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  Crisis económica y mercado del trabajo: Un debate político y de política

  No queremos socialismo para las pérdidas y capitalismo para las utilidades. Tampoco creemos en la ideología que sostiene que en tiempos de vacas flacas hay que preocuparse de los ricos, porque luego llegarán los beneficios a los más pobres y vulnerables. Esto es historia conocida.

Domingo 19 de octubre de 2008

El razonable debate sobre los alcances y medidas a impulsar ante la crisis financiera internacional, originada en EEUU, revela las visiones y opciones que subyacen entre los distintos actores del mundo político, social y académico de nuestra sociedad.

En lo principal, los alineamientos se sitúan en un eje que van entre quienes propician medidas liberalizadoras y quienes sostenemos la necesidad de acciones de protección hacia aquellos que presentan mayor vulnerabilidad económica y social, simultáneamente. Ambas tesis, son desde la perspectiva democrática, igual de legítimas pero no neutras, menos asépticas políticamente.

La opción por mayor protección social ante los riesgos de una crisis económica, supone una comprensión sobre cuáles son las políticas públicas más deseables para mantener el tranco firme en nuestro camino al desarrollo y qué entendemos por éste.

Primero, no habrá desarrollo si permitimos que un grupo significativo de chilenos y chilenas se nos queden en los márgenes del sistema y expuestos a los vaivenes de la economía.

Por eso, propiciamos políticas contra-cíclicas y defendemos la decisión de que el gasto social crezca sobre las expectativas de crecimiento económico. Aquí, la opción liberalizadora recomendaría ajustar al máximo el gasto para sortear la crisis, es decir, la estrategia pro-cíclica.

Segundo, no podemos confiar en que sólo las soluciones de mercado nos garantizan el éxito y por eso reivindicamos un rol más activo del Estado, no sólo para corregir las imperfecciones del mercado, sino que también para edificar un sistema sólido de protección social y su función como líder estratégico del desarrollo.

No queremos socialismo para las pérdidas y capitalismo para las utilidades. Tampoco creemos en la ideología que sostiene que en tiempos de vacas flacas hay que preocuparse de los ricos, porque luego llegarán los beneficios a los más pobres y vulnerables. Esto es historia conocida.

Este debate, tiene plena aplicación en el ámbito laboral. Hay quienes sostienen que la mejor respuesta a la crisis es la flexibilidad laboral sin más, pero un baño de realidad nos indica que éste no es el problema de Chile. El reciente informe de Competitividad Global sitúa a nuestro país en el lugar de 17 de 134 países en el índice agregado de eficiencia del mercado de trabajo.

Es cierto que estamos castigados por el sub-índice de "costos de despido", ubicándonos en el lugar 81 y la baja "participación laboral femenina" con el lugar 111, pero no es menos cierto que en la "flexibilidad en la determinación de salarios" estamos en el sexto lugar y en la posición 12 en "los costos laborales no salariales".

Entonces, seguir insistiendo en más flexibilidad olvidándonos de la necesidad de dar mayor protección social no sólo es un reflejo ideológico sin fundamento es también una mirada restringida de los desafíos que debemos emprender si queremos ser desarrollados.

Nuevamente, en este contexto reiteramos la vigencia de nuestras políticas laborales que combinan programas especiales de empleo para enfrentar coyunturas complejas de desempleo con programas que incentivan el empleo femenino y juvenil, como son los recursos para la intermediación laboral de mujeres y la bonificación a la contratación de jóvenes a propósito de nuestra reforma previsional, así como el fortalecimiento del seguro de cesantía.

Este mismo Informe nos interpela para trabajar juntos en el mejoramiento de la calidad de las relaciones de cooperación entre trabajadores (a) y empleadores (a) para pasar del actual lugar 51 a los 10 mejores, factor que no tengo duda ayudaría sustancialmente a nuestro desarrollo.

Por último, no debemos omitir que en el ranking global de Competitividad destacan países como Suiza, Suecia y Dinamarca que han sabido resolver equilibradamente el crecimiento económico con la debida protección social a su población.

Por eso, sería recomendable que en los próximos tres eventos electorales, los ciudadanos (a) tuviéramos a la vista estas visiones para mejor resolver qué proyecto político queremos que predomine en el Chile del bicentenario: el liberal a secas o el que propicia más protección social. Por último, esto sería una buena democracia para el desarrollo.

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