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  Momias rehabilitadas

  Momias rehabilitadas

  Daniela Campos ahora es seria; Josefina Correa, simpática, y Kenita Larraín, una vedette. Los años pasan y Raquel Argandoña con Gloria Simonetti parecen hermanas, la dupla que no para en estirarse el rostro; son las nuevas tías que buscan cámara. Ya no son intocables, ahora ellas se acercan a los periodistas para hablar de lo que sea.

Domingo 7 de septiembre de 2008


Las personas en Chile se reinventan de una manera sorprendente. Es como si del cielo una estrella les dijera que existe una nueva oportunidad llamada rehabilitación, entendiendo como tal hacer borrón y cuenta nueva a las biografías del pasado. Eso sentí en el lanzamiento de la Teletón que, con alfombra roja, inició la celebración de sus 30 años de solidaridad, invitando a hacerse los buenos a la farándula que son, en su mayoría, rostros de TV. Luces fuertes, carpas blancas y en la calle un par de niñitas gritaban por ellos. No se paralizó el tránsito, pero se logró armar un ambiente de estrellas locales que, por cómo se movían, daban la sensación de que piensan que el bicentenario es una celebración que borra la historia de sus cuerpos. Qué forma de estar enchulada esta gente irreconocible que a punta de bisturí fotoshopearon sus penas, fracasos, sueldos y alegrías de su rostro.

Me quedé impresionada porque la Maldonado ya no es mórbida y su pelo ahora es morado; Marcela Vacarezza es una señora con un teñido amarillo que la muestra como actriz venezolana; y Nicole tampoco es la de antes, su pelo color ají cacho cabra paraliza a cualquier católico. Luis Jara dejó de ser vanidoso, camina sin sus dietas a cuestas y falla en sus formas de hacerse el cuico. Eduardo Ravani llegó con paso lento y actitud de que no es prepotente ni mal jefe; Antonio Vodanovic ahora es místico terapéutico. Claudia Conserva, con unas mechas retorcidas alabadas por los faranduleros, fue la que se vio más auténtica, porque nunca maduró, sigue igual que cuando fue elegida Miss 17.

Daniela Campos ahora es seria; Josefina Correa, simpática, y Kenita Larraín, una vedette. Los años pasan y Raquel Argandoña con Gloria Simonetti parecen hermanas, la dupla que no para en estirarse el rostro son las nuevas tías que buscan cámara. Ya no son intocables, ahora se acercan a los periodistas para hablar de lo que sea. Francisca Merino, con sus labios más gorditos, llegó y pasó de largo sin siquiera saludar a los anfitriones. Con su estilo arrollador, en el momento en que se dio cuenta que no había ni mirado a Don Francisco se devolvió a saludar. Y el negro Piñera se movía como dueño del boliche, estaba sin Belencita, sin su hermanito candidato, sin su buen ron en la mano, pero con la risotada a flor de piel que hacía sentir que el evento era una cumbre presidencial bananera.

Valentín Trujillo sigue bonachón. Como pudo, subió las escaleras y con voz de abuelo le dijo a Don Francisco que lo echaba de menos. Fue la cuota de melancolía. Los rostros del primer mundo nunca llegaron, no estaban Iván Zamorano, Marcelo Salas, Chino Ríos, tampoco las Bolocco. Pero a cambio asistió el rostro de Telecanal, Daniel Valenzuela, que fue uno de los animadores top del evento, aunque las personas se reían de él y se preguntaban cuántas teletones le faltan a este pobre cabro para que se haga realmente famoso.

Andrea Molina se mostró como una dama; Álvaro Salas, como un fiel a la causa; Tatiana Merino, como una mujer feliz; y Don Francisco, como un convencido de que en estos 30 años nos hemos rehabilitado todos como país. Lo distinto del animador es que ahora mira a los rostros de TV como no sabiendo sus nombres y su mirada perdida pone nervioso a cualquiera.

La cena de la Teletón los juntó a todos ellos, más dos personajes que concentraron mi atención más de la cuenta: Alfredo Moreno Charme y Carlos Alberto "Choclo" Délano. El primero es un empresario, director de empresas y ex Icare, y el segundo, un hombre más de la dictadura y actual partner de Sebastián Piñera. Ambos son directores de la Fundación Teletón y quedaron turnios cuando vieron a Viviana Nunes. Los dos eran parte de los anfitriones, de los que saludaban a los dueños de las empresas sabiendo sus utilidades y actividades de responsabilidad social. Observaban la farándula como si estuvieran en un zoológico extranjero. No sé, pero esta parte de la rehabilitación criolla hizo de estos momios, como se autodefinen, gallos simpáticos. Me van a creer que Choclo Délano contó a LND que ahora se conectó con el sufrimiento, que después de las muertes de las niñitas del Cumbres y de ver en terreno cómo se sacan la mugre las mamás de los niños de la Teletón, se dio cuenta que el sufrimiento es lo peor y que hay que ayudar no más.

Don Francisco, en el iluminado escenario, decía sus últimas palabras de la noche: "Si duermes solo, piensa; si duermes acompañado, besa a tu esposa; y si tienes hijos, bésalos y da las gracias porque están sanos". En ese momento, el quórum calificado se emocionó. Pero la luz oscura no permitió ver lágrimas en los ojos de las personas. Un reggaetonero se movía inquieto y Juan Pablo Sáenz recorría las mesas como si fuera concejal.

"Estoy feliz y emocionado", decía Délano con una copa de vino en la mano y más campechano que nunca. Me recordó que es padre de nueve hijos, que le dicen Choclo por sus dientes delanteros chuecos y que hace diez años lo llamaron para ser parte del directorio de la Teletón. Para él fue un orgullo. "Me hicieron el gran favor de mi vida", declaró.

-¿Por qué?
-Porque a veces no te llama nadie, con la Teletón ahora sé lo que una persona sufre. Y bueno, como me gustan los presidentes trabajo acá con Alfredo Moreno, pues es el presidente bueno de los momios.

-¿Usted es un momio rehabilitado? -le consulto.
-Claro, pero por favor te pido que no trates mal a la Teletón, porque tenemos que construir cuatro centros más. Y cuatro centros es mucha plata.
-Hum -le respondí.

Con Alfredo Moreno conversamos de las empresas, del aporte voluntario, de la campaña y bla, bla, bla. Me despedí de ambos y me fui pensando solamente que por sus obras los conocerán.

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