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  La vida de los otros

  Internet es el mejor banco de datos de la historia de la humanidad, grandes cantidades de información para saber y ser una persona con opinión, pero lo usamos para ver cómo tira el vecino o qué tontera puso como nickname.

Domingo 28 de septiembre de 2008

 Yuvutu.com es maravilloso. Es hilarante como The Onion o noe.bligoo.com (el nuevo "The Clinic", sólo que vía internet), pero suma la maravilla de la inocencia experimental mezclada con la imbecilidad humana. Si aún no la conoce, haga el intento. Yuvutu que, según la mitología, sería un portal chileno es un YouTube de porno amateur. Con un diseño bien rasca, congrega a un montón de seres interesados en mostrar gratuitamente cómo tiran. Y visitarlo es un ejercicio de autoestima: cuando uno observa las chocantes y torpes imágenes comprueba que, a la hora de acostarse, a pocos importan los rollos y la fealdad que uno trae consigo al camastro. Yo creo que todas esas mujeres perfil "Sex and the city" que hablan imbecilidades del tipo "el tamaño importa", en realidad esconden que no saben tener buen sexo. Porque, honestamente, y según muestra ese monumento a la fealdad online, parece que todos lo pasan bien, sin importar cuán imperfectos sean sus cuerpos.

Yuvutu esta horadando lentamente a una industria en expansión permanente: la pornografía. Si hay gente dispuesta a mostrarse gratis, ¿para qué pagar? De ahí a divertirse buscando en YouTube enanos que bailan "The safety dance" hay sólo un paso. Para reírse basta con lo mínimo.

¿Adónde voy con esto? A que están pasando cosas gigantes en el mundo, como el colisionador de hadrones que puede destruir toda la humanidad o la caída de los bancos internacionales, pero al chileno medio eso le importa poco. Y es hasta lógico. Tampoco le importa al pobre más pobre de Tombuctú, que poco tiene que hacer frente a esos millonarios gringos que fueron como ratas a pedir ayuda al Estado. Pero lo que queda al descubierto es la gran mentira: hay unos pocos que lo manejan todo. Otra cosa es que financien a los políticos para que pongan la cara y nos enojemos con ellos, pero, como dice en sus monólogos el gran George Carlin, el que manda es el que tiene las lucas.

Por eso la gente gasta el tiempo en ver al otro en pelota, o a colgarse día y noche a Twitter y Facebook. Internet es el mejor banco de datos de la historia de la humanidad, grandes cantidades de información para saber y ser una persona con opinión, pero lo usamos para ver cómo tira el vecino o qué tontera puso como nickname. Nos encanta la vida de los otros porque tenemos conciencia de lo mínima y miserable de nuestra propia vida. Por eso nos interesa ver a Alejandra Álvarez como una quinceañera groomeada, sacándose fotos sin ropa con cara desorbitada y sin pensar que la vida hoy está en manos de los discos duros, las cámaras de video y ese gran monstruo llamado Google, experto en saber qué hacemos con nuestra vida y nuestro dinero.

Nacimos cazados, somos parte del gran reality, y es el sistema el primero que sabe nuestros gustos y nuestras deudas. Por eso, ahora es moralmente más inofensivo mirar Yuvutu que hacer campaña hablando de los "problemas reales de la gente", cuando en el fondo es para pagar el auto, la nana y los amigos. //LND

 

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