
Lunes 13 de octubre de 2008
Los entusiastas de los biocombustibles consideran que son una panacea para las crisis de la energía y del cambio climático, que podría servir para perpetuar el reinado de los vehículos a motor y las actuales pautas perversas de consumo.
Los detractores de los biocombustibles, destilados de cultivos como maíz, azúcar, palma aceitera y soja, entre otros, afirman que el desvío de las escasas tierras agrícolas para la producción de etanol y biodiésel provocará una grave crisis alimentaria.
Al referirse a la moda de los biocombustibles, el ambientalista estadounidense Lester Brown dijo que se trata de una batalla épica entre 800 millones de automovilistas y 2.000 millones de estómagos vacíos.
Sabemos que el hambre no es causada por escasez de alimentos sino de dinero para comprarlos.
Pero esto no significa minimizar los apuros creados por los recientes incrementos de precios de los alimentos y sus sucesivos altibajos. Sin embargo, es absurdo discutir el impacto de estas alzas sin tener en cuenta las causas estructurales de la pobreza masiva.
Debemos esforzarnos para lograr una mayor moderación y eficiencia en el consumo de energía y, al mismo tiempo, tomar todas las medidas necesarias para asegurar la complementariedad entre las producciones de alimentos y de biocombustibles.
* Profesor en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París y en la Universidad de Sao Paulo.