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  Si pecas pagas

  Si pecas pagas

  "El señor de la Querencia", a pesar de todas sus acusaciones de maldad, excesos y truculencias, fue una teleserie de valor ejemplarizante, tan instructiva y didáctica como conservadora. La prueba de esto es que todos aquellos que sucumbieron al amor adúltero o se atrevieron a romper las reglas sociales y de género terminaron pagando con su propia vida.

Domingo 7 de septiembre de 2008


La crueldad, la tiranía, el desenfreno y la enajenación de "El señor de la Querencia" nos mantuvieron jadeando durante cuatro meses. Era que no, la serie nocturna va a permanecer como la expresión más violenta del género, superando además todos los récords comerciales y de audiencia de sus anteriores.

¿Qué haremos ahora sin Echenique, el maestro de la maldad? ¿Podrán los noticiarios llenar el vacío dejado por la serie y saciar nuestra apetencia de sangre? Alguna fibra tocó el culebrón que a punta de balazos, sangre y cachetazos no sólo trajo a la memoria lo protervos que fueron muchos patrones de fundo, sino que también nos hizo recapacitar sobre lo malos que somos en nuestras propias e infames parcelas personales.

Lo radicalmente nuevo de esta teleserie nocturna fue el tono desenfadado y la habilidad para crear una historia de excesos sensuales, que puso en juego los apetitos más variados, disolutos y apasionados, entre parientes, mujeres, amos y esclavos.

Sin embargo, "El señor de la Querencia", a pesar de todas sus acusaciones de maldad, excesos y truculencias, fue una teleserie de valor ejemplarizante, tan instructiva y didáctica como conservadora. La prueba de esto es que todos aquellos que sucumbieron al amor adúltero o se atrevieron a romper las reglas sociales y de género terminaron pagando con su propia vida.

Ni siquiera el amor fue capaz de redimir a los habitantes de la Querencia. Las escandalosas escenas lésbicas, adúlteras y torcidas, que consumieron la lujuria de los televidentes, desembocaron en un final que le dio excesiva importancia a la moderación, la fidelidad y la reserva.

Siete muertos en el capítulo final. Todos los asesinados, de una u otra manera, habían transgredido las reglas de buenas costumbres, y sólo la muerte podía librarlos. No tenían vuelta atrás, ni posibilidad de arrepentimiento, cualquier indicio de perdón podría confundir a las audiencias, incitándolas a armar su pequeña Querencia, y el canal nacional no podía ser el promotor de tanto desorden. Si pecas pagas.

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