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  Cochabamba: capital política del sur

  Los esfuerzos del Gobierno de Morales por construir una democracia cultural -esto es, una Bolivia no excluyente- se han traducido en una serie de políticas públicas.

Sábado 29 de noviembre de 2008


Cochabamba, ciudad boliviana situada a 384 kilómetros de La Paz, es una hermosa urbe enclavada a 2 mil 800 metros de altura en el corazón de América del Sur. Ciudad de contrastes, donde se reúnen la construcción colonial junto con modernas edificaciones y avenidas a las que dan vida su millón y medio de habitantes. Como en todos los rincones de Bolivia, aquí convive una multiplicidad de culturas bajo los brazos extendidos del Cristo más grande de Sudamérica, como nos lo recuerdan los orgullosos cochabambinos.

Por su situación geográfica privilegiada, al centro del continente sudamericano, y por su clima templado de eterna primavera, así como también por la genuina hospitalidad de su población y pujante desarrollo económico, que la convierten en la tercera ciudad en importancia en Bolivia, esta metrópoli ha sido nominada como la futura capital política del sur, sede del Parlamento de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur).

En la actualidad, Bolivia protagoniza uno de los procesos políticos y sociales más ricos e interesantes en toda la región. Bajo el Gobierno democrático del Presidente Evo Morales, las autoridades han planteado una Bolivia para todos. El cambio propuesto por los gobernantes actuales no ha estado exento de obstáculos y, ciertamente, plagado de polémica y de episodios violentos. No es fácil ampliar el horizonte de la democracia, política y cultural, dentro de una nación que ha conocido siglos de racismo, exclusión e injusticia.

Bolivia anida una cultura rica y diversa, compuesta por más de 30 etnias distintas cuya colorida riqueza viste las estrechas calles de sus ciudades y sus pueblos. Esta modernidad mestiza es compartida, en diversos matices, por toda América Latina; en estas tierras, empero, el contraste se hace mucho más que evidente. Hay una Bolivia rica y moderna, al estilo europeo o estadounidense, que contrasta con millones de bolivianos que viven en la miseria. Los esfuerzos del Gobierno de Morales por construir una democracia cultural -esto es, una Bolivia no excluyente- se han traducido en una serie de políticas públicas. En el ámbito educacional, destaca el subsidio "Juancito Pinto", que favorece a los niños pobres y cuyo objetivo es evitar la deserción escolar y acabar con el analfabetismo en el país. Contra lo que pudiera pensarse, este esfuerzo ha concitado el apoyo no sólo de los partidos políticos y los movimientos populares, sino el de muchos empresarios comprometidos con el desarrollo de su país, como es el caso de Saturnino Fernández en Cochabamba.

El pueblo de Bolivia lucha hoy por construir una democracia desde su singularidad histórica y cultural mediante una Asamblea Constituyente que ha culminado en una nueva Carta Constitucional para todos los bolivianos, la que será sometida a referéndum en las próximas semanas. Como nunca antes, el pueblo boliviano reclama la solidaridad y el apoyo de sus hermanos latinoamericanos en esta hora crucial. Unasur no puede ser sólo un gesto simbólico, sino que debe traducirse en una institución efectiva para la integración amplia de nuestros pueblos en defensa de los procesos democráticos de la región, muy especialmente en Bolivia que por estos días da el primer paso de una gesta histórica, política y social hacia su propia dignidad.

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