La seda de Oriente llegó al mudo occidental desde hace siglos (la tradición china dice que esta tela se descubrió en el año 2640 a. C.), y sigue siendo la más preciada por los amantes del buen vestir. Ya durante los siglos XVII y XVIII, el tejido de seda continuó ocupando su sitial relevante como artículo de lujo, accesible únicamente para la clase alta. Pero hubo que esperar al siglo XX para su expansión masiva, aunque de todas formas fue limitada.
En Chile, en el siglo XIX la clase acaudalada también hizo eco de lo que sucedía en Europa y, obviamente, de la utilización de la seda en prendas de vestir. Francia se convirtió en el destino obligado para adquirir lujosos trajes fabricados con esta fibra -que se obtiene del gusano de seda cuando forma su capullo para convertirse en mariposa- o, simplemente, la importaba.
Ahora, la exposición "Sedas de Europa. Moda femenina en Chile, 1850-1900) exhibe una importante muestra de 20 trajes del siglo XIX (6 en vivo y 14 en fotografías), que son parte de la colección que posee el Museo Histórico Nacional y que presenta en sus dependencias hasta el 16 de noviembre.
La muestra se origina con el resultado de una investigación que buscaba contextualizar estos veinte trajes desde el punto de vista historiográfico y analizar la estructura de sus telas con métodos internacionales y estandarizados.
"En cuanto a la materialidad de las piezas del museo están compuestas por seda, pero que su origen no es de China ni Italia, sino fundamentalmente es seda francesa, específicamente, proveniente de Lyon. Además, confirma lo que era la tendencia de moda de aquel entonces, que era imitar y utilizar elementos provenientes del país galo, que era como el gran parangón a seguir de ese período de la historia de la moda", explica Leonardo Mellado, subdirector de comunicaciones del museo.
Dentro de la colección de este vestuario histórico, son interesantes los vestidos de la segunda mitad del siglo XIX, por lo representativos de la evolución de la moda y por la riqueza de sus telas. Los trajes usados por las clases altas y media de la época, eran importados directamente de Europa, o bien eran confeccionados por modistas con modelos y telas de la misma procedencia.
Con el pasar de los años, la irrupción de las fibras artificiales produjo el declive de esta tela tan preciada, delicada y valorada. Sin embargo, su marca en la sociedad chilena del siglo XIX brilla en esta muestra que explica su origen, fabricación de trajes e importación a nuestro país.