
Lunes 8 de diciembre de 2008
Cuando nos acercamos al 60º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el constante aumento en la cifra de muertos en la franja de Gaza subraya la dolorosa brecha entre su retórica pacífica y la desesperada realidad del pueblo palestino. La declaración fue un hito, por el cual la comunidad mundial reconoció la "dignidad inherente y los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana como los fundamentos de la libertad, la justicia y la paz en el mundo".
Fiel a su nobleza de espíritu declaran el "advenimiento de un mundo donde los seres humanos serán libres de miedos y privaciones como la más alta aspiración de la gente común".
Sesenta años después, la suerte del pueblo palestino debiera ser causa para una reflexión de conciencia universal. La necesidad de dar un sentido sustantivo a la protección de los palestinos nunca ha sido mayor. La ex alta comisionada para los Derechos Humanos, Mary Robinson, ha dicho que en Gaza está siendo destruida nada menos que una "civilización". El pacifista sudafricano Desmond Tutu, en tanto, habla de "una abominación".
El coordinador humanitario para los territorios palestinos ocupados, Maxwell Gaylard, dijo que en Gaza había un "asalto masivo" contra los derechos humanos. Más recientemente, el comisario europeo, Louis Michel, describió al bloqueo de Gaza como "una forma de castigo colectivos contra los civiles palestinos, lo que es una violación del derecho humanitario internacional".
Las cifras de víctimas fatales en los territorios palestinos ocupados deben, por cierto, hacer que cuestionemos nuestro compromiso de sostener el derecho a la vida, el más fundamental de todos los derechos, protegido por una amplia gama de instrumentos legales internacionales.
Más de 500 palestinos, 73 de ellos niños, ha muerto sólo durante este año como resultado del conflicto: más del doble de la cifra de 2005. Once israelíes han perdido sus vidas este año.
CRISIS HUMANITARIA
El derecho a la libertad de movimiento, contenido en el artículo 13 de la declaración universal, también sigue siendo una aspiración lejana para muchos palestinos. El bloqueo de Gaza (que, como han dicho muchos altos funcionarios de Naciones Unidas, castiga colectivamente a 1,5 millones de personas) y más de 600 obstáculos físicos a los desplazamientos en Cisjordania, son un triste recordatorio del fracaso de la comunidad mundial en aplicar ese artículo.
Hay estadísticas que confirman la falta de protección a los derechos sociales y económicos. Una cantidad sin precedentes de habitantes de Gaza (más de la mitad) viven hoy bajo la línea de la extrema pobreza.
Esta es una crisis humanitaria, pero una que ha sido deliberadamente impuesta por actores políticos. Es el resultado de políticas que han sido impuestas sobre el pueblo palestino. ¿No es el momento de revisar esas políticas y buscar un nuevo enfoque? ¿No es tiempo de cuestionar nuestro compromiso con los nobles postulados de la declaración universal?
* Comisionado general de la agencia de Auxilio de Naciones Unidas.