
Domingo 7 de septiembre de 2008
En cuarenta y cinco minutos más debería empezar el cóctel de reinauguración del tradicional bar y restaurante El Rincón de los Canallas, que ya no está más en calle San Diego, sino en Tarapacá 810, a la altura de San Francisco. Don Víctor Painemal, dueño y canalla mayor, antes de la mudanza definitiva efectuó cinco despedidas, una de las cuales fue hace tan sólo unos días y contó con la presencia del candidato a alcalde Jaime Ravinet.
Los nietos e hijos de don Víctor prepararon esta reinauguración en menos de una semana. De ahí que todavía algunas cosas no estén listas, como los cuernos de vaca que tenía pegados en la pared a modo de ganchos para colgar la ropa. Don Víctor está detrás de la barra dando una última arenga a mozos, garzonas, cocinero, esposa y nietos. Cuando quiero conversar con él, Karin, su hija favorita y encargada de producir esto, lo interrumpe para decirle que se vaya a cambiar de ropa, pero él, al parecer, está orgulloso del hoyo en la espalda de su suéter.
Las historias del canalla mayor
Después de veintiocho años de haber estado en el mismo lugar, en donde este pueblo estaba siendo oprimido cuenta don Víctor . Este pueblo, este movimiento que empezó aquí, que pedía libertad y justicia y que despidió a muchos exiliados, encontró aquí un lugar cómodo y muy especial, un lugar en donde no se perseguía y se podía pensar distinto.
Don Víctor, o el canalla mayor, luce lentes oscuros, tal vez para ocultar la caída de su párpado izquierdo. Recuerda a sindicalistas como Manuel Bustos y Rodolfo Seguel. Le pregunto qué le gustaba tomar a Bustos, y él responde que un vinito, pero especialmente dialogar y pensar en el futuro.
-¿Es verdad que a Manuel Bustos le gustaba la carne de chancho?
-¡Claro! Y de repente se comía un terrorista también.
No sabía que al ex presidente de la CUT le hubiesen gustado los terroristas. Imagino esa escena de la novela de Pedro Lemebel entre un frentista y una loca. Pero don Víctor ataja mi imaginación y me explica que el terrorista es una parrillada para cuatro, pero de la que pueden comer diez. Don Víctor habla rápido, tanto que a veces no le entiendo bien.
-¿Un vinito, canalla?
Acepto el vinito y enseguida le consulto si piensa que el alcalde Raúl Alcaíno fue un canalla al conceder un permiso de construcción para levantar un edificio sobre su antiguo local.
-Como persona sí, pero como alcalde no.
Antes que se vaya le pregunto quién fue su primer cliente.
En realidad no lo sé, pero tuvo que haber sido alguien relacionado con el rubro imprentero, porque en San Diego y sus alrededores había y hay hartas imprentas.
Socio número 27
El canalla mayor saluda a un socio fundador. Se trata de Leonel Zúñiga, o don Leo, quien está acompañado por su esposa. Don Leo es o fue profesor, y luce unos bigotes y un peinado y terno envidiables. Don Leo bebe una botella de vino Tarapacá ex Zavala, mientras a todo volumen se escucha a Sol y Lluvia.
Cuando el canalla recién empezó -cuenta- , lo hizo con un puestito de completos en la puerta de calle San Diego, pero el puestito lo quemaron, así es que el canalla tuvo que habilitar una pieza, en la que servía colaciones. Ahí íbamos junto a unos amigos a comer, y el canalla nos decía que por qué no pasábamos a tomar un traguito después de la pega. Y así empezó todo.
-¿Recuerda alguna gran discusión en esos tiempos?
Don Leo bebe de su copa de vino, mira a su esposa y, con una sonrisa inquieta, contesta:
-Difícil, porque teníamos un cuartel de la CNI al lado.
Enseguida, Leonel Zúñiga me cuenta que al principio los políticos que se juntaban en El Rincón de los Canallas eran gente del PS y del MIR, principalmente, pero que ningún "compañero" de esos tiempos ha llegado todavía.
Lentamente, este nuevo local se ha comenzado a llenar de personas, que como Hoppe y yo disfrutan del cóctel, compuesto por empanaditas de queso, canapés de mayonesa y cualquier cosa, brochetas de pollo y carne, además de todos los terremotos, vino y pisco sour que uno quiera pedir en la barra. Una de estas personas nos consulta a Hoppe y a mí de dónde venimos. La pregunta desconcierta. Afortunadamente, Hoppe reacciona y contesta que de La Nación Domingo, un diario canalla.
-De un Gobierno canalla -complementa el hombre joven, quien se presenta como imprentero del sector.
Al parecer, el hombre joven y de barbita sabe lo que habla, y lo compruebo cuando cuenta que trabajó también en Puerto Madero, la imprenta de La Nación.
El concejal y su amigo
Un sujeto repartiendo volantes en los que él aparece abrazado junto a Ravinet ingresa y saluda a todos como si nos conociera.
-Estuvimos en la velada de despedida y ahora estamos súper contentos de que hayan encontrado esta casa-dice.
El sujeto que habla en primera persona plural es Ismael Calderón, actual concejal de Santiago y socialista de profesión.
-¿Vas a la reelección?
Ismael levanta el dedo pulgar. Lo acompaña Leo Saavedra, una persona cercana al actual intendente de la Región Metropolitana y quien se presenta como ex vicepresidente del Centro de Alumnos del Liceo de Aplicación. A su vez, a Leo lo acompañan su señora y su hija, quienes no se ven muy contentas de ver a su papá y a su marido chupando y repartiendo empanaditas de queso a diestra y siniestra.
-Los dos somos del Liceo de Aplicación -confiesa Leo, levantando una copa ,- y los Canallas era un lugar de refugio de mediados de los ochenta.
No consigo imaginar a unos pendejos entrando al bar con uniforme, chaqueta y corbata.
-Para ingresar, eso sí, nos teníamos que sacar la corbata -explica Leo, entusiasmado, y enseguida les dice a su hija y esposa: Ya nos vamos.
Como son ex alumnos, les consulto qué opinan del derrumbe del Liceo de Aplicación.
-Eso sólo demuestra el derrumbe de la educación municipalizada- responde el concejal Calderón, como si a él se le hubiera ocurrido el eslogan que los alumnos del liceo escribieron en un lienzo a un día del accidente-. Ahora estamos estudiando presentar una querella en contra del sostenedor por notable abandono de deberes.
Al recordarles que ellos son fruto de la educación municipalizada, Leo argumenta que nunca estuvieron de acuerdo con la municipalización y que, incluso, a los 17 años estuvieron presos por Ley Antiterrorista. Cuando pienso que estos sujetos son todos unos héroes del mambo, el concejal Calderón repone, mirándome a los ojos:
-Supongo que no nos vas a agarrar pal' hueveo.
Y esto se declara inaugura'o
Después de conversar con Ariel de la Paz, el nieto gigante de don Víctor Painemal, que junto a dos maestros y un tío ha estado habilitando el segundo piso del nuevo local, reaparece el canalla mayor, quien se había ido a cambiar de ropa. La gente aplaude y se acerca a saludarlo.
¡Ooohh! -exclama un maestro- . No se puso la bata blanca.
-La tengo yo -aclara Ariel.
Luego de saludar a todos los miembros de su familia, don Víctor le hace una seña a Ariel para que le pase la bata blanca. Ariel lo hace y don Víctor, con la bata puesta, se instala detrás de la barra y sirve su primer terremoto. Más aplausos. La esposa de don Víctor, que en las tarjetas de presentación aparece como la auténtica propietaria de El Rincón de los Canallas, luce un delantal azul sucio y no deja de jugar con un manojo de llaves, metiéndolo y sacándolo del bolsillo de su delantal, al tiempo que conversa con Karin. Pronto ella se irá a cambiar de ropa y llegará irreconocible.
-¿Quién quiere un pisco sour? -pregunta el canalla mayor a viva voz.
Y cuando intento ir por mi pisco, Luis Alfaro Arce, un viejo periodista de Proyección Regional, corresponsal de la revista "El Arado" y vicepresidente de la Corporación Voluntarios por el Patrimonio de Talca, se acerca y, sin mediar palabra, empieza a contarme que ayer estuvo en el Festival Nacional de la Empanada, en el Parque Bustamante.
¿Y a qué no adivina cuál fue la empanada ganadora? pregunta retóricamente . La paceña. Pero bueno, yo en realidad vine al Quinto Congreso Mundial sobre Educación de los Niños, en el Edificio Diego Portales. Ahí alguien me contó lo de las empanadas y, bueno, otra persona me avisó de esto. Curiosa la vida, ¿cierto?
Miro a los ojos a don Luis y, por un momento, me reconozco en ellos e imagino que así seré en el futuro. Mientras pienso en esto, Víctor Painemal, hablándole a un micrófono de solapa y recorriendo el local, declara inaugurado este nuevo Rincón de los Canallas.