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Jueves 15 de enero de 2009
"El teatro es el único lugar donde puedo transformarme", dice el actor Rodrigo Soto (32), que en este Santiago a Mil se pone la piel de dos personajes: el de un peón de fundo con cabeza de yegua en la obra "Las huachas" de Alexis Moreno. Y el de un nerd suicida en "La chancha" de Luis Barrales.
"Estuve loco un tiempo, pero me agrada. Cuando actúo me olvido de todo", agrega con entusiasmo el mismo que en "H.P." se enajena y confiesa el terrorífico asesinato del descuartizado de Puente Alto. Y que este fin de semana dirige otra historia del "dramaturgo de los flaites" en la Terraza Caupolicán del Cerro Santa Lucía: "La epopeya de Lucho Chaveta".
MALDITA DEMOCRACIA
Camaleónico, Soto asume cada rol con las vísceras. Así llegó al desadaptado de "La Chancha", por ejemplo. Un chico de 19 años que buscando la aprobación de sus pares llega al foro de internet "Matémonos juntos", donde un grupo de adolescentes se organizan para suicidarse. "Es un tipo absolutamente manipulado y víctima de burlas. Nadie le manda mensajes de texto, nadie le escribe en el messenger. No sabía cómo interpretar a este pokemón hasta que escuché la voz de Forrest Gump, desde ahí nace su corporalidad", revela.
Sobre la soledad de una generación que se busca en el claustro y en la pantalla, Soto dice: "Es sumamente político, porque es una camada que nació en democracia. Y una que es bastante mentirosa. Si bien te construyen un edificio de 20 pisos, no tienes la posibilidad de relacionarte y sólo vas del colegio a la casa, donde te encierras a navegar y dialogar todo el día con un computador. Vivimos en una sociedad que no te deja hacer ni pensar, a menos que vivas en un lugar periférico, porque claro, allá no molestái...", dice con ironía el actor.
La falta de respuestas y la soledad que le crece a la gente común y corriente no sólo está en "La Chancha". También dialoga con la historia que la compañía La María está presentando en el Teatro Universidad Católica. "En 'Las Huachas' también se busca un lugar de pertenencia. Una niña (Tamara Acosta) llega a la casa de su madrina luego de la muerte de su madre y ésta la desconoce. Lo bonito es que Moreno (Alexis) cuenta esta falta de raíces desde un lugar mitológico", señala.
Imaginario en el que Soto aparece vestido con la cabeza de una yegua, cuyas patas las hace su colega José Palma. "Lo que hace el director es un contrapunto: yo soy un peón de fundo y Palma es el dueño. El huaso es la cabeza, el que piensa, y las patas las que deciden", afirma. "Somos un país mestizo y como que no nos queremos definir. Un país que perdió la patria, que no asume a sus ancestros, que se hace el huevón", enfatiza.
El que sí tiene cojones es Lucho Chaveta, un tipo que viene del campo a la ciudad a hacer política. Soto adora este personaje que le tocó dirigir, porque así como los que se calza, representa "a la gente que no tiene voz, con más soledad y carencias que la cresta". "Es un montaje callejero, donde vemos a un tipo que nunca terminó la enseñanza media y habla en rima. Es el primer presidente proleta elegido por la chusma pobre. Y es muy republicano, muy bonito eso. De hecho ya estamos pensando en su segunda parte...".
-¿Cómo sería?
-Es cuando Chaveta se empieza a relacionar con el poder, con la iglesia, con los políticos y con los medios. La gente se enferma cuando habita en el poder. Y Lucho sin duda también se corrompe.