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Lunes 8 de diciembre de 2008
Maliki es una chica sin nada claro en la vida, siempre con sus orejas de gata, algunos kilos de sobrepeso y detrás de alguna felicidad poco duradera. Las vicisitudes de su vida quedaron plasmadas en páginas y páginas del semanario The Clinic, donde perdió una y mil batallas con su parlanchina y traidora vagina.
Su autora es la artista nacional Marcela Trujillo y esas historias que plasmó en el cómic hablan de "mi vida como madre, como madre separada, como profesora de arte, como artista visual de 40 años. Me río de mí misma todo el rato", adelanta quien nombró a su nuevo trabajo "Maliki vs. Trukillo", que en definitiva es ella misma, solamente que tiene orejas y una ampolleta en la cabeza que representa su imaginación.
Pero en esta revancha que tendrá como campo de batalla el terreno del arte (desde el 19 de diciembre en la Galería Gabriela Mistral, Alameda 1381), Maliki no estará sola. La acompaña Trukillo, que no es otra cosa que la firma que Marcela ponía en sus cuadros antes de irse a estudiar a Nueva York.
Eso porque la exposición representa las dos áreas en el arte que le interesa desarrollar. "Mientras hacía los cómics en The Clinic no podía pintar porque me dedicaba solamente a eso y cuando pintaba no hacía los cómics. Entonces, en esta exposición me decidí a hacer las dos cosas juntas. Puse al cómic dentro de un parámetro artístico y ahora veremos si funciona", explica.
DOBLE ESTÁNDAR
"Maliki vs. Trukillo" nace del doble estándar de Marcela en el arte. "Básicamente pintar, exponer, vender cuadros, estudiar la historia del arte, ser alumna y ahora profesora de una escuela de arte, versus mi trabajo como ilustradora y dibujante de cómics, que comenzó en el mismo momento en que me inicié cuando estudiaba arte", explica la artista más conocida por sus cercanos como Trukillo.
Y es que antes de esta nueva exposición, siempre trabajó paralelamente entre estos dos mundos (pintura-cómics). Sin embargo, ahora agregó un tercer medio, el audiovisual, con la animación de un cuento en 2D hecho cuadro a cuadro, con dibujos que se mueven en fondos como los de "Popeye" o "Betty Boop".
¿La razón? "Siempre me han gustado las animaciones y cuando estuve en Nueva York tomé un curso, muy corto, pero aprendí un poco la técnica", recuerda. Y con estas tres técnicas en mente, comenzó a trabajar en el proyecto, donde las pinturas y los cómics contarán una historia y la animación la misma, pero en dos minutos, de una manera más sintética y simbólica.
Según la curadora de la muestra, Catalina Mena, el trabajo de Trujillo "desdobla en múltiples personajes y voces que desnudan sus contradicciones. Ridícula y ramplona, enrollada y torpe, doméstica y banal, se ríe de sí misma y se expone -en todos los sentidos de la palabra- afirmando el humor como estrategia de resistencia contra el exceso analítico que inhibe la líbido del arte". LN