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  El miedo que vende

  El miedo que vende

  A nadie debiera sorprender que el estreno de "Fringe" (franja, margen), la nueva serie de J.J. Abrams, haya sido programado en Estados Unidos para el 9 de septiembre, dos días antes de un nuevo aniversario del atentado al World Trade Center. Es sabido que sobre los escombros de las Torres Gemelas se han levantado varias de las más exitosas series de televisión.

Domingo 7 de septiembre de 2008


Las primeras imágenes muestran un avión que ingresa a cielo norteamericano. Sus pasajeros comienzan a sufrir extrañas transformaciones que pronto los convierten en una masa informe y gelatinosa. Sin ningún sobreviviente a bordo, el vuelo 627 logra aterrizar en el aeropuerto internacional de Boston gracias a los sofisticados recursos de control automático. Así, una nueva catástrofe aérea sirve a J.J. Abrams para dar inicio a otra historia de suspenso y de misterio.

Para muchos, "Fringe" viene a reconfortar a los viudos de "Los archivos secretos X", aunque por el momento sin extraterrestres, sino con un desbordamiento absoluto de la maquinaria de la ciencia y la tecnología. Lo dice la misteriosa Nina Sharp personaje que representa al imperio tecnológico de Massive Dynamics como una sutil advertencia a la guapa heroína Olivia Dunham y también a todos los seguidores tras la pantalla: "Hemos llegado a un punto en que la ciencia y la tecnología han avanzado exponencialmente desde hace tanto tiempo que ya nadie puede regularlas". O sea, los mismos avances que nos deslumbran, en las manos equivocadas pueden convertirse en el germen de una gran catástrofe.

Es una clásica definición de un género que cuenta cada vez con más seguidores. En Chile ha dado buenos frutos en la literatura de Jorge Baradit, por ejemplo, y en televisión ofrece sus primeras y tentativas armas con el "Gen Mishima". Riesgo no le falta a la apuesta de TVN, aunque parece conformarse con llegar a un público iniciado que se gratifica con reconocer unas cuantas claves del género en versión criolla. No alcanza, en cambio, a tocar esa fibra de miedo colectivo que, más allá de la espectacularidad de los recursos o el manejo de la tensión dramática, toda serie de este tipo maneja en pos de la masividad.

Lo saben muy bien los creadores de "Fringe". Ponerle imagen e historia a la sensación conspirativa que intranquiliza el sueño del ciudadano medio, quien siempre intuye que algo turbio se teje mientras duerme. Como señala Phillip Broyles, personaje que encarna al jefe de una agencia especial del Gobierno, lo ocurrido en el vuelo 627 no parece ser "simple terrorismo". Porque nada es lo que parece en series como "Fringe". El bueno puede ser a la vuelta de la escena el malo, y viceversa. Es la representación de un mundo donde todos somos sospechosos, donde nuestro vecino, ese caballero amable de pelo cano, puede tener en el subterráneo de su casa un laboratorio clandestino en el que se fragua el fin del mundo. El caos o el azar no existen, siempre hay un hilo de maldad indescifrable que une los acontecimientos. Un nexo más emocional que racional, que no siempre cumple con las expectativas de los televidentes más atentos. Tim Kring lo convirtió con "Héroes" en un recurso. La propia estructura narrativa de su serie está basada en prometer constantemente algo que pocas veces se cumple. De temporada a temporada, de capítulo a capítulo, de escena a escena. Aunque a sólo a unos pocos fanáticos le importa. La mayoría, los millones y millones de telespectadores esparcidos por el mundo, se entrega a la adicción sin mayores cuestionamientos.

Boyles se lo explica a Olivia con un tono irrefutable: catástrofes en Sri Lanka, en Lisboa y en medio del Pacífico pueden estar ligadas a lo ocurrido en el vuelo 627. Le llaman "Acumulación". Un plan de larga data donde el planeta entero es un laboratorio. ¿Qué le falta a esta gran conspiración? ¿Tocar la tecla de las culpas del pasado? Pues bien, resulta que en 1972 la División Bioquímica de Defensa del Gobierno norteamericano puso a trabajar a un grupo de científicos para conseguir expandir la lepra entre los vietcongs. Ahí se iniciaron las investigaciones y se formaron los científicos que ahora están poniendo en peligro a la humanidad entera.

El miedo queda así instalado hasta el próximo capítulo. Sumémosle una dosis de intrigas al interior de los organismos de seguridad, un buena cuota de romance y de relaciones filiales tensionadas, y podemos anticipar que los 10 millones de dólares invertidos en el piloto de "Fringe" son, a la larga, un negocio seguro.

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