"Yo viví en un campamento del Zanjón de la Aguada en Maipú cuando era chico, así que sé de lo que hablo. Es una realidad del país", relataba hace unos días el director Christian Ortega tras el estreno oficial de la obra "Hijos del cauce" en el Teatro Municipal de Valparaíso.
Hace diez años a Ortega le encargaron escribir y montar una adaptación del libro "El río", pero por falta de presupuesto la obra no llegó a concretarse en las tablas. Sin embargo, y como cuenta Ortega, "me quedé con ese texto y comencé a transformarlo en otra cosa, porque la vida de Alfredo Gómez Morel era más interesante que el propio libro y para adaptarlo al teatro tuve que tomarme ciertas licencias y cambiarlo un poco".
Delincuente, periodista y escritor tardío, Gómez Morel se inscribe en la tradición de escritores chilenos marginales que operaron de espaldas al canon literario oficial y que consiguió con su novela escribir un "clásico de la miseria", en palabras de Pablo Neruda. El libro narra las memorias del autor criándose bajo los puentes del río Mapocho y su iniciación en el mundo del hampa.
La obra cuenta la vida de Toño, quién es abandonado y criado en la cordillera por una anciana, hasta que su madre biológica vuelve para llevárselo a la capital donde tendrá que enfrentarse al duro aprendizaje de vivir en el mundo de la calle. El musical aborda la obra de Gómez Morel en tres espacios temporales: la Colonia en los faldeos cordilleranos, el siglo XX simbolizado en la Región Metropolitana y los inicios del siglo XXI en Valparaíso y utiliza como contrapunto narrativo las charlas que el escritor -ya maduro- mantuvo con una siquiatra, que lo impulsó a escribir su autobiografía a modo de terapia.
CHILITO VIOLENTADO
La obra obtuvo el más alto financiamiento del Fondart 2008 a nivel nacional y cuenta con un elenco de 14 actores y cinco músicos que trabajan bajo la dirección del maestro Eduardo Cáceres. Cuecas, arreglos de música clásica e incluso temas de hip hop son la banda sonora de una obra heterodoxa y ambiciosa. Además, la pieza teatral comienza con un video a cargo de José Erices, que combina las notables fotos que hiciera Sergio Larraín a los "pelusas" del Mapocho, con los elegantes arreglos de un piano clásico.
Su decisión de reformular la obra en formato musical responde a que "la miseria misma es demasiado fuerte". Con "Hijos del cauce" se intentó dar un respiro al espectador por medio de canciones y bailes que cuentan la historia.
¿Pero qué sentido tiene montar una obra inspirada en un libro que se escribió hace más de cuarenta años? Según el director, "cuando estamos en vísperas del bicentenario, las temáticas de la novela de Gómez Morel siguen vigentes. Me pregunto cómo es posible que después de 100 años siga ocurriendo lo mismo. En este presente posmoderno e hiper comunicado en que vivimos, siguen existiendo las caletas bajo el Mapocho donde los niños se crían y viven completamente excluidos del sistema", reflexiona.
En la pieza resalta la analogía de que Chile es un niño que no ha tenido infancia porque ha sufrido mucha violencia y situaciones de abandono. "Es un país que no quiere hablar de lo que le duele. Somos un país maduro que debe saber convivir con las heridas de su pasado, de lo contrario estamos obligados a repetir los mismos errores. Por eso rescaté esta novela, es la historia que sale en los libros de historia", concluye. LN