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  La renuncia de Lagos

  La renuncia de Lagos

  En la renuncia de Lagos debe haber gravitado mucho más la observación del estado de las propias huestes que el temor al adversario. Probablemente imaginó la forma en que tendría que enfrentar el reto y llegó a la conclusión de que nadie está obligado a lo imposible.

Domingo 7 de diciembre de 2008

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25 kbMuchos chilenos experimentaron un sentimiento de pérdida al enterarse de la decisión de Ricardo Lagos de no ser candidato presidencial. Se trata de gente que valora su trayectoria política y aprecia la obra de su Gobierno. Allí hay miembros de todos los partidos de la Concertación, pero especialmente independientes, concertacionistas sin filiación, que se identifican con el movimiento de centroizquierda que ha hecho progresar a Chile como nunca antes. Hay que repetirlo: si los últimos 18 años son el período de mayores avances del país en toda su historia, el sexenio de Lagos fue una etapa fundamental. Con el tiempo se aquilatará mejor el valor de sus realizaciones.

Tiene que haber sido muy difícil para el ex Mandatario adoptar la decisión de no competir. Aunque nunca mostró real entusiasmo frente a la eventual candidatura, sentía el peso de la responsabilidad por el rumbo del país y, naturalmente, por la suerte de la coalición que ayudó a fundar. Pero estaba consciente de que debían darse muchas condiciones y que el deterioro de los partidos era muy agudo.

Lagos era la figura concertacionista que recibía mayor apoyo en las encuestas. Para cualquier otro político, eso habría sido suficiente para lanzarse a la competencia. No lo fue para él. Hoy se entienden mejor las condiciones que planteó en la declaración del 12 de noviembre. Era esencial que los partidos y los parlamentarios de la coalición se comprometieran a actuar leal y disciplinadamente junto al candidato elegido y eventual Presidente, y era crucial reafirmar la noción de gobierno suprapartidario.

Frente al retiro de Lagos, no está de más recordar la primacía de los derechos individuales. Los políticos son seres humanos como todos, con las virtudes y los defectos de cualquier persona (salvo que son más notorios debido a la exposición pública). Tenía, pues, pleno derecho a seguir el camino que la mente y el corazón le indicaran.

El lunes pasado, nos atrevimos a decir que él era "prisionero de las circunstancias" y que no tenía una "alternativa óptima" ante sí. Visto desde las necesidades del país y de la exigencia de que el capital del reformismo progresista no se desvaneciera, era comprensible que mucha gente deseara que él volviera a encarnar la voluntad de articular el empeño por la prosperidad económica con la lucha por la justicia social. Pero visto desde su perspectiva personal, a una edad en la que los tironeos deben ser muy desagradables y es necesario cuidar la calidad de vida, puede entenderse que haya resuelto marginarse de la competencia.

Es natural que un político calcule los costos de dar una batalla de resultado incierto. Pero en la renuncia de Lagos debe haber gravitado mucho más la observación del estado de las propias huestes que el temor al adversario. Probablemente imaginó la forma en que tendría que enfrentar el reto y llegó a la conclusión de que nadie está obligado a lo imposible.

La cohesión y la eficacia de la Concertación no son las de los primeros tiempos. Los proyectos individualistas y las pugnas intestinas la han dañado seriamente. ¿Está terminada como coalición? No lo está, a pesar de todo. Y si sigue viva es porque los ciudadanos así lo han decidido. En octubre, volvió a emerger como la principal corriente política del país. Jorge Schaulsohn dijo que la Concertación ya no existía, pero en realidad esa es la forma de encubrir su apoyo a Piñera.

Lagos tiene un patrimonio político que defender en Chile y en la región. Es una figura respetada internacionalmente. Se le identifica como uno de los principales representantes del progresismo moderno, ajeno al populismo, que rechaza todas las formas de arcaísmo y se compromete a la vez con el desarrollo sostenible y la sociedad de garantías; que apuesta por las fórmulas de progreso que integran el emprendimiento y la acción de un Estado inspirado en la cultura de la solidaridad. Ese patrimonio debe consolidarse con vistas al futuro.

Y ahora, ¿qué? La elección presidencial no está definida. Ojalá la Concertación se sobreponga a los partidismos esterilizantes y pueda convocar a la mayoría del país a profundizar el camino de progreso de estos años.

Sigue habiendo en Chile una mayoría que no se identifica con la subcultura de derecha. Piñera representa, como dijo Lagos, las fórmulas que fracasaron en EEUU y han provocado la crisis internacional. Esa mayoría no aceptará, así como así, que la derecha tenga el camino despejado el próximo año.

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