"Soy una fábrica con un dueño, un obrero, un vendedor y un administrativo, que casi soy siempre yo mismo", afirma el artista Juan Guillermo Tejeda (1947) en "La fábrica", libro publicado por Ediciones Universidad Diego Portales, que en más de 300 páginas despliega el trabajo visual y algunos escritos autobiográficos de Tejeda.
En ellos cuenta sucesos de infancia rodeada de artistas gracias a las amistades de su padre, el intelectual Juan Tejeda, su exilio en Barcelona, el impactante regreso a Chile durante y después de la dictadura. Anécdotas, como cuando chico asustaba a su hermana con un disco, de donde salía la voz del poeta Teófilo Cid recitando "Altazor", de Vicente Huidobro.
El artífice, que asegura no tener ningún logro público, a pesar de haber estado a cargo en 1992 del diseño del pabellón de Chile en la Expo Sevilla, de ser parte del la fundación del periódico The Clinic, y participar en la promoción comunicacional de campañas presidenciales.
REGLAS DEL JUEGO
"La fábrica" se conforma de una diversidad de imágenes. Una foto del poeta Eduardo Anguita haciendo de mimo, autorretratos del autor esbozados a lápiz, en fotografías, calcomanías anónimas populares, un retrato de Marx, recortes de diarios, algunos "Artefactos" de la serie de Nicanor Parra, que Tejeda diseñó, portadas de los primeros números del The Clinic. Además, su autor desarrolla a lo largo del volumen un diccionario arbitrario que aborda variados temas, en páginas intercaladas con letras grandes.
-Afirmas en tu diccionario que "el arte contemporáneo lo encuentro muy conservador: tanto las direcciones y las reglas como el resultado están decididos de antemano". ¿Por qué?
-Los artistas contemporáneos se ven obligados a hacer "cosas raras", "inútiles", "obsesivas", etc., porque de las cosas no raras, útiles y no obsesivas se ocupan otros. Se trata, más que de jugar, de cambiar continuamente las reglas del juego. Lo que ocurre es que el cambio continuo es finalmente una cosa previsible, una forma dinámica de lo conservador.