
Domingo 12 de octubre de 2008
Ni Radrigán, ni De la Parra ni Galemiri. Cuando el viernes Rodrigo Soto estrene "La epopeya de Lucho Chaveta" -y sin contar la reposición de "Uñas sucias" el 6 de noviembre en la sala Sidarte-, Luis Barrales será el dramaturgo más montado de 2008. "Se atrasaron algunos proyectos por eso reventaron todos juntos", dice él sobre "H.P. Hans Pozo", "La chancha", "Niñas araña" y su siguiente montaje.
En total, cuatro obras que han sido premiadas con diferentes Fondart (aunque "La chancha" lo ganó en segunda instancia pues en 2007 el jurado consideró que las tribus urbanas no tenían que ver con Chile) y que además le han reportado distinciones como el Premio Municipal de Santiago por "H.P.". Pero también tristezas y dolores de cabeza.
Con ese mismo texto conoció los tribunales de justicia, cuando la familia del heladero Jorge Martínez interpuso un recurso de protección para frenar las funciones de la obra. Y aunque fue rechazado en todas las instancias, Barrales no puede borrar de su cabeza las palabras de la viuda del descuartizador: "Me explicó su dolor y fue muy fuerte, porque ella defiende la inocencia de su marido y su condición sexual. Si es verdad lo que dice, le arruinaron la vida y si no, también, porque vivió engañada. No me gustaría pasar por eso de nuevo".
Por si fuera poco, la política lo desafió de manera indirecta, cuando el diputado RN Cristián Monckeberg cuestionó al Gobierno por financiar "Niñas araña", obra sobre las adolescentes que trepaban edificios para robar y que según el parlamentario, "promueve la delincuencia". "Quizás tenga un estudio en teatro, quién sabe", retruca el autor.
REPUBLICANO
Por si no quedó claro, la escritura de Barrales respira política. Para "La epopeya de Lucho Chaveta" echó mano a su propia biografía. Hijo de radicales, "con la historia del gran cucharón está enquistada desde chico", advierte, se propuso reflejar la identidad republicana de Chile en los gobiernos radicales entre 1939 y 1945 y su resurgimiento en el período socialista de Salvador Allende.
El proceso de escritura partió con la duda sobre los discursos actuales sobre "gobiernos ciudadanos". "Entonces hagamos la historia de un pendejo flaite que llega a ser Presidente", se dijo. Y nació Lucho Chaveta, un niño de campo, pobre, sin educación, pero con una cortaplumas suiza y un gran don: todo lo habla en rima libre, décimas y cuartetas.
Los periplos de su vida se narrarán durante una hora en la Quinta Normal, con siete actores en escena y música en vivo, que atraviesa su despertar sindicalista y su llegada a Santiago para hacer carrera en el Partido Radical, antes de, con la ayuda de la chusma, convertirse en diputado, senador y después Presidente.
"Se embriaga con el poder, desconoce sus orígenes y se vuelve soberbio. Para llegar alto tiene que transar: entra a la maquinaria después tiene que devolver favores, se pierde en el poder hasta que vuelve a sus orígenes y alcanza la Presidencia. Queremos que la obra llegue a la gente de la calle y que reflexionen", resume el director Rodrigo Soto.
ALLENDE Y RETTIG
Para hacerse una idea de Lucho Chaveta, así son sus discursos: "Que la leche sea medio litro / pero todos lo días para cada cabro chico / Queso, jamón y huevo / Para alimentar al hombre nuevo / Que la carne se vea a diario / Para el fervor revolucionario / Porque para construir un país más justo / Necesitamos ciudadanos robustos".
Porque si bien, la temporalidad de este primer Presidente proletario no está definida, no responde a ningún canon de la política actual y menos se parece a los engendros de la demagogia post TV. Chaveta es un sibarita, usa lentes negros de marco grueso y postula tres veces a la Presidencia antes de conseguirla. ¿Le recuerda a alguien?
Porque Barrales y Soto escucharon los discursos de Allende y otros perdidos de Raúl Rettig, dos grandes oradores del siglo XX chileno. También vieron películas como "Su excelencia", donde Mario Moreno Cantinflas es el embajador de la República de los Cocos: "Su estructura de discurso es puro ethos, apela a la emoción. Por desgracia eso ya no existe, así que también vemos esta obra como un homenaje a la oratoria que se fue con estos dos políticos insignes. De hecho, la idea es hacer una segunda parte, con Chaveta en el poder, ingeniándoselas esos tres años".
-"¿Los mil días de Chaveta?"
-Sería un buen título. LCD