En principio, el periodista Óscar Contardo no quería dar esta entrevista. Al menos cuando le contamos que queríamos hacer un ranking de los siúticos que pululan en la escena política, televisiva y social. Pero queríamos toda la maldad posible para ponerle el dedo en la llaga a esta especie. Y él lo pensó porque, en su libro "Siútico", que acaba de publicar bajo el alero del sello editorial Vergara, estableció que no pretende ser cruel. Suficiente es para los chilenos pasarlo mal en esta lucha histórica de querer acceder a grupos de los cuales la cuna no les permitió estar en forma natural. Contardo corta el teléfono para pensar si quiere aparecer en LND bajo estas condiciones. Hablamos con la editorial para hacer el lobby correspondiente. El autor se aguacha aclarando que podíamos hacer lo que se nos antojara, pero él no aparecería en ese contexto. "No me interesa la idea de decir quién es siútico, porque es jugar un juego que no me parece. ¿Leíste el libro?", pregunta. Las ganas de ser carniceros por un rato se liquidan. Para él hay palabras que en Chilito son un cuchillo y esas expresiones siguen y tienen que ver con una incomodidad social que genera un malestar y una vergüenza de la que no se habla.
Pero finalmente acepta conversar y nos juntamos con él en el Drugstore de Providencia, el lugar más siútico entre los siúticos. Ojo, él lo escogió.
Primero nos contó que la idea original del libro no es suya, sino de la editora Andrea Palet. Ella le presentó el tema de la siutiquería en general. Él aceptó, pero con la libertad de armar un cierto enfoque. Ahí empezó todo. Dos años le tomó recopilar un cuanto hay de lo escrito de la sociedad chilena. Leyó a Joaquín Edwards Bello, Tito Mundt, Fernando Debesa, Constanza Vergara y Alain de Botton, pasando por estudios del INE, la Conadi y hasta artículos del Cema Chile para identificar quién armó el moisés de esta guagua a la que le pusieron el nombre de siútico. Y lo encontró.
El siútico, explica, nace de la jerarquía social para señalar burlonamente al que pretende arribar hacia las clases más acomodadas. Aparece por primera vez en la literatura en "Martín Rivas", de Blest Gana, con el personaje de Amador Molina, tipo circunscrito en un medio social que es el mediopelo, y a quien Blest Gana describe como un cursi, sin trabajo conocido, al que le gusta pasarlo bien y guitarrear en La Chimba, barrio que en esa época se ubicaba al otro lado del Mapocho, lo que hoy es Bellavista.
"El siútico cambia con el tiempo, es como ondulante y sin etimología clara. Lo que está definido es que, a diferencia del roto, que tiene una acepción más folclórica y hasta simpática, decirle siútico a alguien va a ser siempre una ofensa, una etiqueta que nadie quiere tener. Siempre el otro es el siútico, no tú", explica el también autor de "La era ochentera".
-El primero es Amador Molina, pero, ¿quiénes vinieron después?
-El siútico va a tener un giro que tiene que ver con los cambios sociales. Primero va a ser Amador Molina, después los balmasiúticos, que eran algunos ministros de Balmaceda que pertenecían a la oligarquía y que eran atacados en cuanto extraños, no en cuanto a sus ideas políticas. Se mofaban de Bañados Espinoza porque era de origen desconocido, lo mismo Mario Cotapos. Actualmente es una palabra que la gente más joven no usa y eso tiene que ver con un cambio de modelo económico importante. Aparecen símbolos de estatus más variados que no tienen que ver con los símbolos tradicionales, que era la hacienda y el linaje o el antepasado castellano vasco, que era donde se establecía un límite; también tiene que ver con la idea de jerarquía y obediencia.
-¿Cuál es ese malestar del que hablas cuando dices que el tema del libro tiene que ver con una incomodidad social?
-Tiene que ver con las distancias sociales. Los temas como la distribución del ingreso surgen hoy como una novedad, pero se arrastran desde hace mucho tiempo. Hoy aparecen en los discursos desde la derecha a la izquierda, hasta el eslogan de la campaña de Joaquín Lavín "Alas para todos", eran alas para arribar. Hace 50 años arribar no era lo que se prometía públicamente. Haber estudiado en un liceo con número sigue siendo una burla, sigue siendo una hilacha. Los que estudiaron hace 20 años y ven que sus hijos están viviendo lo mismo que ellos, de esa incomodidad se trata el tema.
-Hace algunos años la gente del barrio alto andaba con celulares de palo y se paseaban con carros en los supermercados llenos que nunca comparaban. ¿Esos tipos son también siúticos?
-Esas son personas que no lo pasan bien, que están en esa permanente tensión de lograr el respeto por el grupo que admiran y al cual quieren pertenecer. En ellos se produce una distorsión de relaciones, de cómo te sientes tú en relación a los demás.
-¿Y con esta necesidad de lograr respeto y de arribar puede matar hasta a su madre si es necesario?
-¡Pero claro!
-¿Cuál es el objetivo de retratarlos?
-El libro lo escribí pensando en que cualquiera se puede reconocer en cualquier momento, no era para reírse de otros o para que alguno pudiera sentirse en algún momento incómodo. El fondo del problema es que detrás de todo esto está el abuso hacia el más débil. //LND