
Por las venas de este administrador gastronómico corre sangre argentina y chilena. Su parte chilota -herencia de su madre- hace un diagnóstico del país: "Chile está enfermo de mala onda y negatividad colectiva". Está comprometido hace cinco años con la madre de su hijo, Lucas Manuel, el motivo de su felicidad constante. Es trabajólico y perfeccionista, fanático del gimnasio y de su familia. No conoce sus medidas anatómicas, pero asegura que hasta el momento "nadie se ha quejado".