
Viernes 14 de noviembre de 2008
Definitivamente, la derecha no puede renunciar a su estructura genética autoritaria. Rechaza todo aquello que implique participación, ejercicio de derechos, diversidad.
Con la ilusión de volver a ser Gobierno tras haberlo ejercido durante 17 años en dictadura, la dirigencia más tradicional de la Unión Demócrata Independiente (UDI) intenta evitar que se levanten opciones en ese partido dispuestas a disputarle a Sebastián Piñera la candidatura presidencial. Los bien denominados "coroneles" intentan poner orden, exigiendo a sus subordinados que se cuadren con las aspiraciones del postulante de Renovación Nacional (RN). Se resisten a medir fuerza con su aliado en primarias abiertas.
Comenzaron por hundir las pretensiones presidenciales del senador Pablo Longueira. La senadora Evelyn Matthei ha salido de escena luego de una aparición entusiasta en la última semana de la campaña municipal. Veremos si esa lealtad, que no tuvo Piñera con ellos en 2005, se mantiene hasta el final.
Al coro del autoritarismo se ha unido ahora el ex concertacionista Jorge Schaulsohn, que acudió a la UDI a darles garantías de que apoyarían al inversionista financiero. De esta manera, buscan evitar a toda costa que sus bases se pronuncien.
En Renovación Nacional, las cosas no están mejor. El presidente de ese partido, Carlos Larraín, está efectuando su máximo esfuerzo para desbancar a la secretaria general de esa colectividad, Lily Pérez, aduciendo que no puede ocupar ese cargo y ser parlamentaria a la vez, una característica que también tienen los secretarios generales de la UDI y del Partido Socialista. Incluso ha salido a relucir un supuesto doble sueldo, al que la parlamentaria renunció desde el comienzo. Este es el tipo de enredos al que nos tiene acostumbrado la Alianza y que debe ser superado a favor del prestigio de la actividad política.
Si las expresiones de autoritarismo quedaran sólo al interior de la Alianza el efecto sobre los ciudadanos sería menor. El problema es que la Alianza nos brinda cada cierto tiempo unas expresiones de conservadurismo extremo, como fue el rechazo del proyecto de Ley de Defensor de las Personas. El Ombudsman es una figura recurrente en los países desarrollados, que permite tener una última instancia cuando fallan los organismos de reclamación regular de las personas contra las reparticiones del Estado o las grandes empresas.
Por fortuna, ocho diputados de RN respaldaron la iniciativa, pero una vez más la UDI cerró el paso a la participación y bloqueó la iniciativa que requiere de quórum calificado de tres quintos. No es extraño que los parlamentarios de la UDI actúen así. Le temen a la participación, al ejercicio de derechos: está en su ADN.