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  ¿Qué pasa cuando los países quiebran?

  ¿Qué pasa cuando los países quiebran?

  Primero fueron los prestamistas hipotecarios. Luego grandes bancos empezaron a tambalear. Ahora países completos, incluidos Ucrania, Hungría y Pakistán, enfrentan la ruina financiera. Allí está el Fondo Monetario Internacional para ayudarlos, pero sus bolsillos no tienen fondo. El recuerdo de la crisis argentina de 2001 pena sobre el mundo.

Domingo 9 de noviembre de 2008

"No, no hay razón alguna para que cunda el pánico", dijo a la prensa Alexander Lukyachenko, alcalde de Donetsk, una ciudad en el este de Ucrania con una población de algo más de un millón de personas. Durante generaciones, los residentes de Donetsk se han ganado la vida en las minas de carbón y las acererías cercanas, una industria más bien rentable en el pasado reciente. Donetsksta, el productor local de acero, tuvo 1.650 millones de dólares de ingresos el año pasado. Pero ese día 28 de octubre, tras una reunión con líderes empresariales, el alcalde tenía malas noticias: dos mil trabajadores metalúrgicos tendrían que ser despedidos. Lukyachenko no usó la palabra despidos, señalando que los trabajadores cumplirán "otros trabajos parecidos". Pero los hornos se han apagado uno tras otro. La industria química, segunda mayor fuente de ingresos por exportaciones de Ucrania, desfallece. En la capital, Kiev, hasta hace poco floreciente, la construcción está paralizada, mientras muchedumbres se apiñan frente a las casas de cambio, ávidos de convertir sus activos en dólares estadounidenses.

Donetsk está a 8.100 kilómetros de Nueva York y Wall Street, y a 2.700 kilómetros de Canary Wharf, el centro financiero de Londres. Pero ahora esas distancias son relativas. La crisis financiera mundial ha llegado a nuevo nivel. Ya no está limitada a bancos y compañías; se extiende como un incendio fuera de control y envuelve a economías completas. Ha llegado al Asia y a América Latina, a Europa oriental, Islandia, las islas Seychelles, Serbia y al país más austral del África, Sudáfrica. Inversionistas y especuladores por igual están quedando sin aliento. Algunos están retirando su dinero de los países en problemas, mientras otros están apostando a una continuada declinación y, al hacerlo, sólo aceleran la caída. Los bancos centrales tratan desesperadamente de detener la tendencia, pero en muchos casos la zambullida parece imparable. Al comienzo, parecía que la crisis se limitaría a Islandia. Pero ahora países como Ucrania, Pakistán y Argentina están mostrando ser casi igual de vulnerables. Pareciera que otro país se suma casi a diario a la creciente lista de naciones al borde del colapso.

Países sin dinero

Una bancarrota nacional no es sólo un concepto teórico. Argentina la experimentó en 2001 y Rusia tres años antes. Alemania ha quebrado dos veces en su historia más reciente, una en 1923 y la otra después de 1945. Un país ha llegado a esta etapa final cuando, por una guerra o por ostensible mala administración, se ha farreado toda confianza, ya no puede servir su deuda o convencer a nadie que le preste algo de dinero, no importa lo alta de la tasa de interés que prometa pagar. Es lo que le está ocurriendo actualmente a Islandia. En Reykiavik, la capital, el banco central subió su tasa prime en seis puntos, a 18%, hace dos semanas. Venezuela, donde la inflación también es alta, ofrece ahora 20% para estimular el interés en los bonos gubernamentales. Pero los inversionistas están evitando todo riesgo. Al final, las agencias calificadoras no tendrán otra opción sino degradar a los países-problema a su nivel más bajo como sujetos de crédito. Y cuando eso ocurra, los prestamistas no tendrán otra opción que tomar de vuelta gran parte de su dinero. Para los ciudadanos, la bancarrota nacional conduciría probablemente a una inflación masiva.

Los países descritos hasta hace poco como economías "emergentes", se encaminan a un viaje especialmente brusco. "El sueño de que saldrían incólumes ha llegado a su fin", dice Rolf Langhammer, vicepresidente del Instituto de Economía Mundial de Kiel, Alemania. Países como Rusia y Brasil deben sus recientes éxitos en gran parte al boom mundial de los commodities en los últimos años. Pero ahora los precios del petróleo, el cobre y el trigo han caído y ha comenzado a alzarse una gigantesca espiral de deuda. Las compañías y bancos que se endeudaron en el exterior en grandes sumas de dinero para sus inversiones ya no pueden seguir sirviendo sus pagos y los inversionistas retiran su capital. A medida que la divisa extranjera se hace escasa y las importaciones inabordables, las divisas de estos países van perdiendo su valor, lo que sólo aumenta la montaña de deudas. Según Stephen Jen, especialista monetario del Banco Morgan Stanley, el flujo de capitales a los países emergentes podría caer en más de la mitad (del actual nivel de 730 mil millones de dólares a 292-343 mil millones), si el crecimiento económico mundial cae a sólo 1% en 2009. La ruina de estos países, dice Jen, representa el nuevo "epicentro de la crisis global". Los países en mayor necesidad hacen fila para préstamos de emergencia del FMI. Pero todo lo que están haciendo es ganar tiempo (unas pocas semanas, tal vez hasta unos meses) con la esperanza de que la situación general mejore pronto.

El fantasma de Buenos Aires

Las señales de una bancarrota nacional en ciernes son abundantes y los banqueros en la capital uruguaya de Montevideo las conocen bien. A fines de 2001, fueron los primeros en ver el inminente crash en Argentina. Hombres viajaban a través del Río de la Plata desde Buenos Aires a Montevideo, llevando maletas llenas de dólares estadounidenses. Hacían largas filas en los bancos de la ciudad, depositando allí los contenidos de sus maletas en cuentas y cajas de seguridad. Uruguay es la Suiza de América del Sur, un refugio seguro para el dinero en tiempos de crisis. Nadie pregunta de dónde vienen los millones. Una vez que los empresarios argentinos hubieron trasladado sus dólares al extranjero, comenzó la segunda fase del colapso. El Gobierno argentino congeló todas las cuentas bancarias, fijando el máximo que un titular podía retirar en sólo 250 dólares a la semana: el llamado "corralito". Los pequeños inversionistas, que habían dejado su dinero en los bancos, fueron duramente golpeados. La última fase del desplome empezó en los suburbios de Buenos Aires. Después de que el consumo cayó en 60%, jóvenes empezaron a saquear los supermercados. En diciembre de 2001, 40 mil personas se concentraron frente a la Casa Rosada. Allí golpearon ollas y sartenes día y noche hasta que un enervado Presidente Fernando de la Rúa huyó en helicóptero.

La imagen del Presidente en fuga quedó fundida en la memoria colectiva de los argentinos. Marca la peor crisis financiera de los últimos cien años. El sucesor de De la Rúa dejó flotar libremente al peso, después de que estuvo una década pegado al dólar con una relación de 1:1. Decenas de miles de pequeños empresarios, que habían incurrido en deudas cuando un peso todavía valía un dólar, solicitaron la quiebra. El desempleo subió al 25%. Cinco presidentes pasaron por la Casa Rosada en sólo un año, hasta que Néstor Kirchner asumió la Presidencia en 2003. Kirchner informó a los principales acreedores internacionales del país que no podría pagar sus 145 mil millones de dólares de deuda externa. Expertos económicos han estado advirtiendo durante meses que Argentina nuevamente se dirige a una bancarrota nacional. Hombres están viajando una vez más a Uruguay con maletas llenas de dinero en efectivo. En el lapso de sólo tres semanas, más de 700 millones de dólares fueron sacados de las cuentas en los bancos locales. Los bonos del Gobierno han perdido más de la mitad de su valor y la inflación aumenta. Y el golpeteo de ollas y sartenes ha vuelto. La Presidenta Cristina Fernández cada vez se parece más al infortunado De la Rúa. La semana antepasada ordenó nacionalizar los fondos privados de pensiones, supuestamente para impedir que los fondos quebraran. Pero expertos económicos creen que el verdadero objetivo de Fernández al nacionalizar los depósitos privados -unos 30 mil millones de dólares- es evitar una quiebra del Gobierno. Su esposo Kirchner fue un líder más decidido en 2001. Desafió al FMI, que buscaba imponer medidas drásticas al país. Alienó a los acreedores internacionales ofreciéndoles comprar de vuelta los bonos del Gobierno en sólo un 25% de su valor nominal. Desde entonces, Argentina no ha recibido casi ningún préstamo del mercado financiero global.

En todo caso, el país se recuperó del crash con sorprendente rapidez. En los años recientes, la economía argentina ha crecido a tasas impresionantes, de 7 a 9%. A las primeras señales de un inminente fin del boom, el Presidente venezolano Hugo Chávez vino al rescate del país comprando bonos argentinos. Con los declinantes precios del petróleo, Venezuela misma se ve como otro candidato al desastre económico. Esto ha llevado a la Presidenta Fernández a buscar discretamente un acercamiento con el odiado FMI y el Club de París, en un intento por reconectar a Argentina al circuito internacional de préstamos.

El talón de Aquiles de la UE

Hungría es otro país al que la crisis financiera golpea duramente. Hasta hace poco, el Gobierno húngaro no habría soñado que se vería obligado a aceptar ayuda del FMI. Pero en los últimos días Hungría evitó apenas caer en la bancarrota nacional y sólo un paquete de rescate por 12.500 millones de euros -reforzados por millones más de la Unión Europea y el Banco Mundial- impidió que ello ocurriera. El incidente tiene significación histórica: Hungría es el primer país de la UE obligado a aceptar un préstamo del FMI de esta naturaleza. El diario conservador "Magyar Nemzet" escribe que la iniciativa convertirá a Hungría en "la única colonia del FMI" dentro de la UE.

La ayuda del Fondo es también casi la única esperanza de países como Ucrania y Pakistán. Pero ¿qué pasa si al FMI se le acaba el dinero? El organismo ya ha prometido distribuir 34.300 millones de dólares entre Islandia, Ucrania y Hungría. Esto es cerca de una quinta parte de los fondos de que dispone actualmente el FMI para esos fines, y Pakistán se cierne en el horizonte. Si el virus de la quiebra financiera sigue expandiéndose, los 172 mil millones de dólares actualmente disponibles para el FMI pronto se habrán agotado. Si ello ocurre, las principales naciones industrializadas tendrían que inyectar fondos adicionales y entregarle al FMI, posiblemente a través de préstamos, capital fresco para los países de alto riesgo. Difícilmente se interesarían los inversionistas globales. ¿Y qué pasa si la fuga de capital desde los países emergentes aumenta aún más la codicia de los especuladores? Ya llevan meses apostando no sólo a la ruina de los bancos y compañías de seguros, sino también a la extinción de países completos. "Hay sangre en el agua para los tiburones de los fondos de riesgo", escribió el diario británico "Sunday Telegraph", señalando que economías como la de Hungría son simplemente demasiado débiles para resistir. "Importantes actores del mercado de divisas, como los fondos de riesgo y los bancos, están apostando a una declinación mayor de las divisas de Europa oriental", sostiene Hans-Günther Redeker, del banco francés BNP Paribas. Los apostadores han puesto también sus miras en Ucrania, Polonia, la República Checa, Rumania y Turquía. Hasta Rusia, el paraíso de los recursos naturales, parece una apuesta atractiva, porque será difícil que pueda defender el rublo por mucho más tiempo.

El fantasma de Argentina pena al mundo entero. Incluso si los países ricos acuden en ayuda de las naciones afectadas, algunos gobiernos no sobrevivirán a la tormenta. Ni siquiera esto sería verdaderamente dramático. Pero si las naciones industrializadas deciden dejar a los países emergentes entregados a su suerte, el consiguiente incendio arderá indefinidamente.

Der Spiegel/The New York Times Syndicate

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