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  "Para algunos, que los trabajadores ganen un poquito más es un sacrilegio"

  "Para algunos, que los trabajadores ganen un poquito más es un sacrilegio"

  El ahora postulante al Congreso, que aún no define si irá como senador por la Tercera o Séptima Región o una diputación por Puente Alto, su comuna de origen, se declara cesante. A diferencia de su sucesora, considera buena la ley de semana corrida y asegura que a algunos empresarios se les debió destapar la nariz cuando dejó la cartera.

Domingo 25 de enero de 2009


Cuesta no decirle ministro al ciudadano Osvaldo Andrade. La fuerza de la costumbre se impone, aunque mientras avanza esta entrevista, es más fácil llamarlo sólo por su nombre.

La semana pasada, tras la entrada en vigencia de la Ley 20.281, que iguala el sueldo base con el ingreso mínimo y que contiene el cálculo de la semana corrida, la actual jefa de cartera, Claudia Serrano, sostuvo en "El Mercurio" que no le gustó cómo quedó la norma en algunos puntos, endilgando la responsabilidad del desacierto a los legisladores y al propio ministerio. La crítica golpeó de lleno a Andrade, quien como jefe de cartera encabezó la discusión parlamentaria de la polémica ley aprobada el pasado 21 de julio. Con mesura, el ahora postulante al Congreso, aclara que no comparte los dichos de su sucesora, pues no se siente parte de una equivocación. Incluso considera que decir que los parlamentarios al aprobar la norma cometieron un desacierto "es una falta de respeto". Sus críticas también apuntan al empresariado, pues "al parecer, aumentar un poquito los salarios, para ellos constituye un sacrilegio".

-¿Cuál es el principal beneficio de la ley de semana corrida para los trabajadores?
-Son tres: quedó claramente establecido que un trabajador, producto de su jornada laboral, tiene asegurado un ingreso mínimo, con lo cual desapareció el criterio que para llegar a ese mínimo tenía que descrestarse haciendo variables. Además se regularizó una cuestión doctrinaria de que si yo trabajador estoy a su disposición como empleado durante una cierta jornada, por ese sólo hecho, me tiene que pagar y si además logro construir mejores índices, variables y bonos, eso es sobre mi ingreso mínimo. Segundo, se regularizó la situación de la jornada de los trabajadores comisionistas, porque antes nos encontrábamos con la siguiente situación: había trabajadores que aparentemente no tenían jornada y que, sin embargo, tenían descuentos por atraso o tenían que marcar una tarjeta; entonces se estableció un conjunto de presunciones para establecer cómo un cierto núcleo de trabajadores son empleados con jornada.
Y tercero, regularizamos la situación de la semana corrida y el pago del séptimo día. Como producto del ajuste que significa que había trabajadores que tenían una remuneración diaria asociada a desempeño individual, que ahora debían ajustarse porque tendrían un sueldo base no inferior al mínimo, establecimos que a ningún trabajador, por efecto de ese ajuste, podía disminuírsele su remuneración. En consecuencia, terminamos con el abuso y frescura que significaba tener sueldo base de mil pesos.

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13 kb-Este aspecto fue rechazado de inmediato por el empresariado.
-Quiero decirle que esta ley nunca le gustó al empresariado. A ellos les gusta la idea que el trabajador tenga un sueldo base muy bajo y que todo lo demás sea materia de bonos o productividad. Ahí partió mal esto, lo dijeron de distintas maneras, pero nunca les gustó. En consecuencia, en el tema del séptimo día, siempre dije como ministro: "Mire, esta es una ley que posee amplio acuerdo y aquellas cosas que haya que precisar de sus sentidos y alcances, puede ser materia de dictámenes de la Dirección del Trabajo". En eso no estuvimos de acuerdo con la derecha y el empresariado, que exigieron que debía haber una ley rectificatoria o interpretativa. Para mí las facultades de la Dirección del Trabajo eran suficientes, porque no se podía cambiar el sentido de la ley, pero sí precisar a través de resoluciones. Felizmente así ha sucedido, lo que me deja conforme, pues se operó con la doctrina correcta. Así, la ley tal cual está, más las precisiones de la Dirección, creo que dan un amplio marco que tiene que cumplirse.

-O sea, ¿a usted le gusta la ley a diferencia de la ministra del Trabajo Claudia Serrano?
-Entiendo que ella señaló un aspecto de la ley vinculado con el tema del séptimo día. En opinión de muchos, entre los cuales ella se encuentra, no quedó bien, pero entiendo que no se refiere a la norma en su integridad, y entiendo que en sus otras partes estamos todos de acuerdo. No lo sé, pero aparentemente es así.

-Sí, pero ella derechamente dice que hubo errores de los legisladores y de la cartera que usted dirigía.
-Mire, yo le tengo más confianza a los colectivos de trabajo que a las opiniones individuales y, desde ese punto de vista, me parece muy extraño que todo el mundo se haya equivocado en esto. Por ello, yo no le faltaría el respeto al Parlamento al decir que se equivocaron; veo que se aprobó una ley conscientemente. Respeto la opinión de otros, pero en lo que a mí concierne, no me siento parte de una equivocación para nada.

-¿Y qué dice de la crítica empresarial?
-Me llama la atención en Chile, aunque pareciera ser un problema más allá del país, que cada vez que los trabajadores ganan un poquito más se produce un tremendo escándalo. Algunos han dicho que los salarios de los trabajadores no debieran mejorarse por ley. ¡Bueno, en este país todos los años fijamos el salario mínimo por ley! Después han dicho que en momentos de crisis no es razonable que esto suceda. Entonces ¿cuándo sucede? ¡Nunca! porque cuando hay crisis no es bueno hacerlo y cuando las cosas están bien tampoco. También me preocupa que se instale esta lógica que pareciera ser que los trabajadores que ganen un poquito más constituyen un sacrilegio y aquí lo que se está haciendo es que ganen lo que merecen, lo que hicimos con esta ley y, particularmente en el séptimo día, es terminar con un abuso que tenía más de 20 años.

-¿Coincide con el presidente de la CUT, Arturo Martínez, respecto a que ciertos empresarios están utilizando subterfugios para evitar pagar el séptimo día como en el caso de los temporeros agrícolas o en el retail?
-Hay muchos empresarios a los que no les gusta este tipo de normas por principio. Hay empresarios a los que no les gusta que haya un salario base igual al mínimo o que haya ingreso mínimo derechamente o simplemente que exista regulación laboral. El neoliberalismo tiene una característica muy simple en ese sentido.

-¿Cree que los empresarios respiraron más tranquilos cuando usted dejó la cartera?
-Será que a algunos se les destaparon las narices, pero no me preocupo de eso. Hay algunas opiniones vinculadas a una posición muy neoliberal en ese sentido: que la negociación colectiva, la organización laboral y la regulación están de más porque no dejan que el mercado fluya con toda propiedad. Yo tengo una opinión distinta y pareciera ser que la crisis ha demostrado que se necesita regulación, más organización y más actores para controlar el mercado.

-Usted es basquetbolista, pero hay empresarios que han dicho que les metió un gol de mitad de cancha con la ley de semana corrida.
-Mire. Yo voy a estar siempre detrás de aquello que signifique mejorar las condiciones de los trabajadores. En eso nunca me voy a perder. Tenemos una deuda con ellos, el Gobierno la ha estado pagando y creo que en el tema de esta ley hemos cancelado parte de ella, por eso es que estoy muy contento que exista.

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