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  La llaga latinoamericana

  La llaga latinoamericana

  El último libro de este intelectual busca desbaratar la verdadera cara del proceso de globalización en los niveles del control del pensamiento y del poder económico. De reconocido prestigio en el ámbito académico internacional, el actual profesor de la Universidad de Duke propone entender cómo surge el concepto de América Latina para establecer hacia dónde se está caminando. A descolonizarse es el llamado en la era de la web 2.0.

Domingo 30 de noviembre de 2008


Difícil cosa para este pueblo al sur de Estados Unidos, como cantaban Los Prisioneros. América Latina no fue descubierta por Colón el 12 de octubre de 1492. Todo este inmenso jardín existía muy bien con los pueblos que vivían en el valle Anáhuac (territorio azteca), en Abya-Yala (actual Panamá) y en Tawantinsuyu (territorio inca). Lo que ocurrió a partir de la citada fecha fue la expresión dominadora de una modernidad surgida en la Europa del siglo XVI, que buscó encender su propio proceso de desarrollo a costa de este -para ellos- nuevo continente.

Tanto el concepto de América como la idea de América Latina corresponden a visiones ajenas a la identidad propia de esta zona y obedecen más bien a las diversas lógicas de amoldamiento que recibió durante la etapa colonial, para servir de mejor manera a los intereses de los dominadores.

Primero los europeos y luego la elite criolla conforman esta actual cáscara moderna en la que subyace una sólida y aún ebullente realidad colonial, por más que se quiera esconder, ocultar o negar. Si no, que lo digan los desplazados que salieron tras Marcos en México o tras Evo en Bolivia. En rigor, en todo el continente esa historia original no ha dejado de latir, aun pasados ya poco más de quinientos años.

Estos son los temas que estudia y analiza Walter Mignolo, intelectual español-mexicano que desde su posición de profesor de la Universidad de Duke (Estados Unidos), conversa con LCD. Cada cierto tiempo, este autor va poniendo dedos en las llagas de América Latina que, como lo planteó hace tres décadas Eduardo Galeano, no han dejado de estar abiertas.

-Con su libro pasa una cosa muy particular: habla de historia, pero no es necesario remitirse al pasado para entenderlo: basta con encender la TV y ver cómo la modernidad y la colonialidad se enfrentan en Irak o Afganistán, por citar un par de ejemplos...
-Efectivamente, además de ilustrar las formaciones y transformaciones en América dentro del concierto global, esa fue la intención. Lo que usted menciona son dos ejemplos de la pervivencia de la colonialidad, esa lógica de control colonial o matriz colonial de poder que se formó en el proceso de conquista y colonización de América, que se expandió a partir de ahí. Fíjese que en esta tesis la modernidad se forma históricamente en el siglo XVI y en el Atlántico, no en la Europa de la Ilustración. Ha sido señalado ya varias veces cómo Hitler aplicó al hombre blanco europeo todo un aparato de control que había sido antes aplicado sólo a la población no europea...

-Centrándonos más exactamente en la temática de su publicación, ¿cómo es posible que un hecho casual, es decir, encontrarse frente a un continente nuevo sin saberlo por parte de los europeos, se transforma -finalmente- en el motor de una época?
-La respuesta a su pregunta reside en la construcción de un relato -a partir de Cristóbal Colón y Américo Vespucio- que pudo imponerse globalmente en los procesos confluyentes de una radical transformación epistémica y económica que ocurrió en el siglo XVI, debido a la emergencia de los circuitos comerciales del Atlántico y a la fundación histórica del capitalismo como lo conocemos hoy. Además, esa confluencia estaba motivada por el gran deseo y la gran frustración de la cristiandad occidental, después de haber perdido su centro, Jerusalem, en la derrota de las Cruzadas, aspecto que motivó su deseo de expansión para compensar la derrota. En fin, la confluencia entre control epistémico, o del pensamiento, y el control económico en la expansión de Occidente es la principal explicación al hecho de que una casualidad se haya transformado en el paradigma dominante hasta hoy.

-¿Es posible emular ese mismo impacto, pero al revés? ¿Existe alguna posibilidad de que, entendiendo que todo el "descubrimiento" del nuevo continente fue más bien una "invención", pueda surgir un discurso tan poderoso como el que ha marcado estos más de 500 años?
-Esta es, realmente, la pregunta del millón. Para empezar, ubicarnos en uno u otro paradigma es crucial. Si nos ubicamos en el paradigma del descubrimiento nos ubicamos en el de la verdad y la objetividad sin paréntesis. Si nos ubicamos en el paradigma de la invención, estamos ya en el de la verdad y la objetividad entre paréntesis. Ambos pertenecen a Humberto Maturana. En el primer caso, operamos a partir de la afirmación: así pues es el mundo y nos arreglamos a partir de ese hecho. El segundo comienza por la negación. No, el mundo no es como parece ser, fue construido así por tales actores, instituciones, intereses, propósitos y -a partir no del reconocimiento del "así afirmativo del mundo" sino del "así fue construido por tales y cuales por tal y cual razón"- nos ubicamos en la negación a partir de la cual comenzamos otra historia, metafórica, epistémica y política. Ese es el punto de partida del pensamiento des-colonial. La negación des-colonial parte de la negación de las tecnologías de colonialidad.

-¿Y qué se puede hacer, entonces, ante la necesidad intrínseca de generar identidad propia en este continente?
-La verdad es creo que se está haciendo. Si no, el planteo de mi libro no hubiera sido posible. O hubiera sido una posibilidad teórica. América -desde el Sur al Norte- fue formada demográficamente en la época llamada colonial por los habitantes originarios, en su diversidad; las migraciones europeas en su diversidad (castellanos y portugueses en América del Sur, ingleses en la del Norte, holandeses en el Caribe) y por la diversidad de poblaciones de África, distribuidas entre los dominios imperiales europeos durante la colonia y los estados moderno/coloniales y uni-nacionales. Estos últimos formados y manejados por la elite latina que dejó de lado las naciones formadas por afro-descendientes y las naciones indias coexistentes desde la colonia.
La elección de Evo Morales y de Barack Obama a la Presidencia no son casuales. Lo votaron no sólo indios y afros, respectivamente, sino blancos también. Y sus proyectos no son sólo para indios y afros, sino para todos, para todas las naciones que conviven en los estados. Ambos casos están enraizados en la historia colonial de las Américas, aún cuando USA haya pasado de su pasado colonial a su presente imperial.
El problema ahora es la des-identificación y sus consecuencias. Este proceso ya ha comenzado. Se está constituyendo la Unión del Sur y no la Unión Latinoamericana. Ello debido a la redistribución geo-política de la cual México pertenece ya más a la América del Norte. Por otro lado está la cuestión de que la "latinidad" de indios y afros no es la misma que de la población de descendencia europea o mestiza. Para las naciones indias, el continente es Abya-Yala, no América Latina. Los afros continentales han empezado a hablar de La Gran Comarca, una territorialidad que atraviesa los estados nacionales "latinos". Las comunidades afro en Colombia y Ecuador, por ejemplo, forman comunidades coexistentes con las comunidades de los blancos y blancas "latinas." En fin, una de las consecuencias es el proceso hacia la constitución de estados pluri-nacionales, como está ya escrito en las nuevas constituciones de Bolivia y Ecuador.

-Usted plantea que para la construcción lógica de los pueblos indígenas es posible la coexistencia de opuestos, sin que uno niegue al otro, muy por contrario a la postura europea que dominó el continente. Habla incluso de "dualismos complementarios". ¿Por ahí va la alternativa?
-No se trata de opuestos, sino de diferencias que coexistieron por 500 años en relaciones diferenciales de poder. Ya no es posible hablar de una "pureza" india o afro. Y en cuanto a la población de descendencia europea, no sólo la convivencia con afros e indígenas ha operado en su diferencia con Europa, sino que la historia colonial misma. Tampoco se trata aquí de "dualismo complementario". Hablo de ello para referirme solamente a la cosmología quechua-aymara que, a diferencia de la cosmología europea, se constituye mediante la complementaridad: femenino-masculino; luna-sol, etcétera; en vez de oposición. La nueva Constitución de Bolivia asume la coexistencia de la democracia liberal y la democracia de ayllu. Esto es la forma originaria europea-colonial en la construcción del Estado moderno/colonial y la forma originaria india, desplazada y negada a partir de la colonial. El debate sobre los estados pluri-nacionales es el proceso que ya no es alternativo, sino que simplemente es. Puesto que si decimos "alternativo" aceptamos ya que la norma es el Estado moderno/colonial y luego hay alternativas. Se trata de un vuelco en el sentir y el pensar. Por ahí creo que está yendo la cosa. Y ya no hay modelos. Solo horizontes.

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