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  Un debate vital: cómo reducir las emisiones de CO2

  Un debate vital: cómo reducir las emisiones de CO2

  Es una ceguera incomprensible pensar que, por ejemplo, un país puede deforestar sus bosques sólo porque es pobre. Quienes lo hacen no sólo siguen en la pobreza, sino que además pagan una prima en vidas y bienes muy superior a los beneficios que obtienen en el corto plazo.

Domingo 7 de diciembre de 2008

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31 kbLa abrumadora mayoría de los países del mundo, 190 de ellos, han enviado representantes a la reunión de Naciones Unidas sobre cambio climático. Los millares de delegados tienen la delicada misión de preparar la continuación del Protocolo de Kyoto, llamado así pues fue en esa ciudad japonesa donde, hace 11 años, se fijaron algunas metas para disminuir las emisiones de gases de invernadero. En los hechos, sin embargo, muchos países, con Estados Unidos a la cabeza, se negaron a asumir compromisos concretos.

Los emisarios, reunidos en estos momentos en Poznan, Polonia, tienen más conciencia sobre la gravedad de la situación medioambiental que hace una década. Glaciares y nieves se derriten a gran velocidad. Los regímenes de lluvias cambian y se multiplican los eventos climáticos catastróficos, como huracanes más intensos que los conocidos en el pasado reciente. En Poznan se deben sentar las bases para un tratado permanente que será sometido a la ratificación de los gobiernos en Copenhague, la capital danesa, a finales de 2009, cuando expira Kyoto.

Hay razones para el optimismo. La elección de Barack Obama a la Presidencia de Estados Unidos, por ejemplo, marcará un viraje considerable. El Presidente George W. Bush mantuvo un permanente sabotaje a la búsqueda de un enfoque global sobre el tema. Su postura consistió, en parte, en negar la gravedad de la situación y, proponer, en cambio, soluciones técnicas que nunca se acercaron siquiera a resolver la magnitud del problema. Obama, al menos, habla otro lenguaje: "Es ahora o nunca que debemos enfrentar este desafío. No podemos continuar negando las causas del calentamiento global, las consecuencias potenciales son demasiados graves". En algunas semanas más, el hombre que pronunció estas palabras estará instalado en la Casa Blanca y ya ha dado señales de que aumentará las exigencias a las empresas automotrices para que reduzcan las emisiones de todos los vehículos que fabrican. De hecho, se aplicarán las normas exigidas en la actualidad por California y otros estados norteamericanos, que Bush vetó durante su mandato.

También hay razones para el pesimismo. En tiempos de crisis, el empleo y las medidas de emergencia para evitar los impactos sociales pasan a primer puesto. Ante la incertidumbre económica actual, muchos gobiernos prefieren ser cautos a la hora de asumir compromisos costosos, como grandes cambios en ciertos procesos productivos. Ya en Poznan varios países europeos, como Alemania, han bajado el alcance de sus exigencias. Dicho sea de pasada, ya que estoy en Berlín, durante una visita a la bancada verde en el parlamento teutón me enteré que, esta semana, la Democracia Cristiana (DC) se pronunció en forma categórica en contra de la construcción de centrales atómicas para la producción eléctrica. Concretamente, la DC alemana señala: "Entendemos la energía nuclear como una tecnología de transición y por eso no deseamos que se construyan nuevas centrales nucleares en Alemania".

En lo que respecta al dióxido de carbono o CO2, el más importante de los gases de efecto invernadero que provoca el calentamiento global, los británicos han asumido la postura más comprometida con la reducción de las emisiones. Su Comité sobre Cambio Climático (CCC) propone una baja de 42% para el año 2020. A diferencia de propuestas anteriores, esta es más precisa y señala que ya para 2012 las emisiones deberían bajar en un 22%. En materias internacionales, los diplomáticos diferencian de inmediato las declaraciones genéricas de intenciones, en las que todos pueden concordar, de las propuestas con fechas y compromisos verificables. La iniciativa de Londres, que cuenta con el respaldo del Primer Ministro Gordon Brown, será sometida a un control regular por parte del Parlamento. Para lograr la meta, el CCC británico propone realizar grandes inversiones en las energías renovables, en la nuclear y en tecnologías para capturar las emisiones de CO2. ¿Resultará muy caro alcanzar estas metas? Sí. El CCC estima que para ello los británicos deberán destinar nada menos que un uno por ciento de su producto interno bruto, hasta 2020. Esto es una cantidad considerable y muchos países en desarrollo, como son los latinoamericanos, suelen argumentar que estos son lujos que sólo se pueden dar los países ricos. Consultado sobre los costos que tendrá para Londres la baja de las emisiones, uno de los responsables del CCC respondió: "Es muchísimo menos caro que las consecuencias del cambio climático". Esto es aún más válido para los países pobres que sufren con mayor virulencia los embates de huracanes e inundaciones. Basta con ver los costos en vidas en Haití, el Caribe, Centroamérica y varios países sudamericanos. Es una ceguera incomprensible pensar que, por ejemplo, un país puede deforestar sus bosques sólo porque es pobre. Quienes lo hacen no sólo siguen en la pobreza, sino que además pagan una prima en vidas y bienes muy superior a los beneficios que obtienen en el corto plazo. En materias medioambientales, el pan de hoy bien puede ser el hambre de mañana. //LND

 

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