
Domingo 18 de enero de 2009
►"Calicalabozo". Andrés Caicedo. Bogotá: Norma. 2004. 158 páginas.
►"Av. 10 de Julio Huamachuco". Nona Fernández. Santiago: Uqbar. 2007. 263 páginas.
►"La Virgen de los Sicarios". Fernando Vallejo. Alfaguara: Bogotá: 1998.
Avanzo. Me gusta caminar por la ciudad, pero también me gusta leerla. Tanto al momento de recorrerla como al de reconocerla en ciertas novelas. Latinoamérica se deja leer bien en los libros: a veces violenta, a veces pobre y nefasta. Así, las ciudades se habitan y son el escenario donde los personajes viven o padecen su cotidianidad. Todas cunas del día a día. Acá apunto una mínima muestra.
Cali y Medellín. La primera desde un epígrafe de Andrés Caicedo que abre "Calicalabozo": "Maldita sea, Cali es una ciudad que espera, pero no le abre las puertas a los desesperados". Caicedo anuncia su odio hacia la ciudad y repasa Cali como una ciudad extraña: "Por ser Cali y por ser extraña, y por ser a pesar de todo una ciudad ramera". De Caicedo emana un hastío constante que se posiciona en tensión con su entorno. La segunda, El "Medallo" violento de Fernando Vallejo, de "La Virgen de los sicarios", ronda la imagen sincera, hastiada y ácida de su protagonista: "Un tumulto llegaba los martes a Sabaneta de todos los barrios y rumbos de Medellín adonde la Virgen a rogar, a pedir, a pedir, a pedir que es lo que mejor saben hacer los pobres amén de parir hijos". Vallejo sabe habitar esa ciudad. Reconocerla en sus rasgos identitarios cotidianos y odiarla en su violencia.
La Habana. En "El Rey de La Habana", el cubano Pedro Juan Gutiérrez presenta a su protagonista, Reinaldo, con un crudo realismo citadino como telón de fondo. Rey escapa de la cárcel de menores tras tres años de reclusión. El ahora representa una ciudad diferente a la del pasado: "Decidió cruzar la bahía y llegar a su casa. En tres años y pico había cambiado mucho". La Habana de Gutiérrez es una ciudad habitada por personajes perdedores y marginales. Según Rey: "El pobre en un país pobre sólo puede esperar a que el tiempo pase y llegue su hora". Esto último pone de manifiesto cierta convergencia temática a partir de lo expuesto anteriormente por Vallejo.
Lima. "Desde la puerta de 'La Crónica' Santiago mira la avenida Tacna sin amor: automóviles, edificios desiguales y descoloridos, esqueletos de avisos luminosos flotando en la neblina, el mediodía gris. ¿En qué momento se había jodido el Perú?". Una cita a Vargas Llosa, primeras líneas de "
Conversación en la Catedral", donde pone de manifiesto la crisis del protagonista con su entorno que lo lleva a la pregunta por la crisis de su país. En "La ciudad y los perros" la ciudad es el lugar de la iniciación de los personajes y el telón de fondo de la escuela donde se forman.
Santiago. Mucho que decir. Heredia, alter ego de Ramón Díaz Eterovic, es uno de los personajes literarios de los últimos veinte años que mejor habita, transita y muestra la ciudad. "Av. 10 de Julio Huamachuco" de Nona Fernández como años antes su novela "Mapocho" intenta mostrar dos facetas de la ciudad. Una como imagen del derrumbe constante de casas y sus historias en pos del progreso inmobiliario; otra como fragmento de un todo, una calle: "Trece cuadras y media destinadas a entregar un repuesto tan bueno como la pieza que se perdió". Carlos Franz, en un acertado ensayo, revisa y recorre, y sin querer abarca un todo, el Santiago literario e imaginario en "La muralla enterrada": La Chimba, el Centro, los barrios Estación Central y Matadero, la Ciudad de los Césares la Alameda, el cerro Santa Lucía, el Parque O'Higgins , y el jardín del bar
rio alto. Para Franz, la "potencia de la urbe como tema social y literario" radica "en lo inagotable y los inabarcable del fenómeno". Desde aquí se recorre y se imagina. Se lee y se transita.
Algunos cruces desde la literatura al cine muestran el Medellín de "La Virgen de los sicarios" de Barbet Schroeder; Santiago-Lima de "Tinta Roja", de Alberto Fuguet, llevada al cine por Francisco Lombardi; Lima de "La ciudad y los perros", de Vargas Llosa y filmada también por Lombardi; las favelas de Río de Janeiro de "Ciudad de Dios", de Paulo Lins, filmada por Fernando Meirelles. Sin dejar de lado el cine: el DF mexicano de "Amores perros", de González Iñarritu; el Buenos Aires marginal de "Un oso rojo", de Adrián Caetano. Para Santiago, tres películas para habitarla: "Largo viaje", de Patricio Kaulen, "Caluga o menta", de Gonzalo Justiniano, y "Play", de Alicia Scherson: títulos cinematográficos y literarios sobre Santiago que demuestran la imposibilidad de abandonarlo.
Sería interesante realizar una cartografía gigante con la literatura y del cine que ha dibujado esta Ciudamérica. Me detengo.