
Domingo 28 de septiembre de 2008
Hoy me tendrá que disculpar, estimado lector, pero me veo obligado a abrir estas líneas con una perogrullada mayúscula. Y, sobre todo, deberá excusarme que lo haga perder estos escasos y preciados minutos dominicales leyendo acerca de alguien que más valdría la pena olvidar, de no ser porque se ha convertido en el monumento viviente de la desubicación más absoluta y total. Ocurre que mis investigaciones acaban de probar de manera fehaciente e irrefutable que en nuestro país existen los huevones, los enfermos de huevones, y don Hermógenes Pérez de Arce. Nada nuevo, dirán ustedes. ¡Tremenda novedad, dirán otros!
Pero ocurre que eso no es todo. No, señores, la cosa es más profunda e incluso tiene ribetes místicos, mesiánicos y muy siniestros. Nada menos que en la página web de fachada la DINA-CNI, que se llama algo como "Despabílate Chile" y que dirige, literalmente desde las sombras, Álvaro Corbalán Castilla, don Hermógenes Pérez de Arce, el Elegido de Dios, sintiéndose seguramente en familia y celebrando el 18 rodeado de parrilleros de Villa Grimaldi y otros "chilenos bien nacidos" como él, este caraculiambro ha declarado sin pudor alguno: "Ustedes saben que una de las misiones que la Providencia me tiene asignadas en la Tierra, y no la menos importante, es decir verdades que nadie se atreve a decir". Qué terrible debe ser esa Providencia de don Hermógenes, tan abusiva y castigadora, al tenerlo cachureando día y noche entre tanta falsedad histórica. Pero como si esta tarea hercúlea, impuesta por la Divina Providencia, no fuera suficiente, resuena también un retintín de martirologio en sus humildes y sencillas palabras cuando agrega: "Y pago las consecuencias".
Se nos parte el corazón, don Hermógenes, y encendemos velas a su santidad resignada y milagrosa. Pero se nos pasa la pena, bien rápido, cuando recordamos a los millares de chilenos que sí pagaron un precio muy alto por decir la verdad. ¿O también ignora que sus mismos vecinitos de la página donde escribe sencillamente los torturaron, los mataron y los echaron al mar? ¿Es concebible que un hombre inteligente se apoltrone en ese tan inadecuado rinconcito del ciberespacio y, justamente desde allí, se atreva a excretar contra la Presidenta Bachelet, ligándola al MIR, al Frente Patriótico Manuel Rodríguez y a las FARC? ¿Cómo se entiende que desde ese pandemónium gráfico de corvos, montañas nevadas y banderas al viento, este caballerete tenga la impudicia de denunciar a los terroristas que ejercen la "horrorosa tiranía que hoy vive Chile"? Miren esta otra joya de su lúgubre pluma: "Los izquierdistas y ex miristas que tienen edad suficiente y que están hoy en altos cargos en La Moneda, en el Congreso y en los partidos políticos, tienen, pues, rastros de 'los fierros' en sus manos (nunca me ha gustado hablar de sangre)", agrega San Hermógenes de las Buenas Peras. Claro, la palabra sangre es medio fuertona para alguien que cerraría los ojitos en esos años en que sí nos gobernaron los terroristas de Estado. ¿No será de los que, como Himmler, con el perdón del oficial SS, se desmayan al ver sangre? ¿No ha probado a pronunciar el anglicismo blood? Bueno, basta de perder el tiempo con gente que comienza a evidenciar una senilidad triste y ofensiva. Sólo le recomendaría a este señor pedir que saquen sus columnas de esa espantosa, picante y ensangrentada página. Es una rotería inexcusable. //LND
