
Domingo 7 de septiembre de 2008
Detrás de la fanfarria con que esta semana fueron anunciados para el Santiago a Mil 2009 la coreógrafa alemana Sasha Waltz, la compañía catalana La Fura dels Baus y el cantante africano Salif Keita, se escondía un interesante desplazamiento fronterizo que puede abrir un horizonte para los teatristas de los dos lados de la cordillera. Porque si bien el evento se ha posicionado en un buen nivel con espectáculos de renombre, también ha trazado una línea de trabajo con nuestros vecinos.
Lo más evidente es la coproducción de la nueva obra de Claudio Tolcachir, "El tercer cuerpo", luego del éxito que tuvo en Santiago con su obra "La omisión de la familia Coleman". "La experiencia del año pasado fue maravillosa y recibir el apoyo del festival, que confió en nosotros desde que le contamos el nuevo proyecto, ha sido esencial", dice el dramaturgo y director argentino que vuelve con cinco funciones compradas, apoyo monetario y difusión para otros festivales.
Pero esa jugada de Santiago a Mil viene aparejada con la llegada de otras cuatro obras trasandinas más: "Hijos del sol" y "La noche canta sus canciones" de los destacadísimos Rubén Szuchmacher y Daniel Veronese, y "Dolor exquisito" y "Sucio", de los emergentes Emilio García Wehbi y Anna Frenkel y Mariano Pensotti.
VERGÜENZA
"Siempre traíamos dos montajes argentinos, pero esta vez vimos más de diez y nos quedamos con estos cinco. Tiene que ver con el especial énfasis que le estamos dando a Latinoamérica y singularmente a Argentina, que también se acerca a su bicentenario, porque a pesar de estar cerca somos los más lejanos", reflexiona Romero, cuya respuesta parecería sacada de un manual de frases hechas, si es que no tuviera un asidero que incluso la deja chica.
Rubén Szuchmacher, uno de los más grandes referentes de la escena argentina, desde enero comparte con Alberto Ligaluppi la nueva dirección del Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA). Al otro lado de la línea pide unos segundos para buscar las últimas obras chilenas invitadas al evento bonaerense bianual.
"Uf, en 1999 estuvo Andrés Pérez con 'Madame de Sade', y la última fue 'Hechos consumados' [Alfredo Castro] en 2001... son cuatro ediciones. No, nuestra gestión está enfocada a reparar ese error de agradar a los europeos, sin tomar algo interesante de la región; necesitamos una programación que no gaste millones de euros en traer a Ariane Mnouchkine, que estaba lejos de su plenitud", lanza.
Antes de llegar en enero con "Hijos del sol", el director vendrá entre octubre y noviembre para mirar espectáculos y elegir algunos para el FIBA: "Tenemos sugerencias y hemos visto cosas interesantes como 'Neva' y el trabajo de Rodrigo Pérez. Lo cierto es que habrá un diálogo muy fuerte, no solamente para mostrar obras, sino para generar una relación estable en términos políticos".
Según Szuchmacher, el problema de que no se conozcan obras latinas allende los Andes no tiene que ver con que ellos tengan una escena del primer mundo. "Tenemos un buen teatro, pero esa es una mentira instalada por la dirección anterior del FIBA y que aparece en los noventa con esta fama última del gran teatro argentino. Es más un trabajo de marketing".
Veronese, teatrista reconocido en Europa y que ahora está con cinco obras en Argentina ("Teatro para pájaros", "Open house", "Mujeres soñaron caballos", "Espía a una mujer que se mata", basada en "Tío Vania", Chejov, y "Gorda", de Neil Labute), ha venido sólo una vez a Chile en las tres instancias en que sus piezas se montaron en el Santiago a Mil.
Pero a pesar de que sus referencias están bien atrás con "La mala sangre", de Andrés Pérez, y los trabajos de los ex La Troppa en giras, tiene un as bajo la manga. "Tengo una propuesta para dirigir actores chilenos en 2010 y llevar a Chile 'Espía a una mujer que se mata'", revela, y Carmen Romero abre la puerta. "Los tratados comerciales no hablan del contacto humano, pero hay un hambre por poder acercarnos a nuestros vecinos".