
Domingo 21 de septiembre de 2008
Los 50 años, a Elizabeth se le ha ido la vida lavando ropa, planchando y cocinando. Si le sumamos su trabajo como monitora de salud y el cuidado de sus dos hijos que hoy tienen 27 y 18 años , el panorama no es muy alentador.
Ella asegura que el tiempo se le pasó volando. Durante 30 años, poco a poco, la Elizabeth amante quedó postergada en un punto de su cerebro, detrás de todas las otras preocupaciones domésticas. Su esposo trabajaba como nochero y esto dificultó aún más la posibilidad de mejorar su vida sexual. No se dio cuenta cómo un día, en la intimidad de su pieza, ya no sentía nada.
Elizabeth se integró a un taller de sexualidad de su comuna, organizado por EPES (Educación Popular en Salud). Ella y 19 mujeres de El Bosque se desprendieron de todos los mitos que tenían acerca del sexo para empezar desde cero: aprendieron a decir que no, a que el sexo no es una orden conyugal y se educaron sobre los orgasmos, esa corriente que podía viajar desde la pelvis hasta su cabeza.
Incluso aprendieron a mirarse bien frente a un espejo. Conocieron su vagina y se encandilaron con sus formas, se tocaron para aprender a pedir placer. Con los días dejaron de sonrojarse para instruirse sobre la masturbación y los condones.
"Muchas de nosotras nunca habíamos observado nuestras partes íntimas, pero luego de conocernos empezamos quererlo tal y como era, aunque no se parezca a las exuberantes formas de las mujeres de la tele; después de este taller, mi vida sexual no es perfecta, pero sí mejor que antes", recuerda.
"Salud sexual de las mujeres" es uno de los veinte talleres que ha realizado EPES en comunas como San Ramón y El Bosque. Allí, un centenar de mujeres de escasos recursos se ha reeducado en ámbitos como la sexualidad, el contagio del VIH y derechos reproductivos.
"Han aprendido que aunque las condiciones materiales no se transformen, una actitud distinta puede cambiar su realidad", dice María Eugenia Calvin, trabajadora social de la organización.
En su experiencia, Calvin explica que uno de los problemas que ha detectado en los talleres de Santiago y provincia es la desinformación que las mujeres tienen sobre sus derechos reproductivos y su sexualidad.
"Acabo de hacer una investigación sobre el contagio del VIH por sus propias parejas. Ellas no cuestionan la infidelidad ni la posibilidad de que sus compañeros sentimentales lleven una doble vida. En Chépica nos dimos cuenta de que muchas mujeres de provincia no conocen un condón", indica Calvin.
Estela Toria, miembro de la organización, cuenta que una de las actividades que han realizado consiste en que las mujeres conozcan el condón, lo abran y aprendan a utilizarlo. "Cuando les graficamos cómo usar un preservativo en un plátano, ellas se mueren de la risa, les da vergüenza, pero de a poco van aprendiendo a pesar de su timidez; esta es una enseñanza concreta que les quedará", cuenta Estela.
Durante su trabajo, las especialistas han detectado que las disfunciones sexuales que más afectan a las mujeres son la anorgasmia y la baja líbido. Para María Eugenia Calvin, algunas razones para estas afecciones son las largas jornadas de trabajo doméstico, las cuentas y sobrevivir con un presupuesto reducido.
"Ellas viven preocupadas de que la plata alcance para toda la familia con un sueldo que apenas llega a los 200 mil pesos. Luego de lavar, colgar y secar la ropa y atender la casa, en las noches ya están cansadas. En ese contexto hay una desvalorización de lo femenino que afecta a las ganas de estar en una situación íntima", apunta María Eugenia.
Tratando de mermar el desconocimiento, en los talleres se les enseña a reconocer sus zonas de placer, con dibujos o con gigantografías de la vagina. Las integrantes de EPES explican que en ese momento se dan cuenta de la desinformación de la que son víctimas las mujeres y, por ende, la pareja.
Ellas se avergüenzan de su propia anatomía. En los talleres también se realizan role plays, un juego donde las mujeres comienzan a dejar escapar sus verdades. Ellas hablan por primera vez de sus vivencias, sus derechos y sus secretos: que el apetito sexual se perdió cuando se traspasó el límite de las relaciones sexuales y el abuso sexual. Aprenden que deben reclamar el placer, su placer. "Se reconcilian, se miran, se conocen y se aceptan por primera vez y sienten que habitan su cuerpo", dicen en EPES.
En los talleres profundizan sobre casos donde las mujeres confiesan que hace años no tienen un orgasmo, otras confiesan que nunca han vivenciado una situación placentera. Temas como la menstruación y el sexo son considerados sucios, un tabú, y muchas mujeres diferencian a las buenas de las malas. A las primeras no les debe gustar el sexo; a las segundas, sí.
LO MÍNIMO
María Inés Zabala, matrona y diplomada en sexualidad y salud familiar, ha realizado diversos talleres en las comunas de Peñalolén y Macul, y en Cerro 18, comuna de Lo Barnechea. A lo largo de sus investigaciones, una de las cosas que ha inferido es la forma culposa y reprimida con que muchas mujeres viven su sexualidad y que en muy pocas ocasiones se atreven a decir lo que realmente desean.
"En la mayoría de los casos, uno puede observar que un gran porcentaje de mujeres tiene relaciones sexuales como una obligación conyugal", explica Zabala.
La especialista asegura que un 50% de las mujeres que ha atendido presenta anorgasmia y problemas de baja líbido. Aguantando años sin disfrutar de una vida sexual normal. "Les pregunto: ¿usted, cuánto tiempo dura con un dolor de muelas? Con eso quiero decir que una mujer no puede soportar años con una disfunción sexual", asegura Zabala.
La especialista reconoce el hacinamiento como el principal enemigo de la intimidad en los estratos bajos. Eso, sumado a la desinformación y el poco autoconocimiento, deriva en la falta de deseo.
Pero después de los problemas internos son los factores externos los que complotan con una vida sexual y mental sana. Zabala enumera al hacinamiento, las largas jornadas de trabajo y las horas que pierde un trabajador en el trayecto a su casa, y a veces el invisible maltrato conyugal.
"Hay muchas mujeres que al preguntarles sobre su sexualidad, sólo sienten que prestan su cuerpo dice Zabala . Se ausentan en el acto sexual".
En las visitas a terreno, la especialista se encuentra con casas y mediaguas de escasos metros. Allí, la mayoría de las parejas tiene su cama al lado de la de los niños, donde duermen todos en una cama. "Si los niños despiertan" y "si los niños ven" son frases temerosas que María Inés ayuda a combatir
"Allí, como sea, aunque la casa o la mediagua sea pequeña, tratamos de que la pareja se las ingenie y que se atreva a separar ambientes con una cortina, con un mueble y hasta un panel; les decimos que improvisen un jarrón de flores, porque el ambiente contribuye a la intimidad. A muchas parejas les ha dado resultado", explica.
Zabala también dice que muchas mujeres temen decir que no o demostrarse más estimuladas. En muchas ocasiones, los esposos, casi siempre machistas, desconfían de ellas y comienza la violencia sicológica. La especialista, normalmente plantea en sus talleres el reaprendizaje sobre el deseo y el autocuidado sexual.
"El primer consejo que doy es sobre el autoconocimiento de su cuerpo, porque para darle lo que él necesita hay que conocerlo. Aun en la pobreza y el hacinamiento hay que creer que es posible llevar una vida sexual", indica.
Sandra Ahumada, sicóloga, trabaja junto a María Inés Zabala en temas de salud sexual en el centro Reencantar (www.reencantar.cl). Ella señala que los talleres que realizan en su mayoría son vivenciales. Allí se incluyen ejercicios prácticos y corporales, técnicas de sicodrama y role play.
"La autoestima es central para vivir la sexualidad", explica. En las actividades se usa como material películas donde se toquen temas como el mundo femenino y la autoestima. "Vemos películas como 'Bagdad Café', ponemos énfasis en las partes que nos interesan y las mujeres opinan sobre sus dolores y problemáticas; digamos que allí, frente a otras mujeres, se van desenvolviendo", apunta. Los talleres se han expandido hasta zonas mineras, como la Disputada, con el taller "Soy mujer de minero".
En ese taller se habló sobre las dificultades de conservar la intimidad a pesar de las inclemencias, y allí se dieron cuenta de que las parejas cerca de los cincuenta se conforman con relegar su vida sexual.
Para la sicóloga, las disfunciones sexuales que más se detectan en las mujeres de estratos bajos son también un reflejo transversal de los problemas que afectan a la generalidad de las chilenas. "Digamos que de la baja líbido y anorgasmia provocada por la falta de comunicación y violencia conyugal tampoco escapan los estratos restantes", dice.