado ser mariconcito o vestirse de mujer".

Como sea, en Europa las chicas (os) se casaron con condes y algunas de ellas siguen pintándose en el pub del barrio Brasil, Le Trianon, pero en Chile nunca más un espectáculo de revista con transformistas salió a la luz pública, más allá de las discos gay y el ramplón Circo Timoteo, aunque algo de ese atrevimiento siguió en pie y en los setenta un emplumado Tomás Vidiella levantó su Teatro Hollywood con el café-concert argentino "Cabaret Bijoux".

Sin embargo, hace unos meses la famosa Francis Françoise se subía al Teatro Facetas como protagonista de "No me sigas que no soy novela". Y por estos días, dos café-concert se toman la cartelera: "Travesti por mi abuela", el 23 y 28 de agosto en el Teatro La Memoria, y "Tutti frutti", desde el 27 de agosto en el Teatro Bellavista. El primero, avalado por el rescate del director Rodrigo Pérez de un show del actor Eduardo Soto perdido en los setenta y el segundo, por el año a tablero vuelto que Los Hermanos Quintana tuvieron en el Teatro Bellavista con "Cabaret tropical".

HERENCIA REVISTERIL

A un costado de un precario e ingenuamente iluminado escenario, Rigoberto (Eduardo Soto), abre una maleta llena de vestidos de su abuela, una famosísima vedette de los teatros Politeamo y Coliseo. En la soledad de una pensión, esas pilchas podrían ser la última salida para que la arrendadora no lo ponga de patitas en la calle. "Hasta el revólver empeñé por 200 pesos", se lamenta.

Pero los vestidos no se van donde la Tía Rica. El pobre tipo se los prueba y comienza el recuerdo de una época mejor "Ahora cualquiera se cree vedette" y "nada era de nylon, todo era natural", reclama el viejo, de las grandes galas, del gran circuito teatral del centro cívico y de las operetas de zarzuela como "Eva" y "La verbena de la Paloma".

Y a medida que las sintoniza en una vieja radio, se convierte, a sus setenta y tantos, en una diva capaz de envolverse en bellos vestidos, cantar añejos y divertidos cuplés de Sara Montiel y Raquel Meller, taconear flamenco, regalar nardos y boicotear su propio show.

"Travesti por mi abuela" habla de comienzos de las grandes piezas de la primera mitad del siglo XX, pero esa es sólo la excusa que utiliza Soto para un café-concert transformista que en agosto de 1973 alcanzó a presentar -por razones obvias- un par de veces con el nombre "El año de la cocoa"; y que a fines de esa década resucitó en la mítica disco gay de Bellavista 222 con gran devoción.

"Jorge Pedreros quiso llevarme al Bim Bam Bum, pero justo vino la Coccinelle (el transexual francés más famoso y pionero de la época) y después quedó ahí la cosa. No era de esos espectáculos de 'conchazos', tipo 'oye niña que estái arrugá' e incluso un cura me invitó a las poblaciones para que aprendieran a no humillar a los niños afeminados con nombres de mujeres".

De hecho, en la obra, el actor de la compañía La Provincia baila con gracia, coquetería y un humor blanco que no desentona con un par de chuchadas. "Soy vedette de revista/ empecé como corista/ y como soy chica lista/ aquí me ven como vedette de revista", canta con desenfado. "Nunca nadie se fue del show, pero en Chile no hay una tradición de este tipo de espectáculos como en Argentina", es su explicación al lapsus de 30 años que tuvo su unipersonal.

FENÓMENO QUINTANA

Precisamente de Argentina vienen Los Hermanos Quintana. Se llaman Fernando y David y desde hace un año, por éxito de público, no pueden terminar "Cabaret tropical", un transformista show revisteril con guiños a los tiempos del Bim Bam Bum. Sin embargo, su nueva realidad dista mucho de cuando llegaron a Chile hace cinco años.

"Lo primero que nos enteramos fue que esta clase de espectáculos era para lugares gay. Tuvimos que insertarnos ahí, pero fue nuestro gran puente, porque trajeron a sus familiares al teatro", recuerdan sobre los tiempos de su primera pieza "Clásicos y algo más". "Los Quintana nacieron en Chile", aseguran.

En efecto, los hermanos eran parte de un espectáculo que operaba en un lugar llamado El Ángel, en Buenos Aires. Pero las plumas se hicieron alas y se inspiraron en los sarcásticos, humorísticos, glamorosos y alegóricos shows del Grupo Caviar, colectivo liderado por Jean-François Casanovas, pionero en fusionar transformismo y teatro. "Nuestro show es más popular, no de elite", dice con modestia de director David Quintana.

Para hacerse una idea, los hermanos están acompañados del transformista chileno Carlos Chacón, tres bailarinas y todos, juntos o separados, bailan y recrean hilarantes situaciones sincronizadas con samples grabados de la televisión y el cine. Más fácil, hacen fonomímica.

Eso no cambiará en el próximo montaje "Tutti fruti". Se trata de un popurrí de números humorísticos -con más de 70 cambios de vestuario- diferentes de "Cabaret", es decir, "sin hilo conductor, con muchos estilos de música y gags. Más caféconcert", cuentan. Canciones del inconsciente colectivo como las de Abba; películas antiguas dobladas al español como "¿Qué pasó con baby Jane?", "Grease"; teleseries mexicanas como la protagonizada por Thalía, "Rosalinda"; y comerciales de TV como el de Líder y la chamullada Josefina Correa. "Quién no la conoce, dime si no es un chiste y qué más chileno que eso", se pregunta David.

Pero ojo que los Quintana no parodian películas. "Sólo usamos los diálogos para montar algo distinto y mejor", dicen ellos, buscando ese humor chileno que le imprimen a sus espectáculos, aunque sin dejar de soñar con partir a España como lo creían en un principio. Por ahora la rompen en Chile y se declaran felices porque así "los espectáculos revisteriles ya están empezando a surgir de nuevo". LCD

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