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  Un giro hacia el progreso

  Un giro hacia el progreso

  Hace casi tres décadas, el triunfo de Ronald Reagan sumió a EEUU en un frenesí de libre mercado sin límites y desprecio al Estado que pronto se tradujo también en un rechazo a las élites y los valores comunitarios. Fue la llamada "revolución conservadora". La elección del martes marca un fin a ese discurso y podría abrir las puertas a una nueva forma de entender la sociedad en el país más rico e influyente del planeta.

Domingo 9 de noviembre de 2008

El sobrio discurso que pronunció Barak Obama en el Grant Parck de Chicago, la noche de su triunfo, será recordado durante décadas. Lo primero que hizo el Presidente electo, antes de aparecer en el escenario con su esposa, Michelle, y sus hijas Malia (10) y Sacha (7), fue pedir que no lanzaran los fuegos artificiales que había preparado su campaña. El difícil momento que vive el país, en medio de la crisis económica, recomendaba seriedad. Y eso fue lo que se advirtió en sus palabras, en la forma cómo se dirigió al pueblo norteamericano, en su voz. "Esta es la cima de la montaña, ahora tenemos que llegar a la cumbre". No hubo exitismo ni dramatismo barato.

El triunfo de Obama, que ya muchos ven como el fin de una era y el principio de otra, significa, entre otras cosas, la ruptura con esa manera ostentosa de hacer política: los globos, las fiestas innecesarias, las costosas celebraciones y el triunfalismo. Es un cambio de rumbo que se estaba pidiendo a gritos, pero también es un cambio de tono.

Al repudio a una administración que ha dejado al país en su punto más bajo, tanto en el plano interno como en su imagen internacional, se une el repudio al camino que venía siguiendo Estados Unidos en los últimos tiempos. La generación de los sesenta, desilusionada con el devenir de las cosas, así como los más jóvenes, buscan una sociedad donde los contenidos importen más que las formas, un mundo donde lo que prevalezca sean las ideas, más que la competencia feroz para hacerse ricos. "Barack Obama es el Jack Kennedy de la generación de mis hijos", declaró Howard Dean, el presidente del Partido Demócrata. Y hasta ahora todo parece indicar que, efectivamente, Obama electrizó a la juventud tal como hace más de cuarenta años lo hizo John F. Kennedy.

Un giro hacia el progresismo

El país que empieza luego de la elección de su primer mandatario negro verá un fuerte resurgimiento de los temas relacionados con la energía, la salud, la educación, la cultura. Es probable que se escuche cada vez menos aquella frase "tal tipo vale tanto" para determinar quién y cómo es una persona. O "he did it", queriendo decir "lo logró, se hizo rico". El mensaje de hoy es claro: en medio de una terrible crisis económica, creada por las administraciones republicanas que ganaron con los votos de los pobres para reducir los impuestos de los millonarios, se inicia una etapa de recuperación de la sociedad, no sólo desde el punto de vista de la economía sino de los valores. Donde la inteligencia cuenta, la cultura cuenta, la educación es el pilar fundamental, la salud para todos es importante. Y eso no significa que el país se haya vuelto "socialista", como se dijo hasta el cansancio en la campaña de McCain. El mensaje fuera de las fronteras de Estados Unidos es igualmente fuerte: el país más poderoso del mundo optó por el progresismo.

Durante la campaña hubo republicanos Sarah Palin entre ellos que se burlaron de Obama. De su educación en Harvard, de sus grados en la universidad, de su cultura, incluso de su manera de comer (alimentándose apropiadamente y no con Mac sándwiches). Lo llamaron "elitista" y un tipo con el cual nadie quería estar en una barbacoa un día sábado. Pero en la medida en que el pueblo fue conociendo la inteligencia de Obama, su liderazgo en los momentos en que Wall Street se derrumbaba y la forma tranquila como manejó los constantes ataques de la campaña de John McCain, antiguos electores de los mismos republicanos, los hispanos, las mujeres y los indecisos fueron conquistados por el talento político, las ideas y la sobriedad del candidato demócrata.

Obama no sólo rompió con los prejuicios en contra de los negros sino con los prejuicios en contra de los intelectuales. El siguiente diálogo se escucha por estos días en las calles de las ciudades.

-¿Qué vamos a hacer con un presidente tan intelectual?

-Seguro que algo mejor de lo que hicimos con uno que no sabía leer.

No sólo se inaugurará la primera presidencia negra en Estados Unidos, sino una era en que el país volverá a sus valores más antiguos, los que el Partido Republicano también compartió durante décadas. Será un retorno a la época en que la clase trabajadora votaba por los demócratas porque sentía que ahí estaba su posibilidad de subir en la escala social. Luego se volvieron hacia los republicanos y empezaron a votar por los corredores de bolsa, pues sintieron que ellos representaban mejor sus valores familiares. Pero en la clase obrera estadounidense de hoy hay muchos que están dispuestos a tragarse las ideas más progresistas (matrimonio gay, derecho a elegir en el tema del aborto, investigación con células madre, etc.) con tal de recuperar la dignidad del país.

Navegar en la tormenta

Partiendo por un cambio de tono, de rumbo y de caras en Washington, lo que Obama se ha propuesto hacer cuanto antes es frenar la caída de la economía, poner término a la invasión a Irak, reducir los impuestos de la clase media, organizar un sistema de seguro universal de salud, iniciar un cambio radical en la política energética con acento en energías alternativas y mejorar el sistema de educación.

No son pocas tareas, no son menores y no hay plata: el déficit es de trillones de dólares. Ganar era la parte más fácil de la ecuación. Lo más difícil, gobernar, empieza hoy. Y cuando decimos hoy estamos hablando de ahora y no de enero, cuando Obama asumirá oficialmente el poder en la Casa Blanca. En los 72 días que faltan el presidente electo se ha propuesto no cometer el error que cometió Bill Clinton en 1992, cuando demoró hasta el último momento en nombrar al jefe de gabinete, al secretario del Tesoro y al jefe de la Reserva Federal. Al día siguiente la elección Obama ya tenía varios nombres en la palestra y trascendió que su equipo lleva más de cuatro meses organizando el gobierno de transición. En medio de una crisis de esta magnitud no hay tiempo que perder y Obama no piensa perderlo. Dos días después de ganar la elección ya había nombrado a Rahm Emmanuel (49) como su jefe de gabinete, mano derecha del presidente y el cargo más importante en el gobierno. Emmanuel es congresista, un estratega demócrata, conoce al dedillo el manejo de la Casa Blanca, fue consejero de Bill Clinton y se le considera uno de los representantes más capaces del Capitolio. Dentro de los próximos días se espera ver conformado todo el gabinete para dar comienzo a la transición y una fuerte arremetida para detener la caída de la economía.

El gobierno de los mejores

Durante su campaña, Obama prometió realizar un cambio profundo en Washington. Gobernar con gente nueva, renovada y progresista. Algunos de los primeros nombres que se mencionan para su gobierno no se ajustan exactamente a esa definición, pues se trata de personas que ya estuvieron en el gobierno de Bill Clinton. Pero hay dos criterios que se están tomando en cuenta. Primero: se hace campaña en blanco y negro, pero se gobierna en gris. Y segundo: se gobierna con los mejores. Barack Obama ha dicho que no se fijará en el partido de quienes escoja para gobernar, ni en el pasado político, o si estuvieron o no estuvieron en Washington mucho antes que él. La experiencia será importante y debe serlo, pues la situación económica lo requiere pero lo relevante será la calidad de los elegidos. Obama se dispone a gobernar con los mejores. Esta idea se encuentra acendrada de tal forma entre quienes lo apoyaron que sería raro y muy mal recibido si el criterio a la hora de escoger su gabinete respondiera a conveniencias políticas. "Eso no va a pasar", nos explica el activista y ex veterano de guerra Thompson Bradley. "Barack Obama va a gobernar como en su momento lo hicieron Abraham Lincoln y Franklin D. Roosevelt, con personas de los dos partidos cuya primera condición para estar ahí deberá ser la excelencia en el desempeño de sus funciones". //lnd

La Nación

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