
Lunes 8 de diciembre de 2008
Se ha dicho que el programa económico y legislativo de Gordon Brown para responder a la crisis significa el fin del "nuevo laborismo". Pero más bien se trata de una tregua en la que conservadores y laboristas se han replegado a posiciones más polarizadas y tradicionales, acordes a las viejas divisiones de derecha e izquierda anteriores a la caída del muro de Berlín, a fin de no verse arrasados por el aluvión del desastre financiero.
Lo más probable es que la triangulación y la confluencia centrista regresarán con la prosperidad y la confianza, una vez que pase la tormenta. Pero, mientras tanto, el labour es mucho más socialdemócrata que hace tan sólo unos meses, aprovechando la crisis del capitalismo y la antipatía que se han ganado a pulso banqueros, especuladores y profetas del dinero en general.
Y los tories, asimismo, han dado marcha atrás al reloj de la historia y han vuelto a las políticas monetarias y fiscales del thatcherismo. Su primer mandamiento es la reducción del gasto público y, si es posible, de los impuestos.
ESCENARIO DANTESCO
Las encuestas sugieren que el laborismo ha salido triunfador de este primer intercambio de golpes en el nuevo e improvisado cuadrilátero de la política del Reino Unido. Aunque los sondeos oscilan mucho y los hay para todos los gustos, da la impresión de que han metido una dentellada a la sustancial ventaja que disfrutaba el líder conservador David Cameron. Los votantes agradecen el liderazgo de Gordon Brown en la crisis y lo ven como un timonel más fiable a la hora de afrontar los malos vientos económicos.
Otra cosa es que estos mismos ciudadanos sigan pensando lo mismo dentro de unos meses, cuando la recesión castigue, haya tres millones de cesantes -como está previsto- y las familias pierdan sus casas porque no pueden pagar la hipoteca. El escenario es dantesco, pero más que probable.
Brown aprovechó el discurso de la Reina para plantear su propuesta, lo que supuso un paso más en el reposicionamiento del labour de cara a las próximas elecciones. Brown, de todos modos, aún ha de decidir si las convoca en la primavera del 2009 o del 2010. Dominar el calendario siempre es importante en política, pero más aún ahora que no se sabe cómo de profunda y duradera será la crisis, factor decisivo cuando el electorado reparta premios y castigos.
RAQUÍTICO PLAN
Atrás han quedado los tiempos en que Tony Blair decía que no tenía ningún problema en que David Beckham o los especuladores de la City se hicieran asquerosamente ricos. No podía ser de otra manera tras la hecatombe del sistema y con la toma de medidas tan radicales como la privatización parcial de algunos de los principales bancos del país. La nueva agenda económica y política prevé alzas de impuestos para quienes ganen más de cien mil libras (unos ciento veinte mil euros), un plan general de inversiones públicas para la creación de empleo y mayores controles a la inmigración y el cobro del subsidio por desempleo.
Compuesto por tan sólo doce proyectos de ley, el programa de Gordon Brown para la recién inaugurada legislatura es uno de los más raquíticos que se recuerdan a fin de no recargar la agenda de los Comunes y dejar tiempo de sobra para el debate y la aprobación de las iniciativas económicas y financieras. "El objetivo es que el país vuelva a funcionar", proclamó el Primer Ministro, con la mirada en las clases medias que decidirán si se merece un segundo mandato o se va.