
Domingo 18 de enero de 2009
¿Viste un miau? le pregunta tiernamente Ingrid a la pequeña y rubia Emilia . Su pequeña hija de un año y medio escarba entre las pilchas y libros hippies de Artesanías Pochy en Avenida Suecia 2997 donde compra su comida favorita del verano. ¿Viste un miau? le pregunta de nuevo . Emilia responde tiernamente con un murmullo que se interrumpe al chocar suavemente con la falda de su mamá. La actriz se refiere a un simpático felino gris que mira serio a la niña: su atención pasa luego a un perrito callejero y después a un pequeño adorno de Winnie The Pooh que usa como un improvisado manubrio para su juego cuando nos subimos al auto de Ingrid en dirección a su casa. Ya compró todo lo que quería en esta económica picada de artesanías y platos de paso.
"Somos como Marge y Maggie Simpson", bromea Ingrid sobre la relación que tiene con su hija, antes de conducirnos a su hermoso departamento donde se desatan sus miles de preocupaciones maternales.
Su ajetreo no cambia. De todos modos dice ser la mujer más feliz del mundo. Por fin cumplió sus viejos sueños: consolidarse con su esposo el modelo Leo Scheinffelt , ser mamá, tener departamento propio y proyectarse como la dueña de un futuro restaurante que se llamará "Llena Eres de Gracia".
¿Cómo ha sido esto de convertirse en la mujer más feliz del mundo?
No es un trance así ¡plum! Fue largo. Un proceso. No profesionalmente. Es en la vida privada donde me siento súper desarrollada. Tengo todo lo que quiero: mi hija, mi marido, mi casa y mis perros. Soy súper casera. Me gusta regalonear, me gusta mucho la comida, la cosa íntima.
¿Qué te gusta cocinar? Ustedes tienes que cuidar la línea por sus trabajos.
Yo soy súper sibarita y no me cuido mucho. El Leo sí. Hace mucho deporte. Me encanta cocinarle. Le hago un risotto de chorito que me salva de cualquier pelea (risas). Todo lo que es marisco y pescado lo cocino perfecto, como buena antofagastina. Pero igual hago de todo. Vivo sola desde los 18, así que me manejo.
Mirando para atrás, ¿cómo ves la pasada vida loca?
Cuando armé mi familia me di cuenta que lo demás son relaciones que te hacen madurar y que son lindas. Otras no han sido tanto; hay minutos en que una hace sufrir a alguien o te hacen sufrir a ti, pero nada se compara con la vida de amor que llevo hoy. No puedo más.
En un momento te separaste de tu familia. ¿Qué pasó cuando nació tu hija, te reencontraste más con tus padres?
Es una peregrinación larga. Tiene que ver con buscar tus límites y raíces. Con mi madre tengo una súper buena relación, vino acá para mi parto y la pasó increíble porque la Emilia es la única nieta. Mi papá falleció cuando yo estaba embarazada.
¿Es como tu cable a tierra?
No. Mi marido es mi cable a tierra, aunque él es más loco. Nos llevamos bien. Gozamos mucho juntos, por ejemplo, en la cocina. Para mí es un placer y él ha aprendido conmigo. De hecho, estamos haciendo un restaurante que va a tener harta onda. Va a ser súper íntimo, de buen diálogo, buena mesa, buena música y copita de vino. Mi marido está abocado al diseño del lugar y nuestros socios, que son chef, a la buena mesa. Yo soy la que menos participa.
Pero tú eres el rostro.
Pero qué importa eso. Me carga el monilleo, aunque uno siempre usufructúa en todo sentido. Es súper bipolar todo. Yo creo que todos les sacamos provecho a las pegas que tenemos, aunque pienso que uno va a los restaurantes no porque el dueño es taquilla si no porque la comida es rica.