
Domingo 7 de diciembre de 2008
-Recuerden que esto es sólo para mujeres -advierte el asistente del productor general de la Silicon Party a las promotoras que están cuidando la tómbola, a la entrada del Teatro Caupolicán.
Las promotoras, dos chicas normales, para nada atractivas, asienten con la cabeza. Ambas lucen un enterito en donde se puede leer con letras naranjas "Silicon Party". Esto, como alguno de ustedes saben, podría ser una fiesta del montón, a no ser porque en unas horas más se rifará una mamoplastía entre todas las asistentes, lo que provocó que el diputado UDI Juan Lobos cuestionara este tipo de fiestas, que en Argentina ya están prohibidas.
Pendones, promotores y promotoras abordan a las mujeres que lentamente van llegando a la fiesta. Cirumed, elimina tus arrugas; Baños Turcos Miraflores; Centro de Extensiones Top Style, y el Instituto de Inglés Koe, que también sorteará un curso de inglés, o al menos eso dicen sus promotores, que llenan fichas con datos de mujeres. Uno de estos chicos bromea:
-Nunca había tenido tantos números de minas.
-En una de ésas hasta los podís vender -sugiero.
-Estái más loco, los quiero pa' mí.
Pese a lo que se pueda imaginar, la fiesta no es una locura. En otras palabras, no hay tanto interés como el productor general de esto, Tomás Pérez, creía. Tal vez por eso él se pasea nervioso de un lado para otro, seguido de cerca por un equipo del programa de televisión "Cara & Sello", de Mega. En un momento de descuido lo abordo para consultarle qué le diría a todos aquéllos que dicen que esta fiesta apela a la superficialidad.
-Mira, me han llegado tantos correos electrónicos de gente común y corriente que pienso que esta fiesta está dando la oportunidad de operarse a todas aquellas mujeres que no cuentan con el dinero para hacerlo.
Bonitos sentimientos los de Tomás, pero insisto y le pregunto si no cree que la cirugía plástica debería estar incluida en el Plan AUGE.
Cuando es reconstructiva sí, pero cuando es estética no -responde, y la galería imaginaria que tiene frente a sí aplaude de pie.
-Por último, si tuvieras la oportunidad de operarte, ¿qué te harías?
-El abdomen, Gonzalo, como todo hombre.
Las mujeres del circo
Andrea y Camila son una pareja de amigas. Andrea es secretaria computacional y confiesa que se haría una "lipo" y una mamoplastía, mientras Camila dice que vino a encontrar "algo". Sandra, por otra parte, es una chica atractiva, que pronto se pondrá a bailar en el lobby, pero igual tiene su ticket que da derecho a concursar por los implantes de silicona. Para eso hay que depositarlo en una tómbola que cuidan dos promotoras.
-En todo caso, no me pondría tanto como la Adriana Barrientos o la Marlen -dice
Sandra-, porque a los hombres no le gustan los pechos tan grandes.
-¿Estás segura?
La respuesta queda en el aire, porque una madre y sus dos hijas llaman mi atención.
-¿Todas vienen por el premio?
-Sí, de todas maneras -contesta la madre.
-¿Y qué opina el papá?
-Feliz -dice la hija mayor-, se quedó en la casa acostado.
La madre adquiere repentinamente un gesto adusto o, podríamos decir, de mujer madura que sabe lo que quiere.
-Yo creo que todas las mujeres pasados los treinta y cinco años están en edad de "amononarse", y esta es una buena oportunidad para aquellas mujeres que no tienen plata.
No sé por qué las mujeres de esta fiesta piensan que una mamoplastía es un derecho.
Anabel y Lorena son las dos promotoras de Silicon Party que cuidan la tómbola donde están los tickets. Anabel es rubia y tiene senos naturales, mientras que Lorena es morena y usa implantes de silicona. Le consulto a Anabel por su inconsecuencia.
-No sé a qué te refieres.
-No se supone que si eres promotora de esta fiesta deberías usar implantes.
-No los necesito -dice Anabel, mirándose sus tetas. Al pensar en la palabra tetas, desconozco por qué las mujeres prefieren llamarlas pechos, busto o senos, si las tetas son tan ricas.
Lorena interrumpe a Anabel para decir que en su caso los implantes ayudaron a subir su autoestima.
-Se podría afirmar entonces que la autoestima está en directa relación al tamaño de las tetas, sean éstas falsas o naturales.
-Gracias a Dios, sí.
Electra y los rumores
Ya es medianoche y la fiesta parece recién tomar cuerpo. Quizá por eso cuando diviso a DJ Electra voy tras ella. Sin embargo, la famosa DJ se me escabulle y por unos instantes no sé dónde se ha metido. Después de unos minutos la encuentro en la Sala II de la fiesta, un ambiente más íntimo, en donde DJ Electra mezclará sus discos sin darse cuenta de lo que ocurre afuera. De todos modos la alcanzo para preguntarle si está de acuerdo con que la autoestima va unida al tamaño de las tetas.
-Déjame mezclar un tema antes.
Mientras ella mezcla, yo aprovecho para observar su vestidito color caqui, sus piernas algo gruesas, sus botines en pleno verano, su pelo y, desde luego, sus tetas.
-Yo creo que las mujeres se operan por distintos motivos: por estética, por salud.
-¿Y tú, por ejemplo?
-Yo di "papa" un año y medio y mis pechugas quedaron atrofiadas. Por eso me operé.
Pienso que se le ha subido la silicona a la cabeza, porque responsabilizar a su hija de su mamoplastía resulta del todo desproporcionado.
-En todo caso -advierte con la mirada ida-, lo haría mil veces.
La conversación cambia de curso cuando ella me observa mis nudillos heridos.
-¿Qué te pasó?
Como la historia es larga, abandono la sala y regreso al lobby, en donde el flujo de gente se ha estancado. Echo un vistazo al interior del teatro, a la pista, donde se supone la gente debería estar bailando y bebiendo, y sólo veo personas sentadas, como en esas fiestas escolares de los años ochenta. Una de esas personas sentadas es Carolina, a quien le hago una pregunta que acabo de inventar.
-Hay rumores de pasillo que dicen que el concurso está arreglado. ¿Qué te parece?
-Puede ser verdad, porque en estos concursos una nunca sabe.
-¿Por qué viniste entonces?
-Yo vine por otra cosa -aclara Carolina y luego se aleja abrazada a un tipo.
Rubio tostado natural
Es más de la una de la mañana y por fin la gente -en un número no superior a cien- baila en la pista. Arriba del escenario, el animador, un tal Fabián, intenta animar al resto:
-¡El que no salta es pokemón!
Nunca imaginé que el famoso grito de protesta contra Pinochet podría ser adaptado con el término pokemón.
Esta noche -prosigue el iconoclasta animador- se regalarán pechugas aquí, en Silicon Party 2008. Saludos a Telemundo, Miami.
Como no creo en eso que decían los chofer de micros ("las vueltas son las que dan"), decido hablar con el productor general y pedirle que me deje ingresar al backstage o VIP.
-Ni un problema -responde Tomás Pérez y me conduce al VIP.
En el camino me saluda el periodista Werne Núñez, que acaba de sacar un librito de crónicas, y nos sigue. Al llegar a la puerta, donde hay un guardia, Tomás me consulta quién es el rubio chico tostado natural, y yo como buen sapo le informo. De este modo Werne Núñez se escabulle hasta el VIP.
-Ahora estoy bien cambiado -me cuenta Werne a pito de nada-. Ahora ando con una peloláis.
-¿Y tiene tetas naturales o de silicona?
-Naturales, pero ese no es el tema.
Obvio, siempre el tema es otro: cuando uno quiere preguntarle algo a un periodista o cronista, éste sale con otra cosa.
Pronto el VIP, que es una prolongación del escenario, estará lleno de periodistas y de gente. Ese pronto repentinamente es ahora, cuando el reloj de mi celular marca diez minutos para las dos.
-¿Qué va haber ahora? pregunta en el escenario una peloláis, que no es la polola del cronista rubio tostado natural.
-Un desfile, por lo que me dijeron -contesto y luego digo: ¿Viniste por las tetas?
-No, ¡cómo se te ocurre!
Farándula a goteo
Después de una breve coreografía, en la que participaron un ex chico "Rojo" y una chica "Yingo", ha llegado Miguel Piñera en compañía de ese modelo calvo y musculoso llamado Álvaro Casanova. El Negro abraza a Casanova con más que ternura, pero yo no me quedo en esto, sino en un futbolista de Universidad Católica que acaba de subir al escenario. Se trata de Luchito Núñez. Cuando le anuncio que Hoppe le sacará una fotito, él casi se desmaya.
-No puedo, tío -responde-. Lo que pasa es que mi señora jura que estoy concentrado con la UC en Viña del Mar. Por favor, tío, no me saque la foto.
La última vez que alguien me trató de tío fue Mauricio Castillo, y lo hizo para sacarme plata a la mala, así es que sólo le creo a medias al futbolista, que a estas alturas bebe junto a sus amigotes una botella de whisky. Pero Luchito no es el único futbolista que está aquí; también ha llegado Rodrigo Pérez, ex seleccionado nacional.
Miro otra vez el reloj de mi celular: son las tres y media y ni siquiera ha empezado el desfile prometido con Marcia Sáez y Belén Hidalgo. Tengo sueño, hambre y algo de frío. Así es que en medio del bailoteo desaparezco sin que nadie lo note.
Al salir del Teatro Caupolicán ya no me importa que no haya alcanzado a ver a la ganadora, una chica de dieciocho años. Tampoco me importa lo que Adriana Barrientos, el emblema de esta Silicon Party, pueda decir con respecto a los beneficios de la silicona, ya que en su caso los resultados están a la vista: a más centímetros cúbicos menos neuronas. En otras palabras, ponerse tetas es como fumarse varios pitos a la vez. Pienso en esto un segundo y me dan unas locas ganas de ponerme tetas. //LND