
Viernes 22 de agosto de 2008
Las enfermedades crónicas no transmisibles son en la actualidad fuente principal de la morbilidad y mortalidad en nuestro país. Obesidad, hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer son las patologías a las que la población vive expuesta, principalmente por descuidar su calidad de vida.
La mala alimentación es, en gran parte, causa de este explosivo aumento en el número de afectados por enfermedades crónicas. ¿Solución? Poner atención a las necesidades del organismo, ejercitarse más y comer mejor.
En esa línea, algunas empresas de alimentos han aumentado su oferta de productos que además de nutrición, ofrecen protección contra enfermedades. Se trata de los denominados "alimentos funcionales", o la serie de leches extracalcio, yogurts con probióticos y margarinas y aceites con Omega 3. Su cualidad es que se les agrega un componente, que no es un nutriente, pero que produce un efecto beneficioso en la salud, manteniendo su sabor original.
"El objetivo es producir alimentos que impacten de forma concreta en la salud de quien los consume. En nuestro país han salido una serie de productos que se dicen funcionales, aunque la legislación chilena habla solamente de alimentos saludables", asegura el biotecnólogo Víctor Gutiérrez, investigador del Centro de Estudios de Ciencia y Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Santiago.
"En Chile se ha avanzado en la regulación sin entrar, fundamentalmente, a la definición de alimento funcional", asegura Cecilia Castillo, experta en nutrición del Centro Clínico de la Obesidad. La especialista se refiere a una resolución exenta del Ministerio de Salud que establece las normas técnicas para la declaración de propiedades saludables de los alimentos y que fija los requisitos que estos deben cumplir para denominarse como tales. "En el fondo, para que a un componente funcional pueda atribuírsele esa condición, tiene que tener un efecto beneficioso demostrado con estudios científicos", agrega Castillo. "Es importante homologar lo que está haciendo Japón, por ejemplo, a nivel ministerial", indica Gutiérrez.
Colun, una de las empresas nacionales que recientemente lanzó una línea de probióticos, importa las bacterias desde Europa, "a un especialista europeo en cultivos. Además de tener sus propios laboratorios de investigación están asociados a laboratorios internacionales que certifican productos e insumos para todo el mundo", señala Ernesto Ureta, subgerente de marketing de la empresa. Agrega que en Chile "deberían exigirse más estudios de contexto antes de la aprobación de un lanzamiento".
Criando bacterias
En Chile la mayor parte de los productos que están en el mercado se enmarcan dentro de la línea de los lácteos, dentro de estos, los probióticos y los prebióticos son componentes esenciales de los suplementos alimenticios que prometen desarrollar la flora intestinal, ayudando a que el organismo absorba mejor los nutrientes de los alimentos. Los primeros son bacterias que generalmente se encuentran en el organismo humano -como los lactobacillus y bifidobacterium- pero que con el tiempo disminuyen en cantidad, por lo que se le insertan a los alimentos para repoblar el intestino. "Estas bacterias mantienen estable el ecosistema, que se echa a perder por la alimentación. Un desequilibrio en el ecosistema puede producir toxinas que, en el fondo, producen cáncer", explica Ana María Madrid, gastroenteróloga del Hospital Clínico de la Universidad de Chile.
Está demostrado que los probióticos funcionan en tratamientos contra el rotavirus en los niños y las diarreas en adultos, como las producidas en pacientes tratados con antibióticos. Su uso también puede ser efectivo en otras patologías mejorando la respuesta inmune. "Para que puedan cumplir con la función, tienen que ser consumidos de forma diaria y por un tiempo prolongado. No se trata de que sigas comiendo grasa, sal y azúcar, porque estás comiendo un alimento funcional, éstos se insertan siempre dentro de una dieta saludable", indica Castillo. Pero cuidado, tampoco se pueden consumir en forma exagerada. "Si uno toma más de una dosis diaria podría hacer daño, sobre todo en los niños", aclara Madrid.
Para aumentar el desarrollo de los probióticos en el organismo infantil, es importante complementar su consumo con prebióticos, que son alimentos no-digeribles, pero sí fermentables, que estimulan el crecimiento de ciertas bacterias. "Los oligosacáridos de la leche materna son considerados el prototipo de los prebióticos, ya que estimulan el crecimiento preferencial de bifidobacterium y lactobacillus en el colon de neonatos alimentados exclusivamente con ella", indica la gastroenteróloga. La marca de leche Nido, ofrece una línea de productos con este componente para distintas etapas del crecimiento.