
Domingo 19 de octubre de 2008
En su estrategia planetaria, el Pentágono ha anunciado dos nuevas iniciativas. La primera, a mediados de este año, fue la activación de la Cuarta Flota, destinada a operar frente a las costas de Latinoamérica y el Caribe.
Como en el hemisferio no se detecta la amenaza de otra potencia, muchos sospechan que la flota será un instrumento de presión para imponer la voluntad de Washington. A fin de cuentas, en la misión de la Flota se señala en primer lugar: defender los intereses de Estados Unidos en el área.
El segundo desarrollo es la creación de un nuevo Comando Militar que abarca al conjunto de África. La nueva estructura, bautizada como Africom, cubre las 53 naciones africanas, con la excepción de Egipto, y entró en funciones este mes. En la actualidad Estados Unidos tiene una sola base en dicho continente, situada en Yibuti, en el Cuerno de África, con una dotación de 1.800 hombres.
El Africom contará con una planta de 1.300 efectivos cuya tarea será, según las autoridades norteamericanas, ayudar a la lucha contra la piratería, el narcotráfico y el terrorismo, en especial las ramificaciones de Al Qaeda.
Las dos naciones más poderosas de África, Sudáfrica y Nigeria, negaron su territorio para instalar el nuevo cuartel general. Si bien hubo ofertas de países menores, como Liberia, el Pentágono consideró más prudente operar desde Stuttgart, Alemania.
Desde que el Presidente George W. Bush anunció el plan de establecer el Africom, hace un año, han surgido protestas en varios países africanos. A través de su diplomacia, Washington se ha prodigado en señalar, al igual que con la Cuarta Flota, que no hay una agenda escondida y, como siempre, se afirma que el petróleo nada tiene que ver con el nuevo despliegue militar.
A esta actitud de negar lo evidente aludió Alan Greenspan, quien presidió por casi dos décadas la Reserva Federal de Estados Unidos, cuando declaró: "Me apena que sea políticamente inconveniente reconocer lo que todos saben: que la guerra en Irak es en gran medida a causa del petróleo".
Existe entre muchos africanos la sospecha que el objetivo central del Africom es asegurar el abastecimiento de petróleo. En la actualidad, Estados Unidos ya obtiene el 20% de sus importaciones de crudo desde países de África Occidental, y para 2015 espera incrementar este porcentaje al 25%, proveniente de diversos países de la región.
Las mayores reservas se encuentran en Sudán, Angola, Nigeria y Guinea Ecuatorial. Una de las preocupaciones de Washington es la profunda penetración económica que ha logrado China. Beijing ha establecido sólidos vínculos comerciales y contratos mineros y petroleros en la región.
Los chinos son pragmáticos, no hacen preguntas sobre la situación política doméstica ni exigen adherir a credos económicos.
Para ganar mayor aceptación, las fuerzas norteamericanas han lanzado una serie de las clásicas operaciones cívico-militares. Los uniformados son vistos construyendo policlínicos, escuelas e infraestructura de bien público. Pero estas iniciativas son criticadas pues, si el propósito es aportar progreso, sería preferible que fueran ejecutadas por instituciones civiles.
La organización Refugees International ha advertido que hay una militarización de la política exterior de Estados Unidos. Como base de esta afirmación explica que el Pentágono ha pasado a controlar, desde un 3% inicial, el 22% de la ayuda para el desarrollo.
Este traspaso de recursos a los uniformados agudiza el temor que la ayuda no es más que un edulcorante para ganar aceptación para el despliegue de las tropas. En un continente donde la democracia es un bien escaso, emplear soldados en tareas ajenas a su función es, a ojos vistas, el mensaje equivocado.
Además el realismo político implica, a menudo, alianzas con regímenes que distan de los ideales proclamados. En Estados Unidos también hay serias dudas sobre la efectividad del Africom, al punto que el Congreso le cortó la tercera parte de su presupuesto a finales de septiembre.
Estados Unidos está ya en la recta final para las elecciones presidenciales. Una de las tareas urgentes para el próximo ocupante de la Casa Blanca ha de ser una reformulación de su política exterior. Los subproductos de la miseria africana y latinoamericana, como la piratería, el crimen organizado, el narcotráfico y el terrorismo, son males que requieren respuestas, ante todo, en el campo de las políticas sociales.
Es lo que los gobernantes latinoamericanos han llamado la inclusión, que no es otra cosa que asegurar que los excluidos, que suman muchos millones, obtengan su parte de los beneficios del desarrollo. La militarización del a lucha contra los flagelos señalados, en la mayoría de los casos, no hace más que agravarlos.