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  El milagro de Beijing

  Cabe desear a los beijineses que no vuelvan a la triste realidad anterior. En cuanto a los santiaguinos, las venideras elecciones municipales ofrecen una gran oportunidad para favorecer a quienes defienden la calidad de vida.

Viernes 22 de agosto de 2008

Pocos esperaban una aparición en la capital china. Pero ella tuvo lugar y los que asistieron a los Juegos Olímpicos fueron testigos. Un límpido azul fue visible recordando a los beijineses cómo luce el cielo. En los meses previos a los Juegos se especuló sobre la calidad del aire en una ciudad que es conocida por sus altísimos niveles de contaminación. Las razones están a la vista: decenas de edificios son construidos en diversos barrios; muchas de las carreteras urbanas, algunas de seis pistas en cada sentido, ya circulan en altura para permitir el paso de tres millones de vehículos; existe, además, un gran número de empresas contaminantes; y por si esto fuera poco soplan vientos que arrastran una fina arenisca desde los desiertos interiores.

En una visita realizada meses antes de los Juegos pude constatar la irritación de la vista y la garganta ocasionada por una atmósfera gris, que limita el alcance de la visión a corta distancia. Pero los síntomas desaparecen por completo apenas uno se aleja algunos kilómetros de la urbe. Este lúgubre panorama ambiental dio pie a vaticinios pesimistas sobre el desempeño de los atletas. Era una gran interrogante cuál habría de ser el nivel de rendimiento de los deportistas. El gran número de récord mundiales batidos, en una diversidad de competencias, dio la respuesta.

"Tuvimos un cumplimiento de 100% durante lo que va corrido de agosto", declaró Du Shaozhong, de la Oficina Municipal de Protección Ambiental. Agregó que si la ciudad no hubiera prohibido la circulación de la mitad de los vehículos, cerrando varias industrias y suspendido numerosas construcciones, "la calidad del aire actual hubiese sido imposible de lograr". Observadores independientes han ratificado la notoria mejoría de las medidas de descontaminación. Claro que, como lo saben los telespectadores que han visto en sus pantallas las fuertes lluvias, también el clima contribuyó a despejar la atmósfera. Giselle Davis, vocera del Comité Olímpico Internacional (COI), declaró que el organismo siempre tuvo confianza en que Beijing cumpliría con las metas prometidas.

Sería muy triste que los moradores de la capital china recuerden los Juegos Olímpicos por el mes en que respiraron aire limpio. Lo que ha quedado claro, una vez más, es algo que todos sabemos y eso es que el tóxico aire de Beijing o Santiago es producto de las malas prácticas y de unas políticas inadecuadas. Los padecimientos físicos y sicológicos causados a la población por el esmog pueden ser resueltos por los ciudadanos y las autoridades. Es inconcebible que en la cuenca de Santiago particulares de sectores pudientes aún insistan en el uso de leña. Es comprensible que quienes no tienen recursos opten por el medio más económico para calefaccionar sus hogares, pero incluso en esos casos, como ocurre en Temuco y otras ciudades de Chile, el calor que consiguen a menor precio es superado por los efectos nocivos de una contaminación generalizada.

La calidad del aire debe figurar como un derecho ciudadano y es la responsabilidad de la sociedad toda, con las autoridades como principales responsables, garantizar que las personas más vulnerables, los niños y los ancianos, puedan respirar sin impedimentos ni amenazas a su salud. Lo ocurrido en Beijing a lo largo de los Juegos Olímpicos obliga a meditar sobre el absurdo de ciertos modelos de desarrollo. La planificación urbana no puede estar al servicio de la especulación inmobiliaria. Los precios de las tierras no deben ser el criterio rector de su destino. Las calles no se deben concebir como receptáculo de un número siempre creciente de vehículos.

Cabe desear a los beijineses que no vuelvan a la triste realidad anterior. En cuanto a los santiaguinos, las venideras elecciones municipales ofrecen una gran oportunidad para favorecer a quienes defienden la calidad de vida antes que los dividendos de unos pocos.

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