
Lunes 8 de diciembre de 2008
"La idea del emprendimiento siempre estuvo latente en mi vida". Esta frase resume el espíritu de un pequeño empresario que se atrevió a dejar un trabajo fijo para desarrollar su interés en crear.
Corría el año 1999 y Celso Molina se ganaba la vida vendiendo seguros. Paralelamente, incursionaba en el negocio de las plantas, a las cuales les sacaba fotografías para ofrecerlas a los clientes en una mejor presentación. En este afán comenzó a fabricar marcos de madera, instante en que se dio cuenta de su facilidad para trabajar con este material.
Muchas personas se interesaron en los marcos que elaboraba Celso, lo que le dio la excusa que necesitaba para dejar su labor en la aseguradora e incursionar de manera independiente. "A pesar de que me iba bien, me di cuenta de que no me gustaba ser empleado, aunque fue mi escuela para aprender a vender y saber cómo llegar al cliente", cuenta este técnico agrícola de profesión.
En un taller de sólo 25 metros cuadrados comenzó una nueva etapa de su vida. Allí conoció al artista visual Alfonso Fernández, quien le mandaba a enmarcar su trabajos, oportunidad que le permitió conocer a toda la red de clientes del artista, como coleccionistas y empresas.
"A las empresas les propuse hacer algunos regalos corporativos y empezamos con algunos objetos. Junto con ello, me mandaban a hacer muebles a pedido. Todo con la idea de innovar en materiales, en diseños, lo cual se fue dando de una manera autodidacta", explica.
Para el 2003 ya tenía cuatro personas trabajado en un taller de 50 metros cuadrados. "Entonces llegó la posibilidad de hacer gabinetes para máquinas de entretenimiento. Un importador traía su aparataje electrónico y así nació la marca Virtual Box". Este negocio pasó de entregar 40 unidades mensuales a 500, considerando video juegos, máquinas de azar y Wurlitzer.
La consolidación
La alternativa de tener una línea de fabricación industrial le permitió a Celso experimentar con más tiempo y dinero en productos más innovativos y con mayor valor agregado. "Me daba cuenta de que había mucho potencial creativo dentro del grupo de trabajo. Como el negocio de los gabinetes funcionaba bastante bien me daba la posibilidad de tener energía y tiempo para desarrollar otras cosas. Así nació la idea de experimentar con el vidrio, a través del famoso pegado ultravioleta y, con nuestra experiencia en madera, decidí trabajar con estos dos elementos", señala.
Bajo esta premisa, a principios de este año participó en el programa Aplica Diseño de Sercotec y DuocUC, experiencia donde trabajó con alumnos de diseño gráfico e industrial en la creación del primer prototipo y en el nombre de su nueva línea de productos: Creatio: Glass&Elements. En esa oportunidad ganó 3 millones de pesos para impulsar dicha marca y ahora cuenta con siete diseños que se reparten entre mesas de centro, arrimos y modulares para sistemas audiovisuales.
"Esto ha funcionado súper bien, pues carecemos en el mercado local de esas combinaciones y la verdad es que gusta mucho. La gente está ávida por aceptar estos productos, sobre todo el tipo de terminaciones gusta mucho", destaca el empresario.
Satisfecho con la experiencia que acercó la fábrica a la academia, Celso se animó a crear un departamento de diseño e innovación dentro de su empresa, donde el objetivo es investigar constantemente y ver lo que va apareciendo".
Hoy da trabajo a 20 personas y su taller tiene 500 metros cuadrados. Con un crecimiento notorio, este emprendedor recalca que "hay muchas opciones gratuitas que da el Gobierno para ir ordenando la empresa, pues el valor real está en la capacitación, en aprender a gestionar y acceder a las diferentes certificaciones. Acá en Chile las condiciones están dadas", destaca. LN