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  Se instalan las ecoaldeas en Chile

  Se instalan las ecoaldeas en Chile

  Cansados del consumismo y el estrés dejaron la ciudad para construir una sociedad donde prime la familia, el cuidado del medio ambiente y la permacultura. Parece un retorno al pasado. Ellos creen que sin cambio de hábitos, no habrá futuro posible.

Miércoles 21 de enero de 2009


Héctor, su esposa y sus cuatro hijos, viven en una casa de dos pisos hecha de barro, madera y muros que tienen en su interior botellas y bolsas plásticas que sirven como aislantes. Comen hortalizas de una huerta construida en forma de espiral, ya que así aprovechan las relaciones simbióticas de las plantas y se evitan los fertilizantes. También, tienen un gallinero móvil que les permite fertilizar distintas partes de su terreno, y un baño seco, que aseguran no libera olores, ni atrae moscas y que después de un proceso de varios meses, les permite usar las heces como fertilizante para los árboles.

Su opción de vida no es en solitario. En el mismo predio conviven con una familia amiga, con la que formaron la ecoaldea Maiwe. Una de las 20 comunidades similares instaladas en Chile y cuyos propietarios pretenden demostrar que es posible llevar una vida sin consumismo ni devastación del medio ambiente.

En el mundo ya son miles. De hecho, todo partió en los '60 con los hippies, pero evolucionó cuando en los '70, Bill Mollison y David Holmgren publicaron "Permaculture One". El libro que le da soporte teórico y soluciones prácticas a la vida en comunidades ecológicas.

En los noventa, un grupo de personas de todo el mundo definió estrategias para la difusión de esta práctica, organizándose en una red mundial denominada GEN (Global Ecovillage Network), y hoy son todo un movimiento que predican con el ejemplo.

La casa en la pradera

Héctor había dejado su trabajo como profesor universitario y paralelamente se había acercado a la meditación. Cuenta que muchos caminos lo llevaron al mismo lugar: Águila Sur, a sólo 45 minutos de Santiago en la comuna de Paine.

Allí instaló su casa, sumó a una familia amiga y partió la comunidad. Más numerosa es la ecoaldea El Manzano, de Cabrero, donde viven cinco familias. No se congregaron intencionalmente en el lugar, pero se organizan para producir alimentos orgánicos.

Francisco Oyarzún, que participó en el último encuentro nacional de Ecoaldeas, efectuado en octubre de 2008 en la comuna de María Pinto, dice que "el mayor temor es que los confundan con una secta". Algo que definidamente no son. "Cada comunidad es autónoma, no se sigue a ningún gurú, se rechazan los fundamentalismos y se tolera todo tipo de creencias siempre que estas respeten la vida", argumenta.

Además no son cerrados. El Manzano, tiene una ecoescuela donde dictan talleres de permacultura, ecología y reciclaje, abiertos a la comunidad. Al igual que Eluwn, aldea ubicada en Loyca, cerca de Melipilla, que según Gustavo Lerner -uno de sus miembros- durante el año reciben a 400 personas.

Al contrario de lo que podría pensarse, no rechazan la tecnología. "Lo importante es no ser esclavos de ella", asegura Gustavo. En Maiwe aún poseen luz eléctrica, página web y llegan a su hogar en auto. Como muchas otras comunidades aspiran a ser completamente autosustentables, como la ecoaldea Argentina Gaia, que se abastece de energía solar y eólica.

Permacultura, la clave

La clave de toda ecoaldea es la permacultura, una forma de diseño de comunidad que imita los patrones de la naturaleza, aprovecha los recursos locales y propone un tipo de organización horizontal (ver dato). En cuanto a la salud, promueven el yoga y uso de medicinas alternativas, pero no descartan la tradicional en caso de enfermedades graves. Para la enseñanza tampoco hay una formula rígida. Se recomienda educación en casa, pero Héctor por ejemplo, envía a sus hijos a una escuela rural. Y, ya que él y su esposa son profesores, no descartan en el futuro crear su propia ecoescuela.

Aunque saben que vivir en una ecoaldea no es para todos, quieren que se masifique. Por eso Oriana Villaroel, integrante del Instituto Chileno de Permacultura, prefirió quedarse en Santiago. Cree que aún falta mucha conciencia por sembrar en la ciudad. De hecho, no tienen miedo a que aparezcan megacomunidades. "Por lo que observa en la naturaleza los ecosistemas más grandes son los más autosustentables".

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