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Miércoles 31 de diciembre de 2008
Carla tiene 18 años, pero su cerebro es el de una niña de siete. Es retardada, devora dulces y comida chatarra viendo televisión. No va al colegio ni tiene amigos. "Es una guaguatona, el reflejo de una sociedad pasiva, floja, que se infla con puras cosas superficiales", dice Bárbara Vera, la actriz que encarna a la mórbida protagonista de "Jaula Obesa", el cuarto montaje de la compañía Geografía Teatral ("Natacha").
"Mi traje es el chiche de la obra y el sobrepeso es tan real que mis compañeros me ayudan a vestirme. La Carla produce encanto, la gente empatiza con ella, pero en el fondo saben que es muy distinto ver a la gordita simpática que convivir con ella", agrega.
Con una nueva temporada en el marco de Santiago a Mil, la pieza escrita y dirigida por Tomás Espinosa es una de las joyas emergentes que se mostrarán este 2009. Una comedia de humor oscuro que contó con un Fondart y que aborda "el temor a la delincuencia y la falta de comunicación como una serie de patologías del Santiago contemporáneo", en palabras del dramaturgo.
POBRES, PERO CON TELE
Dentro de una escenografía que evoca una casa de muñecas, pero "con pestillos, cerco eléctrico y alarmas", vive una familia de clase media baja llena de contradicciones. Allí, la madre (Mónica Carrasco) ha tomado una decisión radical para proteger a sus hijos de la violencia, la droga y las malas juntas que supone existen en su entorno: condenarlos al encierro.
"Son los cuicos de la pobla y como están al filo de rozar la marginalidad, deciden marginarse. Lo interesante es cómo en esa auto- salvación también hay discriminación hacia sus iguales, como si tuvieran incorporado al cerebro un diccionario clasista", explica Espinosa sobre la pieza que indaga en la relación que los ciudadanos tenemos con la delincuencia.
"Decir que la cosa está peor que nunca es una mentira. En la caverna siempre llegó una persona a robar un trozo de carne ajeno y e incluso en la edad media las mujeres usaron cinturón de castidad para no ser violadas. Estaríamos negando la naturaleza del ser humano si dijéramos que los delincuentes van a desaparecer, por lo que el resto sólo es manipulación política y mediática", señala el teatrero cuyos fetiches son el roce de clases, la familia y la crítica a la sobrevaloración de la belleza.
"El dolor social tiene estrecha relación con la fealdad, con la basura debajo de la alfombra. El feo no sale en la tele sino es para ser ridiculizado. Pero si en el colegio se para y dice lo que piensa puede causar estragos. Es un lugar despechado que hay que escuchar", agrega mientras piensa en la niña-ameba de "Jaula Obesa". Un personaje que define como síntoma de su realidad, un vegetal que pese a ser víctima del autoritarismo materno, es parte del sistema y así como todos, se lo banca y lo acepta, aportando desde otro lugar al problema: "la delincuencia es fruto de la discriminación. Es esa categorización de buenos y malos, de sofisticados o flaites de la que nos reímos, la que causa el resentimiento, la violencia".
Guerra de clases que está presente desde la primera escena de la obra y que según Espinosa extrajo de la crónica roja del diario. En Puente Alto dos niños van a comprar hot dogs a un carrito. Pero cuando están a punto de devorárselos se desata una balacera. Las salchichas salen volando. A los chicos les queda un hoyo en las manos.
En la casa, Carla y todos los que leemos esta nota masticamos los mismos embutidos. Pero en la jaula. Y viendo el tiroteo por televisión.