
Sábado 17 de enero de 2009
Corea del Norte está pidiendo que Estados Unidos modifique su enfoque de conversaciones multilaterales para poner fin al programa de armas nucleares del Estado comunista, insistiendo en que nunca renunciará a ellas antes de que Washington normalice las relaciones con Pyongyang.
La declaración del Ministerio norcoreano de Relaciones Exteriores, emitida el 13 de enero, una semana antes de la toma de posesión del Presidente Barack Obama, fue ampliamente vista como el primer mensaje oficial de Corea del Norte a la administración entrante.
Hablando ante el Senado en la audiencia de confirmación de su nombramiento como secretaria de Estado, horas después de la declaración norcoreana, Hillary Rodham Clinton indicó que la administración Obama estaría más dispuesta a sostener conversaciones bilaterales con Pyongyang de lo que estuvo el gobierno de George W. Bush.
"El poder inteligente requiere relacionarse tanto con amigos como con adversarios, para fortalecer antiguas alianzas y forjar nuevas", dijo Clinton.
Durante los últimos años de conversaciones entre seis naciones, Estados Unidos se concentró en desmantelar las instalaciones norcoreanas de armas nucleares y en impedir que este país propague tecnología nuclear a otros como Siria.
Sin embargo, mientras las conversaciones se estancaban, los críticos dijeron que el enfoque de Estados Unidos había fracasado porque no abordaba la causa de fondo del desarrollo de armas nucleares por Corea del Norte: una hostilidad que persiste desde la guerra coreana de 1950-1953 y que hace que Washington y Pyongyang sigan desconfiando profundamente entre sí.
La guerra terminó con una tregua, no con un tratado de paz.
En respuesta, funcionarios estadounidenses han dicho que Corea del Norte debe renunciar a las armas nucleares para generar la confianza necesaria para firmar un tratado de paz y normalizar los vínculos con Washington.
"Es de una lógica torcida afirmar que las relaciones bilaterales sólo pueden mejorar si antes que nada mostramos los artefactos nucleares", dijo Corea del Norte en su declaración.
"Nunca haremos algo como mostrar primero nuestras armas nucleares, ni siquiera en 100 años, a menos que la política hostil y la amenaza nuclear de Estados Unidos contra el Norte hayan fundamentalmente terminado".
Pyongyang dijo que la política "hostil" de Washington había conducido al desarrollo de armas nucleares por el Norte, y no al revés.
"No necesitaremos armas atómicas cuando las amenazas nucleares de Estados Unidos hayan sido retiradas y el paraguas nuclear estadounidense sobre Corea del Sur ya no exista", dijo el Norte.
En Washington, el portavoz del Departamento de Estado, Sean McCormak, dijo que "tendrá que haber una península coreana desnuclearizada" antes de que el Norte pueda normalizar sus relaciones con Estados Unidos.
A pesar de que la declaración norcoreana recogió su antigua posición en términos empáticos, su oportunidad puso de manifiesto la opción política que enfrentará la administración Obama.
En las semanas recientes, Pyongyang se ha abstenido de sus habituales invectivas contra Estados Unidos, aparentemente como señal de que quiere un nuevo comienzo.
En una serie de tratos alcanzados en 2005 y 2007, Estados Unidos, Corea del Norte y otras cuatro potencias regionales acordaron trabajar juntas para liberar de armas nucleares a la península coreana.
Esos acuerdos contemplaban también conversaciones para normalizar los vínculos entre Washington y Pyongyang y elaborar un mecanismo de paz para el noreste del Asia.
Pero estos diálogos apenas se han iniciado, mientras que las conversaciones para desactivar las instalaciones nucleares del Norte han tenido avances intermitentes.
"Corea del Norte quiere que Estados Unidos cambie de enfoque", dijo en Seúl Paik Hak Soon, analista del Instituto Sejong.
"Está indicando que puede cooperar con la nueva administración estadounidense si Washington asume iniciativas para normalizar las relaciones en paralelo al proceso de desnuclearización".
Negociadores en Washington y Seúl se han mostrado escépticos respecto de una apertura como ésa por parte de Pyongyang, debido a que Corea del Norte nunca los convenció de que mostraría y abandonaría sus armas nucleares si se le dieran todos los incentivos que pedía.
Comparten un acendrado temor de que las recientes movidas de Pyongyang, como su negativa a aceptar una inspección nuclear a fondo, no hayan sido sólo tácticas negociadoras sino que, en cambio, estuvieran destinadas a lograr una aceptación internacional de Corea del Norte como potencia nuclear.
Ryoo Kihl Jae, profesor de la Universidad de Estudios Norcoreanos de Seúl y asesor político del Presidente Lee Myung Bak, dijo que para salir del impasse, Estados Unidos y Corea del Sur debían considerar un enfoque más amplio, abriendo "vías múltiples" de conversaciones para abordar las otras preocupaciones de Corea del Norte.
"Pero esa idea será difícil de vender a los políticos en Washington y Seúl", dijo Ryoo, refiriéndose a la aguda división política acerca de cómo tratar con Corea del Norte.
Analistas que respaldan un acuerdo comprehensivo con Corea del Norte dicen que Washington debe entender que su anterior táctica de aplicar presiones no funcionó, porque sólo condujo a que Corea del Norte acumulara más plutonio e incluso realizara su primera prueba nuclear en 2006.
Dicen también que Estados Unidos no puede prometer solamente incentivos económicos a cambio del término del programa norcoreano de armas nucleares, porque el programa ha pasado a ser una parte integral del orgullo nacionalista del Norte y el régimen lo considera clave para su supervivencia.
*Herald Tribune