El periodista de Bagdad que le envió a Bush "un beso de despedida de parte del pueblo iraquí" lanzándole zapatos, habló probablemente por muchos del mundo árabe, donde el líder estadounidense genera extendido rechazo. El incidente sumó puntos en una pregunta más amplia que se formula cada vez más mientras él se acerca al fin de sus ocho años de Presidencia: ¿fue George W. Bush el peor Presidente de la historia de EEUU? Cualquier respuesta objetiva depende en grado considerable de cómo se defina "el peor de la historia".
Las encuestas entre los votantes hechas desde que Bush entró a la Casa Blanca, en 2001, están influidas por la experiencias que han tenido con él las personas en tiempo real. No tuvieron una exposición similar respecto, por ejemplo, del dueño de esclavos Thomas Jefferson o el general de la Guerra Civil Ulysses Grant. Sin arredrarse, los entrevistados en una encuesta Rasmussen de 2007 le dieron duro. Como es habitual en estos sondeos, George Washington, Abraham Lincoln y Franklin D. Roosevelt figuraron entre los mejores presidentes de la historia. Sólo dos fueron vistos en términos desfavorables por una mayoría de los encuestados: 60% pensaba mal de Richard Nixon y 66% todavía peor de Bush.
Estos sondeos revelan cierta competencia dura, aunque oscura, por el título. Franklin Pierce (1853-1857) es castigado por expandir la esclavitud en el oeste, facilitando la Guerra Civil. Otro anterior, James Buchanan, también es cuestionado por no haber evitado la secesión. El período de Warren Harding (1921-1923) estuvo marcado por notorios escándalos y renuncias. Se afirma que, bajo él, EEUU tuvo una regresión a un período de aislamiento, nativismo y recesión que terminó con el crash de Wall Street. Más inútiles aun que Bush fueron Henry Harrison y James Garfield, muertos a menos de seis meses en el cargo.
Pero las cifras de las encuestas no son el único, y quizás no el mejor, modo de juzgar un desempeño. Los presidentes pueden ser a la vez "buenos" y "malos". Nixon es un ejemplo. Vilipendiado por sus mentiras sobre Watergate, pero también recordado por terminar la guerra de Vietnam, abrir relaciones con China y buscar la distensión con la URSS. Y también están las apreciaciones específicas. Si el primer deber de un Presidente, como comandante en jefe, es proteger al pueblo de su país contra ataques de enemigos extranjeros, Bush falló categóricamente el 11 de septiembre de 2001. No vio venir a Al Qaeda y fracasó en detenerlo. Pero lo mismo se podría decir en gran medida de Roosevelt, sorprendido durmiendo siesta en el ataque japonés contra Pearl Harbour en 1941.
La actual contracción crediticia made in USA y el desplome global que la ha seguido apuntan a Bush como el mayor chapucero de todos los tiempos. Pero ello sería ignorar la desastrosa contribución de Herbert Hoover (1929-1933) y, según algunas versiones, un autor principal de la depresión. Para cuando Hoover dejó el cargo, 25% de los estadounidenses estaban desempleados y cientos de miles vivían en ciudades hechas de tiendas de campaña, las hoovervilles. Los estadounidenses ni siquiera podían tomarse un trago para ahogar sus penas, gracias a la prohibición. Como de Bush, se dice que Hoover terminó deprimido. Un contemporáneo dijo que entrar a una habitación con él era como caerse en una botella de tinta negra. Bush fracasó en ganar, siquiera terminar, las guerras en Afganistán, Irak y en la más amplia guerra contra el terrorismo. Pero eso fue cierto respecto de Johnson y Kennedy. Y, contrariamente a Irak, su desventura en Vietnam casi partió a EEUU por la mitad. Hasta el santificado Lincoln presidió y condujo una implacable guerra que mató a más estadounidenses (700 mil) que ninguna otra anterior o posterior. Y si el Presidente de EEUU debe ser visto como una figura con autoridad moral que encarna los valores y principios de la nación, entonces la conducta de Bush ha sido ejemplar comparada especialmente con la de Clinton.
Podría en general coincidirse que Bush ha sido bastante malo y, posiblemente, el peor de la historia viviente. Pero si se recuerda lo que hicieron otros líderes, remontándose hasta los padres fundadores, se requiere circunspección. La traicionera conducta de los primeros líderes, estableció espantosos precedentes. Junto con todo lo admirable y honorable que han logrado EEUU y sus líderes, Bush fue un heredero y un producto de su mancillado legado. Inevitablemente, también lo es Barack Obama.