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  La vida es un striptease

  La vida es un striptease

  Decenas de hombres se reúnen en un casino social para ganar un striptease y ver chicas en poca ropa. Es como la continuación de un café con piernas, con la diferencia de que aquí todo es más osado y todo está auspiciado por Condones Durex. Como es final de año y sabemos lo mal que lo pasó, decidimos mandar a León para que se relajara un momento.

Domingo 28 de diciembre de 2008


La cita era a las nueve y media en Londres con Alameda, pero ya pasa de esa hora y el fotógrafo aún no aparece. Mientras aguardo pienso en lo que me dijo hace un tiempo el escritor José Leandro Urbina: "La vida es un striptease. ¿Sabes por qué? Uno siempre termina mostrándose tal como es, en pelotitas". Pienso en su afirmación y en las veces en que la gente me ha visto tal como soy: quizá en el funeral de mi madre, el 1 de mayo del año que está por finalizar, y

Olvido la frase del escritor y vuelvo a mirar el reloj de mi celular Alcatel. Cuando estoy a punto de marcarlo, Esteban llega con las manos sucias, excusándose por su retraso, pero el auto en que venía quedó en panne y tuve que bajarme a ayudar, ¿entendís León?

Entiendo y enfilamos hacia nuestro destino: París 836. A medida que caminamos le consulto a Esteban de qué se trata esto específicamente. Él dice que no sabe muy bien, pero que vamos a un bingo hot o erótico.

Una chica de un café con piernas me puso al tanto agrega, cuando llegamos a la dirección señalada. Al ver que estamos afuera del casino de la Corporación Social de Agentes Comerciales quedo mirando a Esteban, pero él rápidamente indica a un sujeto vestido de negro . Hola saluda , venimos de

Sí responde Julian, que se hace llamar así, sin acento en la "a", y cuyo look se asemeja al de cualquier metalero , algo me dijeron, pero aún no pasa nada.

Observo hacia adentro y, efectivamente, las luces están apagadas y las sillas en desorden.

Vuelvan más rato sugiere Julian, que luego descubriremos que es algo de Condones Durex, la empresa que auspicia este particular evento.

La chica de los condones

Después de tomarnos una cerveza en un café ubicado en calle Londres y de imaginar que soy un personaje de alguna novela de Robert Louis Stevenson, estamos nuevamente a las afueras del casino social. Ahora, o sea una hora más tarde, ya hay gente afuera. Parecen cucarachas amparadas por la noche. Entre ellas diviso a una mujer pequeña, de senos y caderas generosas pero de piernas cortas que trata de disimular con unos tacones gigantes y un traje bien ajustado. Se llama Carlita, trabaja en el café Paraíso y habla por teléfono. Al parecer algo está fallando en la producción.

Pasen dice Julian, cuando me pilla mirando a Carlita.

Al entrar nos aborda Jennifer, la promotora de Condones Durex, y nos entrega un preservativo y una regla con la forma de un pene erecto. Cuando Esteban le toma fotos, Julian interrumpe para decir:

¿Esto está relacionado con fotos para adultos? Bueno, esa es la idea.

No comprendo cuál fue la idea de Julian con su advertencia. Mejor será seguir, sentarnos y tomar otra cerveza. Pero antes le consulto a Jennifer cuál es la diferencia entre ser promotora de condones y de cualquier otra cosa.

Cuando me propusieron la pega tenía claro que no sería como ser promotora de té contesta la mujer de pelo crespo . Al ser promotora de preservativos te relacionan inmediatamente con libertinaje.

¿Por qué usa el término libertinaje en vez del de puta? Bueno, Jennifer ahora recomienda el nuevo condón Fuego, con lubricante térmico.

Si lo recomiendas debe ser porque lo has probado.

No, pero tengo amigas que me han dicho que es rico.

¿Y tú?

No, yo no uso condones confiesa finalmente.

Yo tampoco uso ni me gusta usar condones. La diferencia con ella es que yo no soy promotor de condones.

La cosa se arma

El casino en estos momentos hierve de machos calientes, y Sexylia a no confundir con Cecilia , el "contacto" de Esteban, se acerca a la mesa en la que estamos y nos pregunta si tenemos tiempo. ¿Por qué?, preguntamos al unísono.

Porque esto va a demorarse un poco.

¿Y en qué consiste esto exactamente? le consulto a Sexylia.

Cuando ella me responde, dos tetas quedan al desnudo y yo no sé para dónde mirar, ¡Dios mío!

Si te fijas, todas las entradas tienen números escritos con plumón explica .
Con ellas después se hará una rifa y los tres ganadores obtienen un show stripper. También se sortearán cafés gratis como premios de consuelo.

Pienso en lo paradójico que habría sido entregar consoladores como premios de consuelo. Bueno, pero Sexylia se despide y recorre las mesas, repartiendo flyers de un motel cercano. Aquí, como ven, todo es sensual. Y como la cosa se retrasa y retrasa, decido salir afuera. Ahí observo la misma aglomeración de antes, sólo que con más minas. Por fin entiendo lo que pasa: falta una chica que haga el stripper. Un tipo, al parecer el organizador en las sombras, agarra su teléfono y habla:

¿Aló, con Paola Brandón? Sí, mira habla XXX y te necesito para un show en Claro, pero tiene que ser altiro y hay veinte lucas para ti.

¿Qué dijo? interroga Carlita.

El tipo ordena que todas ingresen al local. Las chicas se van a cambiar de ropa en lo que es parte de la cocina del casino. La música baja de volumen y un sujeto se sube al improvisado escenario.

Buenas noches. Lamentamos el retraso, pero lo importante es tener buen ánimo, así es que ¿cuál es la mesa más prendida? ¿Cuál es el chileno más caliente? Bueno, en primer lugar queremos agradecer a nuestro auspiciador: Condones Durex.

El animador hace subir a Jennifer al escenario y enseguida exagera lo que vendrá:

Las chicas se van a pintar y podrán poner la mano donde ustedes quieran. Luego ellas se colocarán un rico merengue ahí mismo, el que podrán sacar con la lengüita y finalmente habrá sexo en vivo.

Los numeritos

Después de dos breves presentaciones de Evelyn y de otra chica que se creía Madonna, el show sufre en una pausa que Esteban y yo aprovechamos para entrar al camarín, en el que cuatro chicas una mulata, dos morenas y una rucia se pintan números en su espalda para promocionar el bingo hot.

¿Molesta? consulto.

No dice la rucia . Es témpera.

Las cuatro chicas están por salir al escenario cuando diviso a Paola Brandón, una conocida stripper, que se aproxima a mí para pedirme un cigarro. No fumo tabaco.

¡Qué lata! ¿Pero me sacaríai una foto? dice mostrándome una cámara digital.

Antes que pueda decir algo, Esteban, el fotógrafo con quien engaño a Hoppe, toma mi lugar y comienza a fotografiarla, de espalda, de frente, de costado. Las cuatro chicas salen al escenario, pero Esteban sigue con Paola, a quien ahora recuerdo cuando la vi en el tercer aniversario de ese club de puteros llamado laestocada.cl y posando desnuda frente a La Moneda. De pronto el animador pregunta desde el escenario:

¿Dónde está el fotógrafo de La Nación?

Y sólo en ese momento Esteban deja tranquila a Paola. Cuando regreso a mi asiento me doy cuenta de que ahí está sentado un grupo de trabajadores de Movistar y me da rabia, porque ahora sé la razón de su pésima atención.

Las cuatro chicas se pasean cual modelos entre las mesas, mientras el animador anuncia los premios por enésima vez y agradece al café con piernas Paraíso por facilitar las chicas.

¡Bingo!

Bueno, y ahora al sorteo dice el animador . Señorita Sexylia, por favor ayúdeme.

Sexylia sube al improvisado escenario y empieza a sacar números de una tómbola transparente. Hay veinte números. El primer cartón lleno de cuatro dígitos ganará un show stripper. Tengo la sensación de haber visto un concurso similar pero en la tele. Curioso, pero ni Sexylia ni Carlita harán otra cosa que repartir flyers de moteles, sacar números o llamar por teléfono a las verdaderas strippers.

¡Yo! grita un sujeto gordo de las primeras mesas e inmediatamente sube al escenario y se sienta en una silla frente al público. El sujeto en cuestión es muy parecido a Mauricio Bustamante, el periodista de TVN, y parece el burro del curso con sombrerito y todo.

Paola Brandón aparece vestida de escolar, todos gritan, incluso el grupo de Movistar que ha invadido mi mesa. Paola se desnuda rápida pero sensualmente ante las cámaras digitales, que florecen como antorchas en el Festival de Viña. Hay gente en la galucha que se pone de pie para observar mejor.

El show va como viento en la popa de Paola, ahora sin sostenes. De pronto, la música se interrumpe por algún desperfecto técnico. El público se pone a pifiar, pero la conocida stripper sigue bailando, imaginando la música de memoria. El sujeto gordo ríe ante los sexies movimientos que le hace Paola.

¡No se le para! exclama ahora la gente, y la stripper se acerca a su entrepierna para comprobar cuán erecto está.

Paola entonces se saca los calzones, los usa para enlazar al sujeto por el cuello y enseguida lo pasea por el improvisado escenario como si fuera un gordo perrito. Todo llega a su éxtasis cuando la conocida stripper recorre las mesas desnuda y se sube a una mesa y a otra para que la toquen un poquito por aquí y por allá.

El show de Paola Brandón finaliza. Ella se viste en el camarín y luego se larga, mientras el animador realiza el segundo bingo de la noche y yo pienso cuántas veces le he desnudado mi alma a una mujer, o, en otras palabras, cuántas veces he hecho un striptease sin darme cuenta. Son pocas, concluyo, y mi vista se pierde en Débora, que fuma un pito en el baño mirándose al espejo antes de salir a escena.

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