
Viernes 30 de enero de 2009
La paulatina ola de despidos en diversos sectores de la economía chilena ha puesto ya en estado de alerta al Gobierno para proporcionar soluciones que tiendan a paliar este panorama. Esta vez el desempleo tiene su origen en la crisis económica externa, que ha hecho caer el precio de nuestras exportaciones, ha encarecido el crédito y, por lo tanto, ha hecho menos viable una serie de proyectos.
No obstante, en los últimos días se ha advertido una sobrerreacción de sectores empresariales que está afectando principalmente a los rubros de la construcción y de la minería. Por otro lado, también ha quedado a la vista la exagerada cautela con que está actuando la banca al momento de conceder créditos, lo que está dejando sin capital de trabajo a muchas pequeñas y medianas empresas. En paralelo se están conociendo los resultados de las principales sociedades anónimas del país y prácticamente todas ellas arrojan utilidades, por lo que no se advierte que la crisis esté ya afectando a los propietarios de las grandes empresas.
Recurrir a los despidos masivos de empleados como una fórmula preventiva ante la probabilidad de una disminución de ingresos, o aumentar las restricciones para la entrega de créditos ante la eventualidad de que las empresas no sirvan sus deudas, puede convertirse en una profecía autocumplida. El empresariado deberá asumir su responsabilidad ante el país si aprovecha la crisis para aumentar sus utilidades por la vía de incrementar su productividad despidiendo trabajadores.
Los despidos deben ser la última opción si es que efectivamente los ingresos de las empresas disminuyen. De otra manera se creará una espiral de menos empleo y menos demanda agregada que es difícil de revertir. Parece en cambio razonable que empresas y personas tengan una actitud cautelosa en sus gastos, justamente para evitar que el bien que se vea afectado sea el trabajo. Siempre habrá algún gasto que se puede recortar antes de afectar el empleo.
El Estado, entretanto, sigue adelante con un completo plan que apunta tanto a crear puestos de trabajo (especialmente en obras de infraestructura) como a mitigar los efectos de quedarse sin empleo, como es el caso de la ampliación de la cobertura del Seguro de Cesantía. De la misma manera el Gobierno ha apuntado a facilitar la entrega de crédito a las pequeñas y medianas empresas a través de BancoEstado. La institución financiera debe dar el ejemplo a la banca privada y flexibilizar los criterios de entrega de préstamos para asegurar la continuidad de giro de las unidades productivas.
Lograr crecimiento económico este año -está contemplado que el Producto Interno Bruto crezca 2%- no será una tarea fácil, pero es posible si empresarios, trabajadores y Estado efectúan un esfuerzo equitativo para enfrentar el difícil panorama económico mundial. Sólo en Estados Unidos se perderán 500 mil empleos mensuales en los primeros tres meses del año.