
Viernes 7 de noviembre de 2008
Las vicisitudes que ha vivido el Ministerio de Salud en los últimos meses son el reflejo de problemas pendientes indesmentibles, pero también de las expectativas y carencias que sólo se notan cuando se ha avanzado y mejorado. Debido a las políticas públicas implementadas en los últimos años con efectos muy significativos, la salud de los chilenos ha visto, por ejemplo, la caída de las muertes a causas de neumonía, que sumaban más de 2 mil 100 cada invierno hace ocho años y que se redujeron a mil 400; los principales beneficiados de esta mejora fueron los menores de un año y las mayores de 65 años.
También es importante mencionar el aumento en la cobertura de salud, en especial en materia de atención de primera instancia, con la construcción de 31 centros de salud familiar y 44 centros comunitarios de salud durante los últimos dos años. Todo esto apoyado con el consiguiente incremento en el equipo humano dedicado a la atención de las personas. De hecho, los funcionarios del sector salud han aumentado su dotación en casi 50% desde 2000 y en la última década se sextuplicó la inversión en capacitación del personal, lo que demuestra una estrategia orientada a mejorar su preparación y perfeccionar a los trabajadores para una atención óptima de los usuarios.
Con todo, sigue habiendo problemas, concentrados fundamentalmente en la gestión hospitalaria. Esto tiene dos vertientes, y las dos convergen en los desafíos que deberá asumir el nuevo ministro de Salud: la primera es el mejoramiento de la forma en que se manejan los recintos asistenciales, estableciendo sistemas que doten a cada hospital de herramientas para cumplir con sus objetivos y dejar evidencia de ello, de manera ordenada y eficiente. Hay varios, por ejemplo, que están dando pasos en ese sentido, con avances hacia la certificación de sus procesos bajo la norma ISO 9001:2000, con lo que se tendría un historial del servicio entregado, controlando y evitando la repetición de situaciones como las registradas en Vallenar o en Iquique.
Un segundo desafío tiene que ver con la educación de los usuarios, para que sepan discriminar cuáles dolencias pueden ser atendidas en un hospital y cuáles no, de manera de controlar y racionalizar la demanda por atenciones, derivando a los usuarios con problemas de menor complejidad a los consultorios y los centros de salud familiar.
Ambos retos en materia hospitalaria son parte de la política de salud y estarán en la agenda del ministro Álvaro Erazo. Son de tal importancia que deben ser tomados con un sentido de país, evitando aprovecharlos -como se ha visto en las últimas semanas- con afanes revanchistas o de zancadillas políticas, pensando en las próximas elecciones parlamentarias. La responsabilidad política que tanto se proclama, necesariamente debe ser mutua y para hacer denuncias o fiscalizar, opera tomando en cuenta los resultados obtenidos y enfocando dónde están realmente los problemas.