
Domingo 7 de septiembre de 2008
"No vamos a seguir diciendo que no a todo. Lo que va a pasar es que en el Senado se va a lograr un acuerdo cuando se caiga el proyecto de subsidio, y bueno, los diputados vamos a quedar otra vez como los tontos útiles en la historia", explica un legislador de la derecha al analizar el escenario que se avecina tras la agitada semana en que todas las puertas y ventanas de financiamiento al Transantiago se cerraron y el Gobierno se vio obligado a usar el 2% presupuestario para mantener en operación el sistema.
En la oposición, el éxtasis por haber propinado la estocada de gracia a la reforma diseñada por el ex Presidente Ricardo Lagos con el triunfo ante el Tribunal Constitucional que objetó los préstamos del BID y el BancoEstado y la certeza de que el martes la bancada independiente se cuadrará con la Alianza para rechazar la iniciativa que permitiría inyectar 210 millones de dólares al transporte capitalino y una cantidad similar a regiones, se mezcla hoy con la soterrada pugna respecto de quién encabezará la nueva e inevitable fase de negociación con La Moneda.
"El Gobierno aceleró la tramitación para agotar rápido la discusión de su mala iniciativa, porque saben que no van a estar los votos. Están conscientes de que van a tener que trabajar con nosotros, que es lo único que les queda por hacer. Ahora, no sé si la idea es mandar una nueva propuesta o garantizar un cambio para obtener platas en la Ley de Presupuesto, pero que va a existir un pacto es seguro", agrega un senador UDI que afirma que, de ahora en adelante, el Congreso será el lugar de residencia habitual del ministro de Transportes, René Cortázar.
La apuesta del bloque UDI-RN, que el viernes se plasmó en una inserción que fustigaba la reforma de transportes y conminaba al Gobierno a hacer una transformación completa del modelo, es que luego de una semana oscura para la administración Bachelet, ésta no tiene otro camino que aceptar las exigencias aliancistas y entablar una mesa de diálogo destinada a plantear un nuevo plan de locomoción capitalina. El conflicto es quién, por parte de la Alianza, será el protagonista de las tratativas, ya que hay varios interesados en asumir el rol de "salvador" y, por ende, de "estadista" en esta materia.
En las cúpulas de los partidos opositores hay coincidencia en que cualquier acercamiento con el Gobierno debe realizarse en conjunto, para impedir que un asunto en que el sector sólo ha obtenido ganancias termine finalmente dividiéndolos. De hecho, en la Alianza admiten que esta vez se jugó al límite obstruyendo vías de escape para el Gobierno, porque jamás estuvo en el escenario que efectivamente el oficialismo permitiera la concreción de un alza en las tarifas en la Región Metropolitana, situación en la que sí la oposición habría tenido que dar explicaciones. Por lo mismo, y dado que en la actual coyuntura sin acceso a la banca y con un caudal monetario que permite garantizar las operaciones únicamente hasta diciembre sí podría empujarse a un ajuste en los pasajes, la derecha también está obligada a conversar.
El gran perdedor en la estrategia de diálogo es el inversionista y candidato presidencial de RN, Sebastián Piñera, porque para el gremialismo el actuar en conjunto implica que el tema se analice exclusivamente en el Congreso. Y este camino excluye, pese a la insistencia de Renovación, al accionista de Lan. De ahí que la repetida frase de la portavoz de RN, Lily Pérez, acerca de que cualquier plática incluye a Piñera, ya no tiene sustento. Hasta el propio dueño de Chilevisión, en sus constantes llamados a un gran acuerdo nacional, ha reconocido que éste no necesariamente debe incluirlo.
El problema para Piñera es que arriesga más que quedar marginado. La idea en la Concertación es aprovechar la situación para potenciar al senador UDI Pablo Longueira, con la excusa de que el parlamentario "tiene experiencia" en temas de Estado, porque fue él quien encabezó el Acuerdo de Modernización de 2003 y porque está dispuesto, como él lo ha dicho públicamente, a colaborar si es requerido. Detrás de la generosidad concertacionista está la esperanza de que Longueira se levante como presidenciable de la UDI y se afirme como adversario interno de Piñera en la derecha.
Longueira contaría también con la venia de su tienda para alzarse como interlocutor, porque es, al igual que el senador Jovino Novoa, representante de la capital, así es que le corresponde opinar acerca de la materia. Eso sí, lo haría desde el rol de policía bueno, porque ha sido Novoa quien ha ejecutado magistralmente el papel del malo de la película en el debate y el que ha maquinado, con la ayuda del RN Andrés Allamand, la encrucijada que dejó al Gobierno sin préstamos, sin proyecto y sin más alternativa que virar a la derecha en la discusión.