
Domingo 19 de octubre de 2008
Lo ocurrido en el Hospital de Iquique esconde un novelón de terror. Es un tema demasiado urgente para referirse a cualquier otra cosa. Sencillamente denigra el acto médico y deja en vergüenza un área de la que podíamos sentirnos orgullosos.
Además, da la sensación que esto es sólo la punta del iceberg. Primero, fueron algunos casos y ahora es el robo del archivo completo.
Las preguntas aparecen de inmediato. ¿A quién favorece esta situación? ¿Qué pretendían ocultar? La historia del VIH ha sido vergonzosa desde sus comienzos. Jamás se pudo hacer una publicidad preventiva seria que realmente entregara información completa y responsable a toda la población.
Muchos sectores, hoy escandalizados, alguna vez fueron los mismos que se negaron a que se fuera más explícito respecto al VIH como una enfermedad de transmisión venérea. Un debate supuestamente moral enredó todo y nos dejó con una población que tiene relaciones sexuales fuera del matrimonio abiertamente y que no usa preservativos.
Una sociedad que no comprende la gravedad del caso y tampoco sabe que en caso de diagnosticarse VIH hay posibilidades de tratamientos que alargan y que incluso mejoran la calidad de ésta. Hoy, en un Chile donde el 63% de los bebés nacen fuera del matrimonio, según las últimas estadísticas.
Hay que imaginarse la práctica sexual sin el menor cuidado y la imposibilidad de darse cuenta que cada vez que hay una relación no sólo existe entre la pareja en cuestión, sino también con las parejas de esa parejas y sus respectivas parejas. La multiplicación es infinita.
Este vértigo obliga a tomar precauciones, sobre todo cuando las investigaciones que hablan de una posible vacuna contra el VIH (a propósito el causante del Sida, porque hay muchos, muchísimos, que no entienden que es lo mismo y siguen pensando que el Sida es cosa de homosexuales, adictos y prostitutas) parecen resignarse a una derrota absoluta. V
amos a pasar mucho tiempo con esta enfermedad instalada entre nosotros. Y el sexo está instalado, también las campañas cómplices de los enredos en los que hoy estamos envueltos.
Estos diagnósticos silenciados, estos archivos robados, son tan graves como el anécdota del colega que alguna vez le escribió a un amigo en su ficha ¿Sida?, sencillamente porque le pareció raro que fuera soltero a los 45 años. Hay mucho paño que cortar sobre el trato a la homosexualidad en Chile.
Son otros archivos por desclasificar. El tema del VIH, que nos involucra a todos en la modernidad líquida que señala Bauman, iba a producir algún escándalo mortal tarde o temprano.
La muerte de Andrés Pérez tuvo que ver con el aislamiento social que tenía el seropositivo. El horror, el secreto, el pánico, le impidieron tratarse, pedir ayuda, concurrir a un centro donde no hubiera discriminación.
En esta sociedad de enfermizas discriminaciones, ojalá esta escandalera haga saltar una de las tantas hipocresías que lamentablemente nos caracterizan, para que sepamos que todos somos responsables: los que no hicimos lo suficiente y los que se opusieron a que se hiciera. Para algunos ya es demasiado tarde, velemos por el futuro.