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  La guerra y el fútbol

  La guerra y el fútbol

  En las eliminatorias de un partido se juega con el corazón puesto en el cupo o en la copa. Pero en medio de una guerra desigual, a veces los jugadores arriesgan más que la camiseta. Marcelo Piña, cineasta chileno, siguió durante cuatro años las penas y glorias de la selección de fútbol palestina. Frente al lente y en medio de la cancha, los jugadores por primera vez fueron libres de cercas y misiles. Esta es su historia.

Domingo 18 de enero de 2009


Las imágenes son brutales: niños muertos y casas de civiles destrozadas. El dolor humano reproducido por una guerra, nadie podría pensar que alguien se atreve a sonreír en medio del conflicto que enfrenta a Israel con Palestina.

Sin embargo, hay una frase que dice que el fútbol es una excusa para ser feliz. Para algunos, en medio de un escenario dantesco puede sonar banal, pero para la selección de Palestina, aferrarse a este deporte fue la única salida al dolor y a la opresión de la guerra.

"Tiro libre" es el documental de Marcelo Piña (en la foto inferior), un cineasta chileno de 37 años, que captó durante cuatro años las penas y glorias de la selección palestina, la única que no puede jugar en su propia tierra.

Marcelo recuerda que cuando tenía 18 años y llegó a Chicago a trabajar de mesero y a estudiar Cine en la Universidad de Columbia, poco y nada sabía del conflicto. Lo que observaba y sentía, era lo mismo que veía cualquier espectador que mira las noticias con distancia, desde su cama tibia, con ese remordimiento que dura sólo cinco minutos porque sabe que nunca le tocará vivir algo así. foto_01
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Piña cree que el documental es resultado del sentimiento chileno, al menos del suyo, que vivió la opresión de la dictadura. En su caso dice y sobre todo el "chileno abrumado", siempre se reconocerá en otros conflictos y en otros dolores.

Así le pasó a él. En 350 horas de grabación, registró la conformación del equipo, la separación de los jugadores con sus familias que quedaban en Gaza para partir dos meses a entrenar a Egipto o a Siria, mientras escuchaban las noticias de los bombardeos. En el documental se aprecia cómo los jugadores entrenan duro, aún cuando la situación es dramática y así se deben concentrar escuchando a la prensa que no deja de hablar del conflicto. En una escena se aprecia cómo los jugadores preparan sus maletas, su equipo, mientras suena de fondo la transmisión de una noticia que dice que al norte de Gaza los misiles siguen estallando sin tregua.

La relación con Chile

En algún momento, la selección estuvo conformada por palestinos refugiados de Siria, Jordania y el Líbano, pero también por jóvenes de la diáspora lejana, en su mayoría chilenos. Esta banca debía ocupar su lugar si en algún momento los jóvenes palestinos no podían salir de Gaza.

Entre los jugadores de Chile que mojaron la camiseta por la selección palestina están Roberto Ketlun y Roberto Bishara. Este último explica la experiencia que le tocó vivir en la cancha con sus compañeros palestinos. "Esos partidos se jugaron como ninguno, con la garra naciendo en el estómago. Fue mi orgullo jugar con personas que sufren todos los días, mis compañeros vivían en Gaza y ellos ya se habían acostumbrado a las bombas y las muertes; a uno de mis compañeros le habían matado la hermana hace poco con un disparo en la cabeza, sólo porque salió a comprar. No sé cómo resistían eso y luego jugaban con mucho más dolor, pero con muchas más esperanzas", explica.

El equipo de fútbol nació en el año 2002 y el primer director técnico fue el chileno Nicola Hadwa, un entrenador que alguna vez dirigió un equipo de Segunda División en La Serena, pero el equipo luego fue dirigido por el austríaco Alfred Riedl.

Marcelo vio las restricciones, los límites y la falta de libertad. Por todo esto y más, la idea de una liga era impensable.

Recuerda que antes de la selección, el fútbol en Gaza se remitía a "pichangas" amateur. "Para poder entrenar, el lugar más barato era Egipto. Los jugadores, más los preparadores físicos, debían viajar, pero así comenzó un sueño", cuenta.

Allí Piña se dio cuenta que el fútbol, aquel deporte que alguna vez encontró tan superficial, para los jugadores palestinos tenía un sentido visceral, épico. En esas canchas se libraba una guerra por la libertad.

El primer partido oficial se jugó en 2004 en Qatar, contra Taiwán. El resultado lo reflejó todo: ganaron 8-0 frente al equipo oriental.

Para que los jugadores lograran mantenerse aglutinados tuvieron que entrenar en Ismailía, un pueblo pegado al canal de Suez. El entrenamiento era el doble de lo normal; también las ganas de jugar, pero el sufrimiento se convertía en "ñeque". "Siempre me pareció que del conflicto palestino-israelí, los palestinos sacaban la peor parte, pero allí en Gaza, te das cuenta que las bombas y las ametralladoras son un abuso, una opresión constante. Un día que estaba grabando me di cuenta de que me apuntaban a lo lejos, directo a la cabeza, la muerte se respira, un día se acaba alguien te mata y a nadie le importa", explica.

Marcelo aclara que desde que chocó de frente con la crudeza del conflicto, vio y olfateó el hacinamiento en Gaza, un millón y medio de habitantes cercados por el ejército israelí. Algo perfora la conciencia y nunca se vuelve a ser el mismo. Recuerda que una vez vio morir a una familia aplastada por una montaña de excremento cuando reventaron unas cañerías en la noche, mientras todos dormían. Porque en Gaza no hay nada, ni cañerías que resistan, ni espacio, ni agua, ni luz. A veces, sólo queda esperar la muerte.

Piña reconoce que los árabes son tan hospitalarios como los latinos, pero hay algo que delata su sufrimiento: su mirada. Recuerda que nunca vio una mirada tan seca como la que se refleja en Gaza. "A pesar de la bondad, sus ojos los delatan, se han hecho duros, firmes, pero seguirán luchando", aclara.

La semana pasada, el fútbol palestino recibió un golpe. Los bombardeos israelíes asesinaron a tres futbolistas. Ayman Alkurd y Shadi Sbakhe murieron en sus casas; Wajeh Moshtahe, centrocampista de 24 años y llamado a ser la gran figura del fútbol palestino, murió en la calle, mientras se dirigía a su domicilio.

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